– Si se cuentan las células en un cuerpo humano, se llega al mismo número como si contaramos las estrellas en una galaxia bien poblada. En serio.

– Si se compara la distancia entre un átomo y su electrón con nuestro sistema solar, acabaríamos por encontrar el electrón del sol a mitad de camino a Andromeda.

Pero claro, mejor no hablar de eso. Sería denigrante tener que admitir, que lo que llamamos universo es simplemente otro cuerpo. No sería nada divertido tener que descubrir que los Big Bangs son pulsaciones de un corazón. ¿Nosotros, vivir encima de átomos, posiblemente parte de un tejido cerca del esfinter del gigantesco ser?

Y ese gigantesco ser, no sería otra cosa que de nuevo una mota de nada en medio de galaxias y universos que lo guardan.

¿Dónde nos dejaría eso a nosotros? Eso, mejor no hablarlo, que luego resulta que nos deprimimos, so imbéciles que somos.

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Cuando más grande se hacen los cuerpos, menos velocidad desarrollan en el entorno que les vio evolucionar. Así, el gigante en el que se encuentra la Tierra como átomo, se mueve a una velocidad parecida a todo el tiempo de entre un big bang y otro. Ese es para el un segundo, aproximadamente. Un latido de su corazón.

Cuando más pequeños se hacen los cuerpos, más veloces se vuelven. Así, un latido de nuestro corazón equivale a una inmensa cantidad de billones de años para los seres que viven dentro de nosotros.

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Lo que apabulla es la cantidad de seres que eso representa. Si en un centímetro cúbico caben miles de millones de átomos, y cada átomo puede albergar perfectamente unos cuantos miles de miles de billones de seres vivos… en fin, el número de almas acaba de subir a cifras imposibles de escribir ni en todo el tiempo del universo.

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Aún así, tenemos cada ser una consciencia propia. De nosotros mismos. Encima, cada uno de nosotros tiene un orígen, al que llamaré “El Lugar”.  Conviene comprender que eso supera con creces cualquier intento de descifrarlo. El modelo para semejante situación no cabe en ningún cerebro, y no hay cerebros que puedan computerizar ni un atisbo de todas las involucraciones pertinentes.

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No podemos saber lo que hay en un átomo o en su electrón. Tendríamos que poder congelarlo en su vuelo, acercarnos con un microscópio capaz de tantos aumentos que marea la mera idea, y luego superar el problema de que todo lo que contemplamos, se mueve millones de veces más rápido que nosotros. En cambio, si contemplamos la Tierra, queda patente que en una bolita de mierda en un gigantesco universo dentro de otros universos… hay gente pululando. Así que, no es tan descabellado  que en el átomo o electrón de mierda también haya vida, y a raudales.

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Terminarían todos los nuestros problemas de abastecimiento si nos hiciéramos 500 veces más pequeños de lo que somos ahora. Multiplicaríamos por 500 cualquier cuenta de materias primas, y … como al hacernos más pequeños no sólo consumamos menos, sino que además entraríamos en unas necesidades energéticas distintas, un barril de petróleo podría ser suficiente para todas nuestras necesidades energéticas para siempre. ¿Exagerado? Puede, pero con un solo buque de petróleo tendríamos seguramente para dos eternidades. ¿Así que… por qué coño estamos creciendo?

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Vamos a suponer que la corrupción, el ser hijo puta y demás asquerosidades del planeta Sufrimiento sean cosas que no deberían estar. Que hayan entrado sin pedir permiso, y que se expanden a sus anchas sobre la vida. ¿Qué pasaría si alguien del planeta Sufrimiento, – un átomo de mierda, porque no recalcarlo – lograse comunicarse con el cerebro del supergigante que alberga ese átomo-planeta del pobre sufridor? Sí, digamos que le manda al cerebro una señal de alarma, y que el cerebro decide (millones de millones de millones de años más tarde), tomarse un antibiótico adecuado para la enfermedad.

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¿Por que no piensan los científicos en que el tiempo a nivel atómico o molecular es mucho más acelerado que el suyo? ¿Por que les obligaría a reconocer que cualquier enemigo microscópio – subatómico tiene una ventaja de verles venir que ni pa qué?

