Y le preguntó el rey asombrado al guerrero que se había agachado ante su presencia:

– “¿Siendo yo tu más odiado enemigo y me rindes servicio como el más vil de mis sirvientes?”

Sin levantar la mirada, el ser en postura obediente contestó:

– “Yo sirvo a todos los seres, a toda materia y a todo el tiempo, incluído vos.”

Dicen las malas lenguas que esa fue la primera que el rey no supo encajar.