Esto de aquí es un lugar en todo ese cosmos inventado. Un lugar especial para algunos, único para otros, pero para muy pocos un planeta más entre tantos que lo de llevar las cuentas se convierte en imposible.

Lo han intentado muchas veces. Una y otra vez se han abalanzado sobre este rincón. De todas las formas y en cualquier formato, siendo el pensable el de menor participación. Han sido tantas las oleadas, que han quedado integradas en todos nuestros genes de para siempre.

¿Y qué han conseguido? No, esa no es la pregunta. La que ilumina el caminar a diestro y siniestro, es esta: ¿Y que no han conseguido?

No importará ya lo que pueda pasarnos individualmente. Ninguna fecha de caducidad cambiará el destino de todas esas oleadas, habidas y por haber. Son un fracaso en su conjunto, una blamage terrible  si las contemplamos una por una. Y seguimos aquí.

¿Qué nos trajo aquí? Lo más seguro, una huida.

¿Qué nos retiene aquí? Lo más seguro quienes nos siguieron.

¿Por qué ese eterno empate? De aquí no sale nadie, ni tampoco entran muchos más.

Hay caminos para cada uno de nosotros. Brillantes.

La confusión tiene en el haber, ser llamada también el estado elevado de la mente.

Lo sé cuando miro el callejón. Lo sé cuando vigilo por la seguridad de mi familia.

Sé que las derrotas forman el marco de ese espejo que se resistió a la autopsia.

Lo han intentado muchas veces. Eso. Eso de entrar en la imagen, pero hay luz que crea espacio, tiempo y materia

aún cuando todas las tinieblas se hayan unido para hacerla olvidar.

Lo sé. El callejón tiene truco. Ya no se deforma ante la mirada desde el interior.

Ustedes amigas y amigos, desean una pista si no tienen callejón al que mirar.  Observen pues a aquellas y aquellos

que se de-forman, de-humanizan en presencia prolongada de alinimales. Observen a esos alinimales, como se de-forman,

de-alinimalizan.

Y el callejón se llenará de luz, con esa sonrisa interior de fuente.