Una importante empresa sueca dedicada a la venta de muebles es propietaria de un terreno de selva vírgen cuya extensión supera la superficie de España, Inglaterra, Holanda y Suecia juntos. Es perverso entregarle al asesino una víctima inocente e indefensa. Como el grado de perversión excede en su resultado tortuoso cualquier ser sintiente del dolor sería capaz de sorportar, se trata de perversión demoniaca, es decir “de”-en su significado de restar/”mon”-en su significado de mundo, y el sufijo como ayuda a crear un adjetivo del sustantivo “demonio”- en su significado de “Yo-soy-un-fuera-de-este-mundo”, “I-am-an-out-of-this-world”.

Tan solo alguien fuera del hogar al que amamos, podría soportar o claramente desear tanta perversión. Tan solo quien no lleva trozos de la naturaleza de los cuales se compone, tan solo quien no tuviera la más mínima parte de lo que es de aquí, de este nuestro mundo… tan solo alguien totalmente desprovisto de lazo o conexión podría castigar, mermar, torturar, diezmar, y subyugar de esa forma o de cualquier forma.

Cualquiera que desempeña un cargo de gobierno, sea cual sea el cargo y la persona, sea cual sea su descendencia, su brillo o inteligencia, y habiendo realizado actos de gran popularidad o no… cualquiera de esos también son demonios, porque no sienten el más mínimo freno al iniciar, mantener y finalizar su carrera. Ningún ser de este mundo jamás se pondría a gobernar a absolutamente nadie. El vampirismo no es de este mundo, porque en este mundo vivimos todos de todos, y antes del sol, del nefasto y vírico sol, eramos capaces de vivir sin comernos a nadie, ni siquiera a nosotros mismos. Instalar ese vampirismo en forma de seres que gobiernan, mandan, ordenan y subyugan a sus iguales o diferentes, es de mano demoniaca, lleva la firma y el sello de tan tortuosos formatos de cohecho, corrupción y dictadura que desemboca en una cúpula creada a base de injusticia, persecucción, tortura, asesinato y destrucción, que sangra constantemente sobre las bases que la componen. Cualquiera que desempeña un cargo político se baña voluntariamente y lleno de dicha en un mar de sangre. Solamente demonios pueden hacer eso sin entrar en espasmódico vómito, como lo hace cualquiera de nosotros, de nosotros de aquí, de ese mundo, y no de fuera.

Cualquier locura, idolatrización, fe religiosa o científica, orden moral, militar o policial, jueces y fiscales, estados cerebrales de desconexión momentánea o prolongada, escuelas, profesores, maestros, gurús, y líderes de cualquier cosa o expresión, o idea, o formato certifican que son cosas que no son de este mundo. La locura es la mejor de esas cosas, porque demuestra que ocupar un cuerpo desde fuera de este mundo es visible, es notable, no puede en absoluto enmascararse y que es una chapuza tras otra. Quienes padecen locura, en realidad muestran al mundo como no dejan al demonio llevarse todo, y así lo anulan, lo muestran en su lucha por el dominio, se refugian en la enfermedad para mantenerlo a raya. Esa locura no es otra que intento fallido tras otro de demonios que se quedaron atrapados entre fuera de este mundo y este mundo.

Cualquiera que suene a subnormal, entre ligero a profundo, y quien con la prueba de ojos cerrados no ha pasado de ser imaginado como un cromagnón gutural, muestra lo terriblemente chapuceros que son los de fuera de este mundo. El virus es prácticamente imbécil. Si no colaboramos entregándonos a el, a el no le quedan más que gritos de fuera de este mundo, sonidos guturales y gorjeos monosilábicos.. Todo ese lenguaje es más que suficiente para que se comuniquen entre ellos, dejando al descubierto ese lenguaje demoniaco, abusando de nuestras cuerdas vocales exquisitas, nuestras bocas perfectas. Otros tantos de nosotros, de aquí de este mundo, que no colaboran con el demonio, que no participan, que se las tiene que apañar el o ella misma, desembocando en mostrar seres sin sentido, sentimiento o la más mínima conexión con esta maravilla de mundo.

Suenan las campanas para el virus en cualquiera de sus facetas y máscaras. La perversión no tiene lugar en este, nuestro mundo. Ningún virus lo tiene aquí. El exorcismo no es más que una tomadura de pelo y salida para el demonio para buscarse otra víctima que no sea tan rebelde.

No, nosotros no practicamos el exorcismo.

No echamos a nadie de nosotros de nuestro mundo. Si no es de nuestro mundo, no sabemos dónde enviarlo. Nuestro mundo es suficientemente grande y nuestras pretensiones suficientemente pequeñas para que nos parezca suficiente.

Será la Nada misma, la que se hará cargo de sus demonios vapuleados.  Sólo ella puede ser tan perversa que le encantará engullir a sus propios hijos.

Y después sellaremos la piel que el propio sol nos provocó.

Nuestro mundo es suficiente. Y solamente nosotros vamos a saber que existe.