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¿Y mi alma, mi alma está sujeta a las tonterías del tiempo y sus fronteras? Desde luego que no. Puede moverse en cualquier nivel, y siempre tendrá la misma sensación de tiempo o atemporalidad. Así que… ¿por qué hacemos el imbécil intentando resolver las cosas en nuestro tiempo, cuando eso nos deja como tortugas frente a electrones y su velocidad de la luz? ¿Por qué no usar la vía siguiente, pillarnos un entorno en el que la velocidad de la luz es algo como ver crecer un árbol, digamos de lo lenta que es?

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Sí. Viajar en el tiempo, que bobada. Es usar el tiempo.

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Mundos dentro de mundos, dentro de mundos que están dentro de mundos… y así interminablemente, hasta el so llamado infinito. ¿Pero que les pasa a toda esta gente? Cuando un número es finíto, es directamente falso. No hay un número exacto de absolutamente nada. Eso de exacto es siempre “redondear”. Cuando es infiníto… pero bueno, ¿quién sabe lo que es el infinito? ¿Lleva vestido o gasta pantalones?

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En cambio, en “El Lugar” todo esto queda reducido a una cajita llena de un cierto tiempo. Una especie de cajita de Pandorita, en plan individual. La abres tú, y te absorbe a ti (y al incauto que pueda estar detrás de ti, jeje).

Y cuando ya basta de estupideces – porque esto de aquí es una estupidez tras otra y a todos los niveles – “El Lugar” te envía una boya sonda para que encuentres el camino de vuelta. Individualmente, de nuevo. Bueno, si el incauto todavía está contigo, no hará falta gastar dos boyas.

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Sumerjo mi mano en agua, la muevo un poquito… y he reproducido a todas las obras artísticas habidas y por haber. Cualquier forma, cualquier desforma, cualquier acontecimiento. Un leve movimiento de mi mano.

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También puedo ponerme a pintar a algunos, para demostrar lo hábil que soy a la hora de mover un pincél. O sacar una de las formas de una piedra, para demostrar lo hábil que soy con el cincél. O porque aún crea que soy yo quien esté creando, y básicamente porque aún no habría visto como generar dos mil estátuas en 12 segundos.

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No, desde luego no gusta eso al mundo artístico. Ni al del diseño. Menos aún al cinematográfico. Pensar que cualquier gesto esté presente en cualquier lugar y en cualquier momento… y que no seamos nosotros, los grandes artistas quienes mostremos, sino que estamos copiando constantemente… eso no puede ser! Así que, a ignorar inmediatamente esa información, que es superdañina para la Gran Mentira. ¡Somos geniales, somos únicos, somos el futuro, somos….! Bla, bla, bla (el último bla siempre con un megáfono o dos).

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En “El Lugar” no preciso de ninguna cámara fotográfica para contemplar esa realidad. Ni yo, ni nadie. Tampoco se me ocurriría decir que tal o cual obra es “mía”. De hecho, si alguien piensa así, aún está demasiado a gusto en la cajita de Pandorita, o decidió en su momento que debería abrir otra cajita de Pandorita, pero esa vez en un lugar dónde no hay vuelta atrás.

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En el planeta todos deben dinero a todos. Supongamos que tu me debes 15 euros, yo te debo 34 euros, un amigo nos debe 12 euros a cada uno, y así hasta volvernos locos de interrelaciones de deudas y deudos, deudores y demás deuterios. ¿He dicho deuterios? Bah, que más da. Si nadie puede cobrar la deuda de otro, el sistema de deuda ha fracasado y toca anularlo por completo. Nos perdonamos todos todas las deudas y punto. Ah, pero eso no puede ser. Es más fácil oprimir al prójimo con deudas, que con alegría. Qué coño, ya que estamos: a la mierda con la alegría, la felicidad y el sentirse a gusto. ¿Se llama economía eso, no? ¿O era política? ¿Medicina? ¿Arte? ¿Ciencias? ¿Cultura? Todos debiendo algo a alguien, todos inmersos en la vorágine de no poder cobrarse nunca más que trozos de vida de los demás. Me pregunto ahora lo que querrá cobrarse el deuterio ese de antes.

