Estoy un poquitín mareado, básicamente por un cambio de dieta típico de las navidades, así que no sé si lograré llegar a plasmar esto con suficiente claridad para que no produzca dolores de cabeza.

Digamos que el instinto del ser humano tiene uno que sobresale claramente sobre los demás, uniéndose además al de la supervivencia y futuro de su especie. Mediciones científicas, de ser normalmente poco sorprendentes a la hora de sintetizar los procesos orgánicos, dejan a todos con la boca abierta ante la claridad de poder la fuerza de ese instinto: en los varones, se produce exactamente y con todas sus fuerzas cada 2 segundos.

Un instinto que ocupa la mitad de la vida despierta de los varones deja exactamente la mitad para otras cosas. Un varón que le da rienda suelta a ese instinto, ocupa prácticamente el 90% de su vida despierta a disfrutarlo, o sufrirlo como quiera verse. Un varón que logra controlar ese instinto, ya sea canalizándolo o suprimiéndolo, disfrutará o sufrirá de mayor capacidad de otras cosas.

Una especie con semejante instinto como acompañante fijo impreso en la genética es realmente difícil de imaginar. La capacidad de crecimiento demográfico de esa especie está plenamente asegurada, y depende de factores externos para ser de mayor o menor grado. Por ejemplo, el periodo de gestación, y las circunstancias inherentes a cada situación en la que la gestante se encuentre.

En el ser humano, el periodo de gestación ocupa prácticamente la mayor parte de un año.  Es una gestación larga y compleja, que requiere un ambiente y entorno lo más sosegado posible, fuentes de alimentación aseguradas y cuidados especiales. En esas condiciones, el número de ser humanos aumenta con fuerza.

Si la situación es adversa, digamos que no hay vida sosegada y que hay precariedad en cuanto a alimentos y cuidados, el número de humanos se estanca y luego baja, hasta tocar el techo de la supervivencia más elemental. En ese punto, el número de gestaciones suele aumentar dramáticamente, básicamente porque tendrán que ser los hijos los que alimenten a los padres y a ellos mismos.

El punto probablemente idóneo en esa doble curva es el de evitar la cresta de la opulencia, como la de la más absoluta necesidad. Ambos producen nacimientos en sociedades fallidas. Es el instinto que en tres de sus formatos más fuertes se hace cargo de la situación, uniéndose en uno solo.

Así, una existencia sin ostentación, equilibrada y sostenible conduce a una relajación natural del instinto, y el número de humanos que nace se sitúa en la zona de un crecimiento constante.

Muy bien, hasta aquí todo parece comprensible y salvo de aquello de cada dos segundos, normal.

La floración de las líneas de control en multinacionales y gobiernos cada vez más globales no es un logro humano, sino consecuencia de un cambio en el tamaño de la Tierra plana. La Tierra tenía un tamaño mucho menor hace 200, 500 y 2000 años. Me ha costado muchos años comprenderlo, pero ahora ya no albergo ninguna duda al respecto.

Las multinacionales existen, porque las distancias obligan a ese formato de control y unión en sistemas evolutivos esclavizados. Las multinacionales han tenido que pasar por la informatización y a lograr sistemas informáticos de alta capacidad, porque de otra manera HUBIERAN PERDIDO EL CONTACTO con la mayoría de los habitantes. Los sistemas de control estaban obligados a lograr esos avances, porque el espacio estaba creciendo a velocidad de vértigo. ¿A alguien le suena esa pregunta del por qué corríamos tanto?

Detrás de las multinacionales actuales están las multinacionales mercaderes de entonces. No importa si es una flota de aviones supersónicos o una flota de navíos tipo fenicio. Son los mismos, pero la diferencia entre unos de entonces y los de hoy es que el mundo era mucho más pequeño. Era suficiente con mantener contactos esporádicos, como pulsos para mantener el control del ganado. Total, no podía escaparse muy lejos.

