Fue en los años 55 a 65.

La primera gran oleada. La primera entrada en tropel en las brechas creadas. Masiva afluencia de genios, a borbotones sobre una sociedad agrietada, gris y apática.

En diez años les dieron un baño de creatividad, novedad y genialidad tal, que el viejo mundo social se vino abajo como casa de naipes.

Luego el contraataque. Como no. Acción… reacción. Fin of the dream, del sueño. Peña que parecía importante entonces, hoy como prusianos freakies en las fotografías envejecidas. La casta recuperando terreno. Tardaron más de 50 años de recuperarse de esa maniobra sorpresiva como sorprendente.

“…remember when you were young… you shone like the sun..” / …recuerda cuando eras jóven… brillaste como el sol…” (Pink Floyd – Album Wish you were here – Canción Shine on you crazy diamond)

“El gobierno ha decidido…” (frase lapidaria de cualquier cadena de radio portavoz del gobierno)

Si. En diez años pulverizaron al establishment desde arriba a abajo. Nos hicieron vibrar y soñar. Nos mostraron que había esa posibilidad de un mundo extraordinario genial. Pero… el gobierno había decidido, como primera decisión de siempre, como orden primordial. Tambaleantes y vapuleados, pero seguían controlando el corazón del sistema en Tierra.

“…welcome to the Machine…” (Pink Floyd, mismo álbum)

“La Guerra Fría cuesta al mundo alrededor de 588 billiones de dólares al año, según ….” (cualquier esclavo portavoz diciendo por una vez la verdad)

Si, la pusieron en marcha. No fuese que la revolución acabaría llegando al poder de verdad. Y después a la máquina. No, eso no podía ocurrir.

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Así que se levantaron las momias de sus despachos polvorientos, de sus jardines manchadas de sangre, de sus cuevas y búnkeres llenos de innombrables delitos. Levantaron sus puños como uno, en un golpe raso que duró 50 años. Un golpe definitivo, con toda la fuerza, con todo detrás. El fin de cualquier posibilidad de que volvieran nunca más los genios. Un golpe que destruyó a toda capacidad intelectual más allá de servil y útil. Un puñetazo planetario que arrasó con la sensibilidad hasta convertirla en risa estúpida y trolleo, indiferencia y cobardía.

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No se coscaron. Ni al principio, ni a los cinco años, ni a los 25. Pasó el año 30 y el 40, el 45 y el 50. Hasta hoy. Sin darse cuenta. Que va, ni de lejos. Demasiado estúpidizados como para distinguir cielos azules del dolor. Cayendo cada vez más profundamente en el labirinto, surcando caminos de desesperación. En ninguna esquina que doblaron encontraron otra cosa que otra esquina más. Y otra. Sin coscarse para nada.

Si. Los del puño. Hablo de ellos, y no de los pececitos en la pecera. Hablo de ese golpe que ya dura más de 50 años. No se coscaron que ese mismo puñetazo en realidad no era su aplastante victoria. No se coscaron que pegaron en la dirección deseada, y no precisamente por ellos. No. Demasiado confiados en la supremacia política, hereditaria, opresiva, jurídica, educativa, religiosa, policial y militar.

Lo que iba a ser el golpe definitivo contra la genialidad, empezó y acabó como lo que era y es. Un golpe contra su propia estabilidad. Un movimiento tan largo que les deshizo los cuerpos hasta convertirlos en gigantescas criaturas. En multibillionarios, en multinacionales mastodónticas, en clubes de sobrepeso y sobredimensiones por doquier.

Poco a poco. Mes a mes. Cada hora les hace crecer más y más. Cada segundo. El superpuño que ya no es más que una puntita inofensiva, pero que estiró a todo el poder hasta dejarlo varado y con el flanco abierto e indefendible. Piensan estar navegando hacía la victoria, y no saben que cualquier victoria nunca será original.

Tontos. A la genialidad no se le aplasta. La genialidad anticipa ese golpe. La genialidad lo utiliza. La genialidad es invisible, hasta que es demasiado tarde.