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Los que usan la deuda como medio para crecer, no tienen tripas ni para moverse en la cajita de Pandorita, ni para salir de ella. Por eso no están en “El Lugar”, y como les gustan las palabras “siempre”, “eterno”, “nunca”, etc., lo más probable es que El Lugar no tenga la más mínima intención de hacerse notar en ellos. Seguramente deberán creer, que al morir llegarán a poder tomar ese tipo de decisiones. O que después de morir, acabarán transportados automáticamente a ese paraíso. El que usa la deuda como medio para crecer, desde luego piensa así. Cree que habrá un sistema de pago a plazos, de beneficios acumulados, de riquezas posibles y ponibles en la imaginaria pesa de “me lo he ganado, bla bla bla”. Pues, … no lo hay. Lo que hay son billiones de billiones de billiones de eternidades llenas de múltiples de ellos mismos hasta el triple infinito y más allá para ir circulando estúpidamente en la cajita de Pandorita. Si, parece chica, pero eso forma parte de su atractivo. Vamos, se traga todas las moneditas que se puedan producir en base a joder al prójimo, y no dice más que “game over, please insert coin”. (Fin del juego, por favor inserte moneda). ¿O acaso creen ustedes que ese imbécil de torturador se entera de que lleva trescientas ochenta y nueve mil trescientas cuarenta y cuatro vidas haciendo el imbécil? Que va. Este sigue insertando monedas. Mientras quede un imbécil pensando en hacerse rico, habrá carne de cañón para la Gran Mentira.

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Si  alguien se toma en serio eso de evaluar soluciones, llegará a la conclusión de que no hay solución viable para absolutamente nada. Se dará cuenta de que sólo es un posponer, un alargar, un – respetable en todo caso – lo que sea.

Seguirá haciéndolo – aún más respetable en todo caso – pero estará atento a señales de “El Lugar”. Lo demás dejará de tener importancia. Este, como cualquier mundo tiene todas las soluciones directamente y siempre al alcance de la mano, garra o pensamiento. Además, en un sólo punto, y sin tener que moverse. Por eso nadie querrá nunca aplicarla/s.  Bueno, algunos y algunas la/s aplicaron y se esfumaron.

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Pero algún día, algo en el maldito mecanismo fallará, y lo que la Gran Mentira tapó tan exitosamente, se extenderá dentro de todo ser.

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Lástima que no voy a ver eso. Aún me queda suficiente rabia para desear verlo, pero dentro de poco hasta ese dedo levantado se dedicará a cosas más interesantes.  De hecho, no habría nada que ver salvo como desaparecen galaxias y universos enteros, en dos o tres días como máximo, y luego árboles, ríos, piedras y Neptuno (pobre, siempre le toca al deuterio) y ploff… se quedará vacía la cajita de Pandorita.

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“Mami, esa cajita que es?”

– La madre contempla con sonrisa amplia y relajada a su hija.

“Era, hija. Era.”-, le dice mientras la levanta para sentarla en su regazo.

“¿Y qué es “era”, mami?”- . La niña no para de intentar abrir la caja, mientras que la madre mira por la ventana, acariciando con suavidad el pelo de la niña.

“Hmmh… “era” es algo que no existe, nunca existió y nunca existirá. Un juego popular para aprender a relativizar el tiempo, hija.”

La niña abre la caja… pero está vacía. Mira con ceño fruncido a su madre. – “¿Y por qué no puedo jugar yo a eso? ¿Dónde están las piezas y el tablero?”, – dice acusadora, ofreciendo la caja vacía a su madre.

“Es que… el tablero y las piezas están ahora dentro de ti, hija.”

La hija cambia de aspecto y se vuelve adulta en tres nanosegundos. – “Ya lo sabía, Mamá… pero creo que eso de hacerme pequeña es lo más parecido a lo que tu llamas “era”.

“Chica lista, pero ahora bájate de mi regazo, pesada”.

Ambas mujeres se ríen. La hija deja la caja en la estantería, en un movimiento automático.

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“El Lugar”.

Y lo demás, estupideces.