Muy buenas!

-No me importa equivocarme. Lo que me importa es un mundo como el que tenemos debajo de nuestros pies, demasiado pocas veces descalzos sintiendo la naturaleza conectarse directamente.

-Si me equivoco, lo admito. Claramente. Si he dicho algo que probadamente ha sido una locura, y nada más, voy y dejo constancia públicamente si fuese necesario que he hecho el idiota.

– Tengo 50 años. Eso pesa a mi favor y en mi contra. Tenédlo en cuenta.

– El español lo aprendí… en la calle. Nunca tuve ocasión de estudiarlo regladamente. Si suena raro, es porque lo uso de una forma personalizada y particular. Mi peor parte es declaradamente el uso totalmente equivocado de determinados tiempos verbales, artículos, acentos y paro de contar, que tampoco es para tanto. Así que, cuidado, que mi español no es tan bueno como para decir exactamente lo que quiero decir. De aquí 5.000 años prometo escuchar, hablar y escribirlo perfectamente.

– Estoy tranquilo, pero nervioso. En paz y al mismo tiempo harto. Pacífico y … Atlántico. Se llama la gran fricción, y aparte de neurosis y esquizofrenía, conviene comprender que son precisamente esos los momentos más lúcidos posibles, y las de mayor avance en la psique. La contrapartida es pasar por un infierno. Siento si mis momentos más lúcidos posibles no iluminarán más de lo que se podía esperar de un ser humano, pero doy de mi todo lo que puedo.

– No tengo enemigos. Leí de un sabio unas palabras sobre los enemigos, y desde entonces no tengo enemigos. Hay personas que creen que soy un peligro, una amenaza o un problema. Creen que soy su enemigo. Durante años he intentado ablandarles en esa creencia, pero he comprendido que así les soy más útil en su propia evolución espiritual. Para que cambiar los designios del cosmos, cuando comprendiéndolos se abren todas las puertas de los cambios automáticamente.

– No quiero ser rico. Leí de un sabio (otro) unas palabras sobre la riqueza material, y desde entonces sobrevivo con lo justo, a veces un poco más, a veces un mucho menos. He tenido ocasión de trabajar en lugares dónde las cifras eran incomprensibles. Sé a ciencia cierta que dónde uno gana, miles han de ser los que pagan y pierdan. No me molestan las personas que tienen riquezas, incluso no si los han acumulado como sólo es posible para hacerse rico. Los evito, porque mi experiencia me ha enseñado que enseguida quieren contratarme. Como me niego desde los 30 aproximadamente a formar parte de sus proyectos, es mejor evitarlos que tener que decirles que No. Cómo creen que lo pueden comprar todo, se enfadan demasiado al constatar que un No puede, milagrosamente, ser un No.

– Me gusta gestionar. Creo en la gestión emotiva o emocional, la gestión que hoy por hoy se llamaría algo como “gestión irracional basado en instintos y conexiones no probadas a otras dimensiones o niveles”.  Un proyecto mío siempre es un caos dónde se presenta. Aún así, los presento. Es interesante constatar que en los últimos meses mis proyectos empiezan a tener resonancia, incluso aceptación. Todos, sin excepción alguna, están basadas en lo que siento, y ninguno trabajo por debajo de 50 años vista. Algunos superan los 500 años de desarrollo. Creo que ninguno se realizará del todo, puede que sólo un número mínimo de forma parcial. Sé que de todas formas no serán proyectos muy distintos los que finalmente se instalarán en nuestra humanidad.

– Mis comentarios no son programados. Si escribo algo, quizá lo leo una vez después de terminar, y enseguida lo publico. Eso produce errores que luego deberían hacerme avergonzar. Pues eso, me avergüenzo de lo que he dicho, pero lo dejo puesto, tachándolo con claridad.

Espero que con estos apuntes nos comprenderemos mejor. Sé que tú, que lo estás leyendo, pondrás todo de tu parte para que así sea, incluso a sabiendas que yo no estoy, ni de lejos, a tu nivel. Cómo sé que eso ocurre muy a menudo, eso de que alguien me soporta porque sabe que a pesar de lo torpe que soy vale la pena soportarme, por eso te doy ya las gracias, aunque quizá nunca nos conozcamos físicamente.

Atentamente,

Miguel Furlock