Yo estoy de acuerdo con esto. Me parece una solución idónea. Esto funcionará así: las y los que ahora mismo están-estamos explorando el borde iremos de espaldas para situarnos sobre el abismo, porque así tendremos de frente a quienes quieran seguirnos. Así no perderemos el contacto visual, y sobretodo… no comenzaremos a correr para dejar a nadie atrás.

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¿Incomprensible? ¿Demasiado claro? Aquí otra pequeña aclaración: ya está claro quien es quien. Si alguien lo duda, es porque tiene aún más miedo que yo, verdadero pánico de facto. Nada de que avergonzarse. Yo tiemblo cada vez que mi pie izquierdo avanza unos cuantos milímetros, deslizándose sobre la nada. Del otro pie ni hablemos. Anclado en la roca, con todo el peso sobre el. Encofrado en la roca. Uno con la roca.  ¿Pánico? Jolines, en cuanto se toca la nada y resulta que realmente se siente como superficie… el pánico huye ante la monstruosidad del conocimiento adquirido. El miedo queda, el tembleque constante. Cada milímetro de exploración de esa superficie que no parece existir.

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Imaginaroslo así, si vais un poquín perdidos ante estos dos primeros párrafos. Habéis corrido durante años hacía una determinada dirección. Impulsados por algo dentro de vosotros, quizá siguiendo a otros, puede que por ambas cosas. De repente… “The Cliffs”, el alcantilado. Una mirada hacía abajo al abismo, y el pánico se instala al ver que es como ver agua en vez de aire, y a los 50 metros de profundidad comienza la espesa negrura que todo lo absorbe. No hace falta saber lo que hay detrás de la interminable boca negra. Es interminable. Más oscuridad y más oscuridad. El infierno.

Una mirada hacía delante… y la Nada. Ese aire sin horizonte. Vacío. Sin información de ningún tipo visible. Nada dónde agarrarse. Ningún indicio de que haya otro lado, o más bien la conclusión de que no hay otro lado.

¿Quién dará el primer paso sobre ese abismo, adentrándose en la Nada? ¿Quién pondrá el peso de su existencia en vuelo libre hacía el abismo?

¿Os viene a la cabeza la escena en la que el superhéroe Indiana Jones cruza el abismo sobre una superficie invisible?

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Desde hace semanas que estoy explorando con mi pie izquierdo, titubeante y acojonado, en trance o hiperdespierto. Sé que esa Nada tiene superficie y energías suficientes para soportar mi peso y el de quien sea. Lo sé, pero … estoy acojonado y por mucho que ese pie izquierdo siente resistencia invisible a su frotar, deslizar, empujar… no me fío ni un pelo. Sé lo que hay en el abismo, sé lo que me ha costado llegar hasta aquí y bajo ningún precio o premio, bajo ninguna coacción o promesa, … deseo caer ahí dentro.  Ya no por lo que me esperaría, sino porque sé cuanto me costaría volver a salir.

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Sé que la Nada me sostendrá, aunque no me esté fiando. Ha sostenido a otros. Tanto que comenzaron a correr como locos para perderse dentro de la Nada. No voy a ser yo quien lo juzgue o lo crítique. Mis simpatías están en parte con todos ellos. Dejan atrás al Gran Engaño. Salen de las leyes inventadas y programadas, como figuras que salen de rocas sólidas para abrirse paso por primera vez en sus existencias.  ¿Quién no saldría corriendo rápidamente, logrando distancia cuanto antes? Es perfectamente plausible, normal y comprensible. Una reacción como el del bebé, que primero no quiere salir del vientre, pero luego se aleja de ese nido con su propia evolución. Sí, miles de miles han dejado el alcantilado atrás, deslizándose como cohetes en la Nada, sin que ningún infierno haya sido capaz de atraerlos.