No obstante, hoy Africa es prácticamente tres veces más grande que hace 2000 años. El mapa de Peter muestra lo alargados que son los continentes africano y suramericano, frente al insultante mapa Mercator, que igual que la teoría esférica de Copernico, resulta en herramienta clave para el control de los esclavos. La nueva herramienta es lógicamente la informática y la robotización. Digamos que es prácticamente imposible dar con determinados grupos de humanos si el espacio de la Tierra plana se multiplica y multiplica. Los humanos no están conectados, y si un grupo se larga a vivir a 50.000 kilómetros de distancia, lo más probable es que nunca más se sepa de ellos. Para eso las máquinas interconectadas, ya que los dispositivos eléctrónicos informáticos son perfectas para encontrar con facilidad a quien sea, dónde sea. Es poco probable que un número importante de humanos se salga renunciando a toda esa tecnología. Los móviles no son tanta droga por la tecnología, sino porque todos los gobiernos permiten el uso de software criminal, que hace adictos a los usuarios. Es una política organizada y que tiene por fin enganchar a la totalidad de humanos para que siempre estén localizables.

Volvamos ahora al tema del instinto. Una sociedad superenganchada a los dispositivos móviles y electrónicos deja de aplicar correctamente el instinto. Los varones pierden el interés en asegurar determinadas cosas, y las mujeres acaban por dejar de desear verse involucradas en perder varios años de su vida tecno-móvil. El número de nacimientos decae, y como la droga de la comunicación instantánea no puede quitarse normalmente por voluntad propia, esa caída romperá por primera vez el límite de la supervivencia.  Los humanos enganchados a la electrónica traspasarán ese límite inferior, y en vez de activarse el instinto de supervivencia como en anteriores ocasiones, se producirá una reacción aún más adversa.

Las multinacionales conocen esa tendencia. Para contraarrestar los efectos, generan apagones informáticos controlados y por zonas exactas. En esas zonas, los dispositivos móviles dejarán de funcionar durante espacios de tiempos predeterminados, forzando la procreación. Les funcionó perfectamente en los principios de la era móvil, pero ha dejado de funcionarles en los últimos meses. Los de ya por sí mutilados humanos han superado con creces todas las expectativas de los analistas, y están transformándose en adictos sin solución. Los espacios de apagones tienen que ser cada vez más reducidos y de menor frecuencia, amén de no tener que enfrentarse a una turba fuera de sus cabales.

Les pilla eso a las multis por sorpresa. No se había esperado esa evolución tan exitosa de su proyecto nadie, así que tienen que abrir en los próximos años varias vías para poder hacer admisible la existencia de nuevos continentes alrededor nuestro. Por un lado han acelerado la creencia de poder visitar planetas como Marte o Venus, por el otro simulan determinadas situaciones geográficas como extensiones de continentes existentes.  La idea es llevar un número inmenso de humanos hacía esas “nuevas fronteras”, y como hay cientos de miles de kilómetros disponibles, esos no se iban a enterar jamás que habían sido trasladados a otra zona inexplorada de la Tierra plana.

El fallo en el cálculo de las multis parece que lo están intentando subsanar o integrar. Si no fuese por un detalle, incluso se podría pensar que una vez más lograrán controlarlo todo.

Aquí empieza lo que no es tan fácil de plasmar o de digerir. La presión que las multis han ejercido sobre la naturaleza humana, y la presión que el plasma que flota sobre nuestras cabezas a quizá 8000 mil kilómetros está ejerciendo.  No calcularon bien el aumento espectacular de la presión atmosférica que estamos experimentando, y no la de la presión del aire, sino de una más que notable reducción del techo. El plasma está muchísimo más cerca de la superficie terrestre, porque el techo se está tensando a medida que aumenta el radio de la Tierra plana. Es visible en el techo bajo de las nubes, y en lo visible que se vuelven las distintas capas como superficies lisas sobre las cuales se deslizan ahora las nubes. La velocidad de expansión de la Tierra plana es por ahora mayor a la velocidad de recuperación de la cúpula. Ese proceso no terminará hasta dentro de un tiempo, y probablemente sea cuando las distancias sean de millones de kilómetros terrestres.

