Bien.

Veamos. Aproximadamente hace unos tres años estuve contra las cuerdas de una manera que me destrozó por completo. El sufrimiento por el que pasé me deshilachó el alma con tal crueldad, que me rompí. Me rompí en dolor, me rompí en odio, me rompí en ganas de venganza y después de todas las roturas posibles, comencé una nueva vida.

Eso lo había hecho ya anteriormente, eso de la nueva vida. Esta vez, no obstante, decidí que tenía comprender como funcionaba todo esto. Escribí tres ensayos, que trataban desde dentro de que me había salvado en última instancia. Esos ensayos los publiqué, a sabiendas de que esa era la dirección resultante, aunque mejor dicho, que ese era el salto que había que dar.

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Pasaron tres años, en los que poco a poco se hizo menor el dolor en mi. Quedar, queda… pero ahora es una especie de marco, ya no ocupa el centro de la vivencia. En esos años todo cambió. Descubrí tantas cosas hermosas, estuve mil veces cerca de miles de mis metas.

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La que realmente importaba, esa de los ensayos… finalmente se convirtió en meta ante mis ojos. Hoy he traspasado esa meta. He vuelto a hacerlo. He llegado exactamente al mismo punto. Esta publicación es el comprobante, aunque ya llevaba un tiempín para acá apuntando con el dedo al olvido como herramienta completa.

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He llegado con el olvido al mismo punto que con el recuerdo. No he precisado del recuerdo para encontrar y sortear todos los obstáculos y puertas, bifurcaciones y engaños propios como ajenos. No me hizo ninguna falta saber algo de memoria, para poder disponer de ello con facilidad. Pude tranquilamente olvidar mi mejor pista, mi más preciado resultado de tantos años de concentración… tirarlo por la borda y volver a encontrarme con ella, ya convertida en meta sin ningún problema.

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Érase una vez un pequeño investigador que se puso por meta olvidar para probar que no precisaría recuerdos. Así que, escribió su teoría en unos papeles. Esos papeles íban a ser una parte del comprobante. La otra, cuando alguna vez sería capaz de pensar que acababa de llegar por primera vez a su teoría. Es decir, que sí algún día iría corriendo a poner en documento su teoría, debería pensar que nunca antes había llegado tan lejos.

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https://sombrasbaul.wordpress.com/2012/02/06/de-los-anales-de-la-justicia-contra-el-econocidio-testigo-1/

https://sombrasbaul.wordpress.com/2012/02/07/de-los-anales-de-la-justicia-contra-el-econocidio-testigo-2/

https://sombrasbaul.wordpress.com/2012/02/11/de-los-anales-de-la-justicia-contra-el-econocidio-acusado-dos/

(el último capítulo… no sé, aún no lo comprendo.

https://sombrasbaul.wordpress.com/2012/02/12/de-los-anales-de-la-justicia-contra-el-econocidio-bedel-avise-a-los-fusileros/ )

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En la tercera entrega de los anales de la justicia contra el econocidio, hace aparición un especialista. Muestra al acusado dos cartulinas. Digámoslo así: yo sabía que las tres partes publicadas en el 2012 eran una de las cartulinas, y que si encontraba la otra, entonces sería yo quien automáticamente acabaría por dejar atrás las dudas, íba a integrarme directamente en el flujo de todo, sin más necesidad nunca más de memoria, recuerdo o cualquier otro sistema de fijación de datos.

Fin del ensayo sobre la memoria.

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Inicio del ensayo del olvido total.

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(He encontrado esta mañana a los tres ensayos. Los leí como si fuera por primera vez. Aluciné, luego y a medida que cada frase clavaba lo que estaba pensando en estos últimos días, comencé a reírme más y más.

Eso sí, hay diferencias. A la primera conclusión, es decir la primera vez que apunté el olvido como herramienta, lo hice después de haber pasado por un dolor que no deseo a mi peor enemigo, si lo hubiera. En la segunda vez, la cosa ha costado, pero estaba lejos de ser superdolorosa. Era aguantable, y a ratos cada vez más alargados, hermoso.

Esa diferencia es la siguiente clave, y esa clave descifrará sin duda alguna el tema del sufrimiento. Ese es el gran regalo, uno de ellos. Uno de los muchos.)