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Hoy, (ni siquiera sé la fecha y he de mirar… y no la sé porque la guerra era mi único foco, my one and only focus), pues hoy 4 de mayo de (no me lo puedo creer, ¿estamos en el 2018????????)… bueno, volvemos a empezar.

 

Hoy, 4 de mayo del 2018 tengo la enorme responsabilidad de ser quien anuncia el fin de la guerra. Sobre mis doloridos hombros llevo el cartel que dice que la guerra ha terminado.

Acabo de despertar, es decir me siento como quien despierta y se da cuenta que ha dormido diez horas más de lo normal, o varios días… pero son más de … ni siquiera sé mi edad de memoria, ni siquiera eso…

Son más de 49 años, porque sin duda alguna recuerdo el fin de mi forma de ser, de mi infancia. Recuerdo el momento con total exactitud. A los siete. Luego no … recuerdo nada hasta hoy.

Ya, ya lo sé. Sí que recuerdo muchas cosas, pero todas ellas son como una fotografía semi-desvanecida, alguna que otra en color, pero difusa. Son 49 años en los que he luchado en la guerra, desde los siete… aquel día de los siete en el que me dí cuenta que el mundo iba mal, pero que muy muy mal. Sé eso, pero no sé como fue que yo tomara la decisión de dejar la infancia y no sé como fue capaz entonces de tomar la decisión de luchar. Sé que la tomé, porque los 49 años de servicio han sido sin un solo segundo que no fuese entregado en cuerpo, en alma, en mente y en vida a luchar en la guerra.

Aprendí a olvidar. Primero cosas sin importancia, luego cosas más importantes, luego conocidos, luego amigos lejanos, luego amigos cercanos, luego a mi familia, más tarde a la que hice crecer, y si no fuese porque hoy terminó la guerra, yo diría que lo poco que dejé intacto para no olvidarme completamente de mi, debe de ser algo muy importante, la esencia misma mía. Porque eso es lo que queda de mi después de 49 años de hacer parecer al economista Pareto un principiante en cuanto a la comprensión de lo que su regla realmente puede llegar a significar, o para citar el término de la curva de indiferencia, dejándola desprovista de elección alguna para poder abarcarlo todo.

He despertado, porque la guerra ha terminado. No podré volver a ningún lugar, ni hacer que el tiempo retroceda. Mi ahora es tan nuevo, y al mismo tiempo tan conocido que el fin de la guerra es mi despertar… y todo lo demás me es desconocido en estos primeros pasos fuera de la batalla que finalizó.

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No hay ganadores, simplemente no pudieron ganar y nosotros no quisimos ganar porque sabíamos que con ganar, perderíamos todo y no volveríamos jamás a despertar. Eso último en muchos más sentidos de lo que quiera relatar ahora.

Pasará aún un tiempo de caóticas situaciones, pero no van a tener más fuelle. Se cansarán ellas mismas, se convertirán en caricaturas, en ridículas… y aparecerá la cotidianeidad de la tranquilidad, del sosiego y de vidas plenas recuperando sus mundos propios.

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El 2018. No me lo puedo creer.