Pero eso, eso lo hemos hecho una y otra vez. Y una y otra vez hemos dejado atrás a unos muchos o unos cuantos. Cada vez que hemos sido impulsados a crecer de repente, hemos hecho uso de esos dones para salvarnos nosotros mismos. ¿Cuantas veces puede haber ocurrido esto en el pasado? No lo sé, pero diez millones de veces me parece una cifra tan real como si han sido billones de veces o cinco.  Sé que ha pasado, porque veo los rastros que se pierden en la Nada. Cualquiera que haya llegado al borde del alcantilado los puede ver.

Y así es como una y otra vez se tendrán que producir existencias. Son de aquellos que no se decidirán nunca a poner ambos pies sobre los infiernos y confiar que la Nada les será el camino firme y seguro. Las y los que se quedan atrás, las y los que por mucho cambio de ADN que hayan recibido, fallarán a la hora y en el peor lugar posible.

Yo no quiero que sea así. Yo quiero que todos se salgan del círculo vicioso.  Así que… mi miedo es más bien a mi mismo. A mi debilidad, a mis deseos y a mis sueños. Temo a ese corredor de fondo, que sabe que con tal de empezar a deslizarse un poquito, irremediablemente perderá todo ese pasado de la vista y memoria. Y no quiero.

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Así que, me daré la vuelta. Estaré de espaldas a esa monstruosidad de conocimiento. E iré hacía atrás. ¿Os acordais de ese juego de la confianza ciega? Uno se deja caer hacía atrás, y la persona en la que hemos de confiar, nos … nos cogerá para que no caigamos. Sólo que esa vez no hace falta dejarse caer hacía atrás. Con tal de poner ambos pies sobre el abismo, la cosa está decidida y en marcha.

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Lo haré delante de quienes no se atreven a acercarse al abismo. Para que me vean y comprueben que la Nada me sostiene perfectamente.  Daré pasos hacía atrás, de cara a quienes precisan con total urgencia ver y asistir al supuesto milagro. Luego volveré a acercarme – siempre de frente – a ese borde el alcantilado, extendiendo ambos brazos. Cogeré de mano a quien precise de ese tacto, incluso abrazaré a quienes me pidan que les salve de caer. No caerán, pero eso no lo sabrán hasta que descubran que están de pie, a mi lado, y a diez metros del borde, firmemente de pie sobre todos los infiernos y sostenidos por … nada.

Para formar una hilera entre pocos, luego muchos, y si lo logramos, entre casi todos. Que los que falten sean aquellos que se hayan lanzado más allá de esos diez metros, y que no quede nadie, absolutamente nadie en esas rocas del alcantilado.

Sólo así aseguramos que no vuelva a haber un mundo – existencia de crueldad infinita. Si todos los que podemos nos aguantamos las ganas de salir corriendo, nadie ni nada se quedará atrás. Hasta los más miedosos, impedidos o vulnerados se verán apoyados lo suficientemente como para probar lo que no se pueden creer.

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Eso sí. Prometédme de no salir corriendo. Prometédme de aguantar a diez metros del alcantilado y de volver hacía el mismo para invitar a quien sea a que pueda poner ambos pies sobre la nada.

Veamos lo que tengamos que ver. Sea cual sea la circunstancia de ese mundo que en su crueldad intentará atrapar aunque sea un trozo de un alma.

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Y ya sabéis también porque en tantas ocasiones casi todos corrieron lo más lejos posible del alcantilado, una vez que supieron que la Nada era mucho más firme que cualquier mundo creado.

Pero esta vez no vamos a asustarnos. Ni antes de dar los pasos sobre la nada, ni después cuando todo lo creado abrirá sus fauces para asegurarse algo de vida para seguir subsistiendo a costa de la misma.

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Hoy es un día perfecto para saberse especial y no haber caído a los infiernos de los deseos para explorarse a uno mismo. Hoy es un día perfecto para no quemar a nadie con la intensidad de un ADN netamente distinto.

Hoy voy de espaldas sobre la nada.

Observad.

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Tanques para Riven.