Ingredientes para el experimento:

Un lápiz

Un sacapuntas

 

Procedimiento:

Se introduce el lápiz en el sacapuntas y manteniendo la presión SIEMPRE contra la cuchilla, hacemos girar el lápiz para sacar suficiente material cortado para que forme algo más de un círculo completo.

Depositamos el círculo-espiral sobre la mesa. Podemos retirar el sacapuntas. El lápiz… se queda.

 

Jodiendo el adoctrinamiento:

Nos imaginamos vientos tipo tornados. Grandes y pequeños. Miramos de nuevo al conito que hemos sacado con ayuda de la cuchilla del sacapuntas. Levantamos una parte final del conito y se despliega un inicio de espiral. Nuestra cara pasa de mirada intranquila o aburrida a sorprendida. Luego pasa a dubitativa. Luego a entrecerrar ojitos y husmear para oler la trampa. Si torbellinos, tornados y vientos de esa guisa existen, dónde… ¿dónde cojones está el lápiz que los produce?

…y dicen los expertos que son producidos por dos vientos distintos, vientos que vienen de direcciones prácticamente opuestas. Qué bien suena eso, si señor! Una ducha de agua fría, lo justo y normal en nuestro mundo de expertos, que tampoco no saben absolutamente nada, pero tienen caché que defender.

…pero allí está de pié la puñetera lámina, allí espera el lápiz cabroncete, tumbado pero sin gafas de sol. Es listo, es capaz de desprenderse de algo suyo, con un par de vueltas, y hacer pensar que no existe, porque es lo que deja en el camino lo que observamos. El ya no está ahí, es solamente UNA IMPRONTA de su acción pasada.

…no, no, noooo exclaman entonces los expertos, y dicen que es al revés. Son las láminas de los vientos, del aire, que al entrar en contacto de rozamiento, producen freno y giro de partes del aire, y que estos crecen alimentándose de las energías de cada dirección y opuesta. Sonríen ante lo que su imaginación les dicta, complacidos con ver ese roce tan perfecto.

…pero eso no les interesa a nuestra espiral de viruta. Si la aplastamos suavemente (que quiere decir sin que sufra daños), se nos muestra como círculo perfecto, con un círculo vacío perfecto en el centro. Los vientos no nos llegan así, nos llegan con grandes variaciones del tamaño del círculo interior, y eso es porque el impulso inicial ya no mantiene su presencia, y la espiral o cuerpo creado va perdiendo estabilidad por falta de energía, o porque ha atraído suficiente energía como para crecer de forma espontánea. Tarde o temprano colapsará de todas formas, por falta de energía. No son las láminas de vientos oponiéndose y rozando, sino los lápices momentáneamente atrapados en un lugar dónde ya no quedaba espacio.

Es el sacapuntas que ahora exclama que sí, que es verdad, que no hay sitio para otra cosa que para girar para el lápiz. Los vientos son simplemente sacapuntas y mano, atrapando a miles de millones de lápices invisibles durante un breve momento. Luego el lápiz se escapa, ya que no le gusta nada ser consumido tontamente.

Los expertos se callan, porque estadísticamente sería imposible ver espirales convirtiéndose en perfectas. Más bien ha de ser lo contrario, es decir que fue un impulso perfecto que después desemboca en espiral torciéndose. Mierda, exclama uno.

Esos lápices están por todas las partes. Su misión es dejar una impronta. Cuando te conectas a esta existencia, uno de esos lápices dejó su impronta, o mejor dicho, tu impronta.

Los lápices, o al menos lo que crean, se hace visible, si reducimos el espacio del que disfrutan con dos corrientes opuestas. Justo en la línea de rozamiento quedarán atrapados los lápices, para enseguida desvanecerse. Los remolinos son simplemente el resultado de ese breve momento.

Cuidadín de pensar en remolinos que se mantienen en el mismo sitio. Unos, los que producen salidas de agua, es decir agujeros en el suelo marino, de un lago o depósito… no son más que copias de copias de un único pinchazo… el que produjo el agujero. Como no, un lápiz fue.

Otros, los de riachuelos por ejemplo, son constantes, porque el agua choca constantemente, atrapando lápices sin parar, que también se desintegran sin parar. Si se mira de cerca, se puede observar como esos remolinos parecen saltar un poquito en todas direcciones, según la fuerza de la corriente de agua. Pues no. La fuerza de la corriente de agua es parte cambiante, sin duda, pero es dónde atrapa lápices dónde inicia el remolino.

No hemos llegado a prácticamente nada con hacer ver que la materia que vemos y medimos es el camino a la comprensión. Estamos manipulando la materia sin ninguna clave resuelta. En cambio, una visión que presupone algo invisible o no medible… eso crea una corriente opuesta y dónde ambas historias chocan, mogollones de lápices dejarán momentáneamente su impronta, especialmente en este caso en los cerebros que hayan leído hasta aquí.

Sí, eso se llama la jodienda de la indoctrinación. Es dónde recibe acupuntura para que deje de joder.