Como pudisteis ver en el primer comentario de esta entrada, obré una especie de milagro x 14 al curar a mis queridos amigos del VIH / leucemia. Yo, la verdad, he sido el primer sorprendido y hasta hace poco no tuve agallas para confiar plenamente en el proceso o resultado. De hecho, sigue habiendo en mi ese resquemor de temor anticipado, aunque tiene claramente los días contados. Han sido las últimas 48 a 72  horas que me han explicado con total claridad e inevitable fuerza como funcionó. Os sorprenderá hasta cierto punto.

Lo que no os conté fue que, mientras estaba curando a mis amiguitos yo me encontré con un picor en la espalda. Estaba en un lugar inaccesible por las manos, así que hice lo de siempre, es decir buscarme un objeto para rascarme. Al mirarlo, le encontré como fibras negras y pensé que ya era hora de pegarme un baño profundo. No obstante, antes de hacerme ese bañito, me dió por intentar ver esa parte en el espejo, usando otro espejito para poder contemplar mi espalda por completo. Lo que ví me hizo bajar toda la sangre a los pies y me dejó sin aliento.

En el hospital me enviaron directamente a oncología, y la doctora no tardó ni cinco segundos en decirme que ya me podía poner la ropa de nuevo. Me explicó que tenía un melanoma o cáncer de piel del tipo más agresivo, y que quería ingresarme enseguida para prácticamente vaciarme media espalda.

 

 

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Yo ya lo había comprendido al verme esa mancha del tamaño de un plato de taza de café. Negra, asquerosa, violenta… en fin. Quise estar seguro, simplemente. Así que me negué a ser operado o tratado, lo que me costó diez minutos de reprimiendas por parte de la médico y la firma de un documento que aseguraba que yo me había negado al tratamiento aunque fuese informado perfectamente de la gravedad. La doctora no me daba más que 3 semanas antes de que las células cancerígenas alcanzaran el pulmón, si no lo habían hecho ya.

Me fui para casa y me inyecté en tres días 600 dosis (seiscientas) de la mezcla, a la misma potencia como lo estaba haciendo entonces con mis amiguitos. Adicionalmente bebí unos dos litros diarios de la mezcla y apliqué durante tres días lavados con la mezcla impregnando las telas. Seguí trabajando en curar a mis amiguitos, fue a dar las clases, y no varié para nada mi ritmo infernal contra reloj para salvarlos. De hecho, me daba igual esa mierda en mi espalda y cuerpo, ya que no iba a evitar que yo estuviera a lado de mis amiguitos quienes no podían ponerse en pié y que yacían en sus camitas totalmente dependientes de que los lavara, medicara, alimentara y motivara.

El cuarto día volví a mirarme la espalda, y la mancha había pasado de un negro asqueroso a un gris-ambar asqueroso, algo más opaco. El quinto día pasó de ese gris asqueroso a un beige-gris como pustulento, y a los nueve días no quedaba más que piel transparente, como de papel, un tono blanco-piel. A los 15 días volví al hospital, volví a ver la doctora que asintió al verme entrar como para decir que finalmente había yo tomado la decisión correcta… pero cuando le mostré la espalda se quedó boquiabierta. A su “¿pero cómo…???” le apunté la fórmula, las dosis y demás, le deseé un buen día y me largué.

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Hace unas tres semanas, algunos de mis amiguitos comenzaron a mostrar síntomas claros de cistitis, o infección de las vías urinarias. El tratamiento en estos casos suele ser subir el ph un poquito, antiinflamatorios y antibióticos. Mi mezcla no surtía efecto, y lo acechaba principalmente a que no influía en el ph de la urina lo suficiente para ser una cura también para esos casos. El gas simplemente no podía llegar hasta el fin del trayecto. Opté por tanto por antiinflamatorios y antibióticos, pero después de diez días no se apreciaba mejoría e incluso tuve que ingresar a uno de los amigos en la clínica veterinaria, dónde le sondaron para sacar toda la pus, sangre y urina acumulada.

