Dirán ustedes lo que quieran. Encontrarán mil y una explicaciones para todo tipo de cosas, circunstancias, momentos, hechos o conjeturas. Siempre habrá un conocimiento nuevo, que se añadirá como no, a billones de toneladas de conocimientos. Bueno, lo de las toneladas sobra, pero así al menos suena comprensible para quien almacena, guarda y defiende sus tesoros.

***

La cuestión del conocimiento es divertida. Por un lado todos los poderes fácticos proclaman a los cuatro vientos cuanto les importa que sus súbditos, empleados, subordinados, ayudantes, tropas.. perdón, los ciudadanos en general quería decir, puedan acceder a la mejor educación posible.  Ya sea la iglesia, los políticos, los militares, o cualquier otro. Ante todo acceso a la información, equitativa distribución del saber. Sí, así suena la canción.

Resulta obvío que no lo dicen en serio, y las y los que lo dicen aparentemente en serio o bien están abducidos, o bien tienen la cara más dura que cualquier presidente esculpido en mármol. Lo que recibe el ciudadano como educación, es más bien lo que sufre. La mayor parte de los conocimientos que se distribuyen tan supuestamente en forma de generosidad en cualquier lugar de este planeta a las masas es una porquería, para que negarlo. Si no se atraganta con ella la mayoría, muriendo prematuramente de desconexión cerebral, es porque todos los seres llevan dentro una especie de salvaguarda.

***

Hace poco tuve la oportunidad de traducir unos textos de ensayos clínicos, o bien resúmenes profesionales de ensayos diversos. Les honra a los autores el apartado de conclusiones en todos esos casos. Certeza no hay, pistas mil, pero … faltan más y más ensayos para ir estrechando el nivel de fracasos. Nada es definitivo, y nunca lo será.  Cuestión de honradez admitirlo, cuestiones distintas y direccionalmente opuestas negarlo como sea.

***

Se nos vendió desde hace miles de años lo mismo. Una mirada fija a la cúpula nos muestra a la misma escondiendo al conocimiento, tapándolo, mutilándolo y reservándolo sobre todo. Un miedo ancestral ha de ser el motor de semejante tenacidad, transmitido de generación en generación.  Un impulso automático en quien dirige a los demás. Lo que sabe, ya no llegará a las y los que no saben, que por algo se ha llegado tan alto.

***

En los últimos 25 años hemos asistido a una verdadera explosión de cosas inútiles. El secuestro de los seres humanos lejos de sus ya de por si pequeñas cunas del saber se ha convertido en un movimiento bestial. El lema de “cuanto más tontos, mejor” marca ya a varias generaciones. Un trabajo impecable, monumental y a escala planetaria. Toparse con alguien con conocimientos sorprendentes es prácticamente imposible. La labor de hacernos asemejarnos entre nosotros ha llegado a la cúspide de convertirnos todos en base, tan plana como la mayoría de los encefalogramas de esa masa tan amada por quienes hacen ver que fueron aupados por nuestro propio deseo. Pero ya me dirán ustedes la válidez que tiene un voto de una hormiga, por muy trabajadora que sea. ¿Dije hormiga? Oh, perdón.  A veces me pierde la semejanza inter-especies, especialmente cuando comprueban los estudiosos profesionales cuan fácil resulta hacerle recorrer a cualquier bichito determinados pasillos para obtener alimento.

***

La mejor pista que teníamos somos nosotros mismos. O mejor dicho, lo que envolvemos. El agua. La segunda mejor pista, es que esa agua no se muere cuando morimos nosotros. No le da la gana, y por mucho empeño que la imaginación pueda suministrar, nunca lo hará. Vuelve a su cauce y punto. La tercera mejor pista es por tanto que nosotros no somos tanto envase o contenedor, sino más bien cárcel y secuestrador. ¿O me he perdido algo en ese camino de sentirme ser humano? No, desde luego que no. El agua que almaceno, lo quito de su movida habitual. Estuvo antes que yo, y estará después de mi. Estuvo antes que cualquier otra configuración, y estará después de cualquier evolución.

***

Esa parte implica – si se toma en serio – una gran dosis de humildad. Como delincuente – y cualquier cuerpo lo es a partir de la tercera pista – mis actos y los de mis semejantes pueden ser brillantes, pero… no llevarán a ninguna parte. El crimen no tiene salidas, salvo las de legalizarse a si mismo, y eso es lo que hacemos a diario, y en todos los frentes. Sólo delincuentes tienen que establecer reglas, y sólo en una sociedad de delincuentes puede haber leyes que les regulen de alguna forma, para evitar el caos absoluto.