“nobody knows where you are, how near or how far…shine on you crazy diamonds…” / nadie sabe dónde estás, cuán cerca o lejos… seguíd brillando, vosotros los diamantes locos…”

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Sí. Hay un original de todo. Lo demás son copias, y todo lo que crece y crece, no es más que copia sobre copia.

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La rebelión de las copias, que risa. De opresor milenario a gallina alocada en el patio, poniendo huevo tras huevo. De intocables a públicamente reconocidos y vulnerables. De voz del pueblo a vocífero de masas. De muy muy alto al infierno de la más absoluta mediocridad. No se ha salvado ninguno de ellos. Todos sucumbieron ante su propia medicina. Inhalaron sus propios gases, venenos y tóxicos. Cayeron en las trampas que sus antecesores pusieron. Eran unos viejos más listos que ellos, pero no tanto como para ver que íban a enganchar a sus propios vástagos en ellas.

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Claro que se puede hundir un movimiento hippy con la suficiente brutalidad, ahogando economías y favoreciendo a los que no son hippies.  Claro que los hippies de entonces… unos pocos… se pueden siempre convertir en magnates. O hacerse unas instagrams para hacerse los hippies. Se le puede dar un nombre así, de tonto. Eso se puede hacer, pero nada hace en realidad con la genialidad que sonríe debajo de la superficie falseada. Esa sigue, minuciosamente, su vida original. Mucho antes de que las copias pensaron en rebelarse, ya había originado esa rebelión esa genialidad original.  Pensaron los billonarios que habían sido ellos, pero obviaron que para todo hay un original en nosotros. En todos.

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Así, todos hicieron lo que debieron hacer. Invariablemente. Por muchas veces que se copiaron, siempre copiaron esa parte también del original. Es sorprendente que los billonarios no se percataron de que todo iba demasiado fácil. Con lo acojonados que estaban en el 62. Olvidaron… y se lo creyeron. Especialmente en los últimos años, desde el 2010. Ya comenzó el descaro.  Sí. Superconfiados, porque se ven superfuertes, supergrandes, supergigantescos, supersuperiores.

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Ahora les sonará el despertador. No uno, sino miles a la vez.

Les entrará un tembleque desde lejos, desde dentro también. Un frío paralizante, especialmente de las partes izquierdas de sus cuerpos.

Escucharán sonidos que les evocarán imágenes.

Sonriará la genialidad, y convertirá los días aburridos en la libertad del original.

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No hay par dónde esté el original, y está en todo. El tiempo lo necesita quien precise de recuerdos. Recuerdos o memoria precisa toda sociedad que niega de su originalidad. El tiempo es un invento para simular la existencia. Todo golpe es siempre de la ignorancia hacía la genialidad. Siempre acaba con el mismo resultado original.

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Que chicos se les ve ahora. Esos políticos importantes del 62. Esos cirujanos importantes del 62. Esos inspectores de hacienda, de policía, de sanidad o de trabajo del 62. Esas consignas de seriedad, esas poses de traje gris y pelo gris y mirada gris y palabras grises y … grises, grises, grises. Que chicos y que disfrazados.

Los he visto más listos. Vieron al bebé y le invitaron a una partida poker, sin darse cuenta que ya iban desnudos antes de repartir de la primera baraja.

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Olvidad, amigas y amigos. Olvidad todo. Paso a paso. Recuerdo tras recuerdo, rutina tras rutina. Olvidad los planes, los sueños, los pesares, los infiernos. Olvidad sin acento en la “a”, porque órden no es. Olvidad las órdenes, olvidadme, olvidaros de vosotros mismos.  Olvidadlo todo.

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No os pasará nada. Dónde parece que hay abismo, lo que hay es la seguridad más absoluta posible y original. Dónde parece que no habrá más caída, hay vuelo perfecto en cualquier dirección. Dónde parece que vais a perder el control por completo, hay algo mucho mejor que el control o el descontrol.

No os pasará nada si olvidais.

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