Aunque ya se sabe que es un mapa totalmente falso, el mapa mercator es el que se usa en colegios, publicaciones científicas, política y demás lugares de … necesidad de datos correctos. Hasta lo usan para navegar, lo que anualmente causa más que solo problemitas. A la cabeza, el Google, que justifica su uso “porque es más fácil de hacer zoom”.

Hay varias cosillas que el mapa mercator delata. Es racista, disminuye brutalmente los países que no están gobernados por blancos, y para que seguir. Si trazaramos un mapa de nuestra casa y en vez de darle al baño 3m2 resulta que tendrá 15m2, al arquitecto, constructor y demás implicados les caerá una gorda. En cuanto al mapa mercator… nada se mueve, nadie dice nada salvo algunas organizaciones de menor importancia.

Daría igual realmente, porque el mapa – el que sea – que nos muestra el poder es siempre uno que le interese al poder mostrar.  Aún así, la situación actual de tomadura de pelo planetario con el mapa mercator inicia una historia de las de Sherpa.  Agradecemos pues al gran poder corrupto su flagrante falta a la verdad. No es a Roma hacía dónde todos los caminos llevan, sino a El Lugar, y no es ceguera la que nos impide la vista, sino una inmensa pared de ladrillos.

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A Sherpa la idea de Pangea le tenía atravesado. Por mucho que unía los continentes, no estaba satisfecho para nada con el resultado. Siempre le parecía que la forma final de ese supercontinente no podía ser correcta.

Todo cambió, cuando se percató que el mapa que había utilizado para los recortes, era falso. Se trataba del mapa mercator, y por tanto no podía dar jamás una visión correcto. Después de unas semanas de investigación, Sherpa finalmente se decidió por una mezcla entre dos tipos de mapa. Uno, de hace aproximadamente 3000 años, y otro, de hacía menos de 30.

Volvió a recortar a los continentes. Cuando los unió entre sí, se quedó perplejo. El supercontinente que formaban los trozos, era un rectángulo. A pesar de algunos trocitos menores, casi perfecto. Un ladrillo.

Eso le llevó a comprender que el supercontinente Pangea era igual de artificial que todo lo demás después de su separación. Ya había sido una formación artificial, y no – como tanto se había deseado – un continente en condiciones que luego se malversó.

Sherpa comenzó a comprender que el mapa mercator estaba impidiendo muchísimos avances y – sobretodo -, cualquier tipo de investigación. Tapaba convenientemente.  ¿Dónde más le estaba tapando la comprensión?

Con solo echar unos vistazos a las fotografías de satélite, comprendió que lo que veía no podía ser real. Esas imágenes reproducían el mapa mercator con inusual exactitud. Por tanto, eran igual de falsas. Hacían aparecer a la Tierra con sus continentes como una bola, mostrando mucho menos territorio del que existía, exagerando al igual que el mapa mercator los continentes regidos por blancos.

Intentó imaginarse al ladrillo de Pangea en una bola, y tuvo que rechazar esa posibilidad después de unas semanas. Lo más fácil para el ladrillo era que estuviera metido dentro de otro rectángulo, y que el sol fuese quien diera vueltas sobre el ladrillo para mantenerlo descongelado. La idea de límites circulares procedía de ese movimiento solar en círculos. Más allá de su poder de calentar, volverían a aparecer los rectángulos.

-“Billones de rectángulos, sin duda alguna.”-, suspiró finalmente. Ninguno creado casualmente. Nada de casualidades.

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La construcción básica e inicial de la Tierra era esta por tanto: un ladrillo, en medio de agua, y rodeados por un alto como extenso mural de hielo. El polo central era debido al límite de la capacidad de calentar, al igual que la circunferencia congelada. El sol era una lámpara, con un recorrido circula fijo, dejando el centro y circunferencia exterior expuestos al frío.

Calculó las distancias de ese paso caluroso, y enseguida comprendió que las otras “Tierras” estarían a aproximadamente 3.500 kilómetros desde cualquier borde del Polo Sur, que no era polo, ni sur, sino Circunferencia.

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Todo esto no le era nuevo.  Los años de adolescencia y algunos después le habían deparado suficientes motivos para desconfiar por completo de las enseñanzas oficiales. Aún así, esta vez era diferente. Situaba al sistema en la mismísima creación de esos ladrillos, y toda materia empleada a favor del sistema. A favor del sistema, no de la vida. Cualquier átomo era del sistema, y no de la vida. La vida misma podía reconocerse como sistema. No existía nada natural, por mucho que se esforzara el sistema en crear formas distintas e hiciera de la ley del cáos la piedra fundamental del motor.

