Querido Fedor:

 

Han pasado muchos meses desde nuestra última comunicación más obvia, aquella que formaba parte de otras en cadena, y que simplemente pretendía asegurar que determinadas observaciones llegaran al otro con total seguridad.  El encontrarse solo en el camino es imprescindible, pero el saberse acompañado en la mirada, un último recurso como la manzana agria en medio del tumulto sin viandas posibles.

Ayer tuve ocasión de ver más allá de ver una típica de las nubes lloronas. No voy a describir lo que ví, porque es harto conocido. Es como describir una taza de café una y otra vez, a sabiendas que la mera percepción de su forma ya es haber caído profundamente en el abismo del engaño tan minuciosamente preparado para el observador y su audiencia posible.

Fue lo que sentí, lo que a vos, querido amigo, le puede significar una cuerda de luz a la que agarrarse para dejar atrás la estrechez del embudo oscuro.

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Pensábamos que las nubes se movían, querido amigo.  Que el viento las movía, y que sus formas de alguna manera cambiaban a merced de las circunstancias atmosféricas.  Nosotros, otros, muchos y muchas antes de nosotros y nosotras, muchísimos después. Pensábamos que giraban alrededor del planeta, y que la rotación y presión atmosférica producían el resto, aquello que activamente o por pasiva estamos viendo.

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Se acordará, estimado colega, de aquellas nubes de formas alucinantes que tuvimos ocasión de ver en mi étapa de Medina Sidonia. Sabíamos que eran claves, que por un momento toda la parafernalia quedaba a nuestra vista. Tanta fue la información, que nos – si me permite la voz de la ironía – “nubló” el cuerpo, y fundió la mente.  Usted ya sabrá a estas alturas, que fuimos nosotros quienes provocamos aquella circunstancia, que fue nuestro deseo imparable de ver más allá de lo invisible. Quisimos que por una vez tomara forma lo que sospechábamos sobre nuestras y demás vidas. Pero… cuando se produjo, no fuimos capaces de comprenderlo.

https://sombrasbaul.wordpress.com/2011/05/01/nubes-plasma-y-haarp-en-accion/

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Pues… sí, las nubes se mueven. Un poquito, de hecho. Pero mucho menos de lo que parece. En realidad, la humedad se mueve mucho menos de lo que parece. Cien veces menos, mil… no lo sabría decir por ahora. No es la humedad en sus múltiples formas la que se mueve. Es lo otro.

Ya. Sé lo que percibe ahora al sentirlo.

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Pensábamos que eran las nubes las que se movían, pero es la estructura de tuberías y demás artilugios la que se mueve. Lo hace a velocidades variables, según las necesidades que atiende. Cuando se mueve a mayor velocidad, provoca fenómenos atmosféricos vistosos, y cuando lo hace a velocidad prácticamente nula, cuando se para.. es cuando tenemos esa posibilidad imposible de ver la estructura. Aquella tarde de las fotografías, usted y yo habíamos hecho lo imposible para pararla, y lo logramos. La humedad hizo el resto, dibujándonos las formas al poder asentarse sin apenas distorsión.

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No sé lo que ocurrirá ahora. Es posible que mi atrevimiento acabe en lo que ya sabemos. Puede que si, puede que no. Ya no me conduce el deseo de venganza o justicia al contactarle de esta forma notoria, ni siento culpabilidad alguna por las consecuencias de este terremoto. Las brechas se abren, y punto. La ceguera es un estado cómodo, pero no por ello ha de sobreponerse al futuro.

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Alguién irá a avisarle de que he publicado lo innombrable. Yo mejor que no lo haga. Repartámos el trabajo, actuémos en equipo, y que nuestras pistas sean inconexas incluso cuando cada uno de nosotros es una de las piezas del conjunto.

Siempre suyo,

M. Furlock