Seguramente habréis visto vídeos de bancos de nubes que se mueven como olas sobre las cabezas de los espectadores asombrados. Creo que en Australia fue la última vez que lo vimos, hará unas semanas. No es otra cosa que el plasma que a varios miles de kilómetros de altura está encrestado y lleno de olas, porque cada aumento de la Tierra plana es una oleada. El plasma deja su impronta sobre las nubes, presionando a las masas de aire DESDE ARRIBA hasta marcar sus espasmos sobre los bancos de nubes. Es maravilloso contemplarlo.

En una edición que trataba sobre la evolución de los Band’aker, descubrí que las capas de aire llegarían a una sólidez más allá de lo que hemos conocido. Puede que os acordéis de esas dos chicas que comenzaron a surfear esas capas. Pues… no era tan descabellada esa visión. Para que las capas inferiores puedan oscilar u ondular como lo hacen ACTUALMENTE, han tenido que aumentar dramáticamente en capacidad electroestática y estabilidad. A cada segundo que pasa, esa estabilidad aumenta, porque la presión desde el plasma es cada vez mayor (la Tierra plana no para de aumentar en tamaño).

Aunque vais a pensar que eso favorecerá de nuevo a los multis (son ellos que disponen de todo el potencial de ingeniería), lo divertido es que no será así. Durante un tiempo, podrán ir a la par con el tema de la presión e ir aprovechándose de capas prácticamente flotantes, pero en cuanto esas capas hayan ganado un determinado punto de sólidez, se convertirán en imposibles de practicar a gran velocidad traspasándolas. Posiblemente llegue a ser imposible trasladarse dentro de un vehículo a gran velocidad hasta alturas de 15.000 metros, teniendo que trasladar el vehículo de forma laboriosa en ascensores especiales (que por cierto llevan años anunciando).

En cambio, cualquiera podría prácticamente surfear a esas capas, con medios mínimos, lo que provocará un aumento de vuelos en todas las direcciones. El mar ya no será ningún territorio reservado a unos pocos, y será imposible evitar que se descubran los nuevos continentes por quienes no estaban en la lista de invitados especiales. Habrá ciudades enteras que se echarán al aire para empezar en otro lugar, ciudades flotantes. Las primeras serán abatidas, pero aquí entra lo que se llama el tiro por la culata, el definitivo. Después de esa debacle, la humanidad se extenderá en todas las direcciones. Unos organizados en grandes grupos, otros con lo mínimo.

Es en ese momento, en el que la informática y los satélites tendrían que entrar en su uso originalmente preconcebido, el del control de esa humanidad en diáspora.

Pero no lo harán, y por un detalle que hoy por hoy, y quizá desde siempre ha parecido de poca o nula importancia.

Tiene que ver con un instinto, que la ciencia no ha sabido cuantificar o describir con la misma facilidad que a otros. Uno, que no se despierta más que unas pocas veces en la vida de algunas personas, aunque las y los hay que lo tienen plenamente en funcionamiento.

Ese instinto es el único que no implantaron en las chapuzas genéticas bases que han dejado multiplicarse.

Lo mejor: las multis no tienen ni la más remota idea que ese instinto se colara en su momento.

Es tan complicado de percibir, que cualquiera que lo tenga desarrollado se vuelve prácticamente invisible.

Aunque debería decir que vuelve a verse lo invisible con ese instinto. Da igual, es lo mismo. Quien vea lo invisible, se vuelve invisible.

Beban agua tratada método Schauberger. Ya saben lo fácil que es.

Háganse invisibles. Verán cosas nunca vistas, que les ayudarán a volverse invisibles.

Y… sé que no lo podrán describir, aunque podrán describir lo que causa cada capa de invisibilidad que se irán poniendo como trajes perfectos, uno encima de otro sin aumentar de tamaño.

🙂