***

Al agua no se le ven textos jurídicos, ni universidades, ni cámaras de comercio o multinacionales. No hay directores, no hay empleados, salvo lógicamente que alguien sea capaz de demostrarme que hay una gota en medio de toda esa humedad que lleve el mando. No la hay. Todas las gotas son iguales, aunque ninguna se parezca a otra. Todas se mueven a unos niveles de igualdad que ni mil millones de años de duro trabajo de re-educación podrán lograr en los humanos. Normal, porque no le veo yo a un secuestrador capaz de civilizarse. Digamos que con las manos sudorosas la cosa incluso empeora, si me permiten el chiste fácil.

***

Así que, lo que tenemos ante nosotros, entre nosotros y demás aparentemente nuestro es una situación de violación profunda de los derechos del agua. Al agua en sí no parece importarle demasiado, porque no hay quien lo atrape definitivamente. En cambio a nosotros nos impulsa a una actitud autodestructiva, algo que cualquier criminalista certifica cuando está delante de un delincuente de gran calibre.  Psicopatías, tomen las formas que tomen. Cuadros psicológicos que en criminalística tienen denominadores conocidos y reconocibles.  Los peores los que imponen el orden por encima de todo, los maniáticos de tenerlo todo controlado. Cualquiera de nosotros, por tanto. Ya, no se lo tomen a mal, amigas y amigos. El que manda aquí y en cualquier mundo, es porque le corroe por dentro la culpabilidad.

***

Ciertamente cualquier hormiga, cualquier insecto, cualquier animal, cualquier planta, tejido, célula o micro a macro-organismo es eso. Un delincuente, y ninguno de poca monta. El resultado de mezclar a billones de criminales en un espacio reducido tampoco sorprende con ninguna novedad. Es lo que en lenguaje llano se suele denominar como una miseria, una mierda, un asco y desastre. Es el caos. Secuestradores que acaban en una prisión que ellos mismos levantan a cada trago de agua que canalizan a través de sus envases-prisiones de agua. Si no fuese por las altas horas y el respeto, me echaría a reír un rato.

***

Un buen sabueso, un criminalista de verdad, un estudioso que no da nada por hecho, ahora comenzaría a hacerse dos preguntas. Una es prácticamente retórica. ¿Lo de las especies entonces no tiene ningún sentido, no? La otra en cambio, es algo más pacífica. ¿Hasta cuando?

Y sí. He dicho buen sabueso. Los que aún no han admitido su culpabilidad, preguntarían por autores, mientras calibrarían el suelo en busca de pedruscos contundentes que tirar.

***

La primera pregunta se contesta enseguida. No, no tiene el más mínimo sentido. Es incluso probable que dentro de una especie haya decenas, cientos o miles de millones de especies. Lo único que une es el crimen, lo único que permite pensar en grupos, es el afán de apuntar con el dedo.

***

La segunda quizá esté mal formulada, aunque mejorar la formulación es prácticamente imposible.  No tiene respuesta, al menos no como suele acostumbrarse. Pero si lo comparamos con la pregunta de millones de presos en miles de cárceles, nos hacemos con la idea de que para cada uno de los presos hay una respuesta individual.

***

Hoy he visto a un alumno asustarse cuando le localicé un conocimiento mal metido en la cabeza. Para mi, los seres vivos y no vivos no son delincuentes. El grado de inconsciencia es un grado de inocencia que nunca habrá que menospreciar. El agua es así, digamos que se deja moldear hasta cierto punto, y – porque no – también participa con ganas en esos juegos malabares. Ese alumno vió como dos movimientos de mis aguas amenazaban con quitarle toda la base adquirida en años largos de estudios. Comprendió en milisegundos que no sabía nada, y que sus conocimientos se habían erigido sobre una base errónea. No crean que estamos hablando de metafísica, o ciencias avanzadas. Son simples clases de idiomas, las mías. El dar con un uso erróneo de uno de los tres verbos principales, ni más, ni menos en el caso de ese buen alumno.

Yo sé cuanto aman a los conocimientos que tengan ustedes. Lo sé, porque a diario me adentro en las selvas que atesoran. No uso machetes, ni dejo pistas o pisadas. Voy, encuentro el conocimiento en lamentable estado, lo pongo de pié, le doy mimos, lo reestablezco en su esplendor de único, y lo integro en el flujo del viento del saber que caracteriza a cada individuo como completo, si así lo quiere vivir.

El agua fluye, y fluirá pase lo que pase.

Eso sí. El juego de los prisioneros toca a su fin. El de los secuestradores. El de los criminales.

No porque yo lo diga, o porque sepa que es así. Que va.

Simple y llanamente porque habrá un juego distinto.

***

Que tengan un día feliz.DSC08612 copia

No saben cuanto se lo merecen.