Jeje, lo interesante de la teoría de la entrada anterior es que funciona. Ya sabes, algo que funciona no empieza a funcionar, sino que descubres que siempre ha funcionado, aunque uno no se haya enterado de ello.

Ya sabes, Papi. Me acuerdo de las clases que me diste sobre perspectiva. Hoy tus dibujos salen en todos los vídeos serios sobre la tierra plana, der flachen Erde. Ahora que compruebo que todo lo vivido siempre ha tenido la teoría funcionando, tus dibujos que se despiertan una y otra vez en mi me muestran que es hora de trabajar juntos. ¿Cuerpos? No necesitamos cuerpos para amar.

En el centro de cada una/o está el centro del universo y de todos los universos. Es en ese punto dónde nacen, o mejor dicho, dónde algún que otro descentrado ha metido todo lo que pudo. La idea de universos es desde luego ridícula. No tienen ninguna necesidad de existencia. No cumplen con absolutamente nada. La idea de un universo o del supercosmos… demuestra su ridiculez porque no hay quien le ponga freno a esa idea, el infinito apareciendo como algo que no puede parar.

En tu centro,  en el mio, y en de algunos amigos más que nos acompañan aquí, ya sean female or male, ya sean humanos o hupatas… no puede quedar nada, y esa es la regla de oro cuando se abre el baúl. Ya te veo con medio cuerpo metido en ese baúl, sacando absolutamente todo lo que encuentran tus brazos removiendo.

En ese centro no puede quedar absolutamente nada. Cualquier presencia, cualquier forma… simplemente es otro hinchado ejemplo del sistema de creencias. Un osito de peluche, una expansión para rellenar el vacío que las mentiras como relleno siempre causan.

Es fácil construir una carretera, y no me refiero al brutal esfuerzo humano y destrucción que eso implica. Lo difícil es no construirla. El negar buscar en la distancia, el comprender que alguien te está diciendo: “Corre, aléjate de ti mismo, déja de ser el centro de tu existencia, amplía tus horizontes para que nunca más sepas volver al punto de partida, a tu hogar, a tu centro.”

Cuando comprendes que la teoría funcionó desde siempre, no queda nada que pueda resistirse a tu mirada, Papi. No hay nada aquí que pueda esconderse. Es como levantar una sabana tras otra en una casa, pero con el detalle de que también lo que cubren desaparece tan pronto que lo ves.

Luego, el centro queda libre, o deberíamos decir mejor, que solo queda cada uno de nosotros en ese centro. Nada más que nosotros. No importa donde estemos, no importa lo que estemos haciendo, no importa si nos movemos o no.

Hay ahora mismo 387 pruebas irrefutables que todo lo que podemos contemplar es un plano, y 4.921 pruebas irrefutables que la tierra no es esférica. Es bueno saberlo, porque nos enseña la punta del iceberg de las mentiras, del montaje, de la construcción ALREDEDOR de nosotros para hacernos CREER que nada está alrededor de nosotros, sino que nosotros somos nada en medio de todo lo inabarcable.  Es bueno saberlo, porque nos lleva a ser el centro de nosotros mismos.

Los milagros son hechos que desafían toda ciencia, y que la dejan en ridículo. Ese es otro formato para cargarse religiones y credos científicos. Un formato que ha de ocurrir en la existencia de cada uno para que funcione, para que sea comprendido.

Cuando una o uno se centra en su propio centro y hace que ese centro sea el centro de todo, toda la vida vivida se vuelve un milagro constante, sostenible, funcional y perfecto. Ninguna sociedad puede producir eso. Es un reconocimiento individual. Conduce a una existencia totalmente distinta. No es excluyente de nada o nadie, pero no incluye a nada ni nadie. Es una experiencia personal, genuina, propia, y desde ella no emana ninguna luz porque no hay razón para que emane algo desde un centro, o que crezca, o que ocupe.

El centro de todo es simple y llanamente el funcionamiento de todo, Papi. No es un guante que se pone, no es un sillón en el que sentarse, no es un lugar al que habitar.

Si, Papi. Hemos dejado el baúl de las sombras tan vacío, que no hay luces ni sombras más en el. No importa si es un baúl rectángular, cuadrado, esférico, cúbico, abstracto o real.

Dice la ciencia que los hibiscos tienen tantas formas y colores, porque así aseguran la polinización. Que en su gran variedad está la capacidad de supervivencia, que en ser diferente cada flor, mayor éxito hay para el conjunto, granjeando un sinfin de existencias. Tú y yo sabemos que esa es una explicación más, como quien describe a un túnel haciendo hincapié en longitudes y diámetros.

La existencia no se rige por esos números. Cómo dice Loe en un post en la entrada anterior, hablando de un pétalo. El sistema jamás podrá explicar absolutamente nada, porque solo mide.

Existir significa que tu y yo nos sentimos, que no hace falta ningún pétalo, que todo lo que podemos ver y experimentar no se restringe a vidas medibles, habidos, actuales o futuras.

Lo que hace el pétalo es abofetear a toda la ciencia y religión. No se deja uniformar, y si a pesar de todo se intenta con tijeras, enseguida se notan los cortes que tampoco resultan siempre iguales.

Tu transformabas escaparates en mundos, stands de exposición en aventuras.

Un solo pétalo transforma una calle gris y uniformada en una posibilidad.

Porque es el centro de si mismo, mientras que todo lo que le rodea en esa ciudad está descentrado y va a la deriva.

Es simple. Céntrarse y todo lo demás caerá por su propio peso.