Aceite masticado en la boca

Me fascinó descubrir que masticando aceite en la boca durante veinte minutos tenía un efecto tan notable sobre mi bienestar físico.  No me lo podía creer, especialmente con las reticiencias de tener que hacerlo antes de comer (media hora como mínimo), y durante TANTOS minutos. Pero lo hice, bueno soy yo para dejarme vencer por la incredulidad en la incertidumbre.

Poco a poco he ido comprendiendo que el proceso tiene miga. Los veinte minutos de ir moviendo el aceite en la boca son un tiempo base. Por debajo de ese tiempo, es probable que se le esté haciendo un mal al cuerpo, y por encima no parece un problema, sino aumentar la cantidad de basura que el cuerpo libera. Lógicamente, a los veinte minutos conviene escupir esa pasta blanquecina, y si se quiere seguir, usar una nueva dosis de aceite fresco.

El funcionamiento parece mentira. El cuerpo detecta el aceite en la boca. Durante unos minutos no reacciona al mismo, porque lo más normal para el cuerpo es que nuestro siguiente paso será tragarse el aceite. En cambio, a partir del minuto cinco comienza a comprender que tenemos el aceite preparado para el, y comienza a salivar. La saliva es en el primer momento la de siempre, pero seguidamente se torna algo más espesa. Es cuando el cuerpo comienza a bombear todo tipo de toxinas, basura y virus dentro del aceite de la boca.

Tuve que dejar pasar bastante tiempo antes de comprender la razón, porque si fuese tan fácil para el cuerpo eliminar virus y toxinas, me preguntaba porque no lo hacía con otras sustancias en la boca, o incluso sin más. Pues… lo hace, pero lo hace cuando ya no tiene otra que hacerlo. Lo hace con facilidad en cambio en el aceite, porque SABE que las toxinas, basura y virus no podrán infectar a otro humano cuando escupimos la lechosa mezcla. El aceite es el final del trayecto de toda amenaza a otro ser humano.

 

La grasa que cubre nuestra piel

Hace poco descubrí que ese mismo proceso ocurre constantemente a través de los poros. Con un detalle: sólo funciona si hay suficiente grasita cubriendo la piel. Las duchas frecuentes, a diario, imposibilitan esa función, y el cuerpo no envia apenas toxinas hacía el exterior, y mucho menos virus. Si no detecta una capa apta de grasa sobre la piel, no puede enviar nada para no aumentar el grado de infección en la comunidad.

Mientras que la cuchara de aceite es más o menos algo practicable para la mayoría de las personas, lo de dejar crecer la capa de grasa sobre la piel durante unos días parece otro cantar. Nada más lejos de la realidad, porque con tal de no usar ningún producto adicional en la ducha, asunto resuelto. Ducharse con agua y nada más, y así grandes porciones de la grasita se mantienen.

El uso de shampoo en la ducha o baño debería reducirse a como máximo una vez por semana. De esta forma, el cuerpo cuenta con la posibilidad de usar el órgano más grande del cuerpo, la piel, para eliminar porciones importantes de agentes biológicos como químicos con facilidad y normalidad durante al menos 72 horas, teniendo en cuenta que precisa de aproximadamente dos días previos para generar una capa de grasa mínima.

 

🙂