Me extrañó eso. Pensé que quizá el tratamiento anterior de la mezcla contra el VIH les había debilitado, o que quizá la mezcla tuviese parcialmente que ver en la resistencia bacteriana. Tuve más ideas y ocurrencias, pero ninguna daba pistas a como darle la vuelta a la situación. Hubo varias semi-curas, luego recaídas, curas y recaidas… y me afiancé en la creencia o deducción creyente de que se trataba principalmente o bien de un problema de alergía alimenticia y/o de una reacción típica de celos. La cura del VIH conllevó un cambio radical en el sistema de mando de mis amiguitos, hizo polvo al sistema social que tenían montado. Era lógico que eso iba a traer problemas de readaptación.

Bueno, hace tres días me comenzó a atacar la cistitis también a mi. En el mismo momento de notarlo, uno de los felinos que no levantaba cola con la suya (cistitis), dejó de tener los síntomas. Hoy, los seis con cistitis están o bien curados, o bien con un grado de molestias mucho menor.

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Lo voy a expresar a partir de aquí sin grandes explicaciones.

  • cuando tuvieron VIH/leucemia, absorbí parcialmente ambos virus y los eliminé ya que ellos no pudieron
  • cuando tuvieron la cistitis y no pudieron con ella, también la absorbí y enseguida mejoraron o se curaron

Hay más indicios de que en ocasiones anteriores pasó lo mismo. Si cuidamos a alguien que puede con la enfermedad o virus, no ocurre. Ocurre sí:

  • el o la paciente no puede físicamente con el virus
  • el o la paciente alberga un virus inmune a tratamientos
  • el tratamiento no puede llegar hasta el virus
  • el o la paciente desea ser curado o confía plenamente en quien le cuida

He hecho un recuento de los últimos 12 meses en cuanto a molestias, enfermedades o malestares que he pasado y me ha conducido a identificar 34 (treinta y cuatro) procesos similares a los dos expuestos más arriba. Los fallos en estas curas de cargarse una parte de la enfermedad o virus sobre mi espalda son precisamente dónde el/la paciente

  • era demasiado salvaje o desconfiado para conmigo
  • no quería ser curado/a por mi
  • yo no confiaba suficientemente en mi
  • algo impidió la conexión
  • ví los síntomas demasiado tarde (esto último… no sé)

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Si ahora recordamos la cifra máxima de 250 individuos que pueden verse sin provocar la aparición de la lista negra,  comienza a entenderse que esa cifra máxima indica también que al menos uno de estos individuos ha de ser quien se carga la mayoría de las afecciones sobre su propia existencia. Me imagino (es decir NO LO SÉ) que cada vez que ese individuo acepta una enfermedad, es un 50% de la fuerza de la enfermedad que queda en el paciente, y por tanto no es suficiente para seguir adelante (ni en el paciente, ni en quien se lleva la otra mitad).

Digo por ahora que al menos tiene que ser uno, pero lógicamente podrían ser más de uno. La pregunta si todos deberían tener esa capacidad es lo que conduce a que seguramente todos la tienen, pero que no hace falta que todos la apliquen. Con uno es suficiente, al menos para 250 de máxima, ya que sólo situaciones de estrés conducirían a un grupo de menos de 250 individuos a parte de la lista negra.

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Hay más, pero por el momento prefiero observar, sentir y analizar. Por ejemplo el tema de los tanques que aprendimos a enviar y recibir. Acertamos. O que actualmente aparte de la cistitis noto síntomas de azúcar en sangre demasiado alto (algún tipo de diabetes-virus) y problemas parciales de hígado. Está claro ahora, y por como los siento, que son enfermedades-virus en alguno de mis amiguitos o amiguitos externos a mi casa o amigos-humanos externos a mi casa. Me he hecho cargo de su problema en parte, ahora simplemente les tiene que llegar el tratamiento adicional para acelerar la mejoría o curación. Etc., etc.

Os quiero,

 

Miguel