Sherpa comenzó a alejarse de toda la vida, para ganar un punto de vista que le mostrara el designio de semejante creación artificial. Murió por dentro, renegó de su propia vida. Lo que experimentó en todas esas pruebas fue llegar a lo que llamaría más tarde “El Lugar”.  Poco a poco comprendió que ese El Lugar no era una creación del sistema, porque no tenía materia alguna. Era un plano sin átomos, con existencias inmateriales aunque eso no les quitaba la posibilidad de tomar cualquier forma. Le costó comprender que todo lo que iba viendo en sus viajes al borde de la muerte, eran partes del montaje del sistema, que el había llevado a El Lugar, o que habían venido con el a ese lugar.

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¿Pero… existía la vida en El Lugar?

Sherpa no lo tenía claro al principio. Lo que sí tenía claro, era que en El Lugar ningún tipo de vida estaba amenazado por absolutamente nada. No había sistema que podía hacerlo, porque en El Lugar no había materia. ¿Era El Lugar el orígen de la vida, o se trataba de la vía de escape que la vida finalmente había establecido?

Sherpa optó por la segunda opción. El sistema aislaba a cada ladrillo. No permitía la interconexión entre ellos, probablemente para que se desarrollaran distintas formas de vida en cada ladrillo. En El Lugar, Sherpa había estado con formas de vida y sobretodo luces que no eran propias del ladrillo partido en el que vivía su cuerpo físico.

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¿Era el sistema consciente de que la vida se estaba escapando?

Enseguida comprendió que sí que lo era. La masiva estupidez exportada por el sistema sólo tenía por meta evitar que más y más vida escapara. La creacion de mundos virtuales no tenía otra meta que ser un mapa mercator para que nadie diera con el mapa mental adecuado para escapar. Eran los velos modernos, los que evitaban que un ser humano cualquiera podía enlazar sus sueños con los caminos fuera del sistema. Era más fácil ponerse unas gafas virtuales, que esforzarse en comprender que tendría que haber otra alternativa, una al sistema.

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Sherpa comprendió que la vida que se escapaba del sistema lo hacía a través suyo, como de cualquiera que estuviera consciente de que El Lugar existía. Insectos, micróbios, animales, rocas, árboles, montañas, agua, y hasta la luz y el oxígeno, como cualquier otra formación molecular. Bastaba con que Sherpa adorara un momento de luz, para que este podía entrar en El Lugar.

Esa comprensión cambió a todo, al menos en Sherpa.

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Comprendió que la vida era tan corta en el sistema, porque el sistema tenía que mantenerla corta en aras de evitar cualquier tipo de sabiduría. Que la memoria era corta y fallaba, para que ninguna parte de la Historia sirviera para enlazarla de verdad, en vez de sobre mentiras.

Comprendió que no eran los satélites los que enviaban imágenes, sino la cúpula misma, y que dentro del sistema no habría jamás forma ninguna de acabar con el.

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Cuando se sobrepuso a esa conclusión, para el inapelable, se dió cuenta que no había que destruir el sistema para nada. El propio sistema estaba unido al sistema de cada ladrillo. Todas las acciones e interacciones ligaban al propio sistema a su creación, y por tanto, el “mundo” o dimensión del sistema estaba infectado hasta la médula por lo que los ladrillos habían producido. No le costó nada imaginarse que los trozos de este ladrillo podían haber generado cosas feísimas, pero que en comparación con otros ladrillos bien podían ser el menor de los males. El sistema aislaba los ladrillos entre sí, pero no estaba aislado de todos ellos. Sherpa comprendió. El sistema se había equivocado, y había acabado por estar infectado de todas las corrientes que generaban los billones de ladrillos. El cazador, cazado. El observador, observado.

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La vida ya no precisaba del sistema. Esa conclusión alivió a Sherpa. Quedaría durante un tiempo toda aquella vida que fuese forzada a renacer, vida que desconocía aún a El Lugar. Cada vez serían menos, hasta que el nivel de entrada de la vida al sistema fuese inadecuado para asegurar la supervivencia en el sistema. Señal también, de que el propio sistema estaría ya tan corrompido, que dejaría de funcionar por sí solo.

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Al dejar de funcionar, la estabilidad energética de la materia quedaría comprometida. Se desintegrarían primero los proyectores, luego desaparecerían al instante las proyecciones.  Toda la vida que en ese instante aún estaría ligada completamente a la materia, acabaría por encontrarse en el limbo.

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Amar profundamente en tiempos de cólera desintegradora. Esa era la opción, esa era ensanchar los caminos fuera del sistema.

Amar en tres dimensiones, y en cuatro.

Amar más allá de las formas.

Odiar ya no era opción necesaria. Lo que no se amara, se quedaría en el limbo. Lo que se amara sin pureza, se quedaría en el limbo. Quien no amara desde El Lugar, no facilitaría pasaporte ninguno.

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-“¿Qué me faltará hoy por llevar hasta El Lugar?-“, se preguntó Sherpa en voz alta. Sonaron unas campanas. Sonrió y se las llevó.