(435 años después)

Conocí al JFZ cuando ya daba todo por perdido.  De poco me había servido la superioridad manifiesta de tantas batallas cuando llegué al Lugar. No podía imaginarme siquiera en las peores conjeturas lo que sería eso de estar en el Lugar. No era posible que existiera. No podía, ni debía existir ese, el Lugar. Aún así, me consumía a cada paso que daba sobre su áridas tierras, a cada bocanada de aire que respiraba polvo y olores putrefactos, a cada contacto con sus aguas de cloacas. Pero ante todo, lo que convertía sobrevivir en el en hazaña impensable, era su apariciencia prácticamente nula de peligro, un todo normal, una monotonía de normalidad que acababa por volverme loco.

Había luchado contra bestias de mundos infernales, contra humanos putrefactos en infiernos paradisiacos… pero nada tenía que hacer contra lo que prácticamente me estaba engullendo a placer. El Lugar.  Tan bien disfrazado, que el propio disfraz era lo que yacía debajo del mismo.

***

“Puede haber un número de habitantes de este planeta que piense que no es más que uno más entre billones de billones. Es lícito pensarlo. El espacio tan vasto, esas estrellas, esos otros planetas cercanos como lejanos son una excusa perfecta para ir tejiendo ropajes de enanos miserables e insignificantes.”- dijo el joven fotógrafo zen mientras manoseaba nada en sus manos.

Riddick, apoyado contra una de los muros de una bodega que exhalaba el aroma de vinos y actividad centenario quiso afirmarlo, pero aún le faltaban fuerzas incluso para eso. Había visto tantos mundos en esta y otras galaxias, que la Tierra no era más que eso para el. Un insignificante grano más en una playa de arena, de desiertos sin fin.

“Luego están los credos y demás ejercicios que llevan como leitmotiv la idea de descentralizarse de todo. No tienes importancia, ese es el mensaje de todos, esa es su esencia general. No te sientas como el ombligo del mundo, porque… no eres nadie.”

Riddick volvió asentir levemente, aunque algo en el se rebelaba contra esa última afirmación.

“Y finalmente, … bueno, ya sabes Riddick… finalmente llega el cansancio, la decrepitud, eso lo que llaman la vejez o envejecer, pero que a lo sumo es el último momento de la muerte que se fraguó y comenzó a funcionar cuando naciste. Nada perdura para siempre, todo cambia, y para que añadirle más al tema que tu ya me entiendes.” – El joven fotógrafo zen cambió bruscamente los manoseos de la nada para sustituirlos por otros manoseos más dinámicos de la nada, lo que interrumpió de inmediato que Riddick volviera a asentir.

“Entonces llegas tu. Si, tú. Y te cargas a cientos, a miles de apestantes malhechores. Instauras una especie de justicia momentánea, unos segundos de nada en medio de un tiempo inabarcable. Pero… no te haces consciente de eso hasta llegar aquí. Al Lugar. Por eso, querido Riddick, por eso te estás consumiendo, y por eso te consume el Lugar.”

Riddick no lo comprende. Percibe la relación, sabe lo que ha hecho y lo que le ocurre ahora, pero no llega a enlazar eso del Lugar con su estado cada vez peor.

El joven fotógrafo zen le mira a los ojos cuasi apagados, dejando de manosear nada en la nada. Ha llegado el momento. Le da un golpe certero en el hombro derecho, como el posarse de una mosca sobre la piel.

“Sí. Llegas tú, y …”, – le da otro golpe, este en la sien, igual de suave e acariciante -, “… y de repente has dado con el centro de todo, con el Lugar, con la diana en sí misma, con el núcleo. Tu problema es que aún no has visto dónde has aterrizado, Riddick. Aún te tiene engañado el conjunto y el detalle. Este, querido amigo, no tiene par en ningún universo posible o imposible. Este, Riddick, es EL Lugar.”

Riddick, ante el tercer golpecito, esta vez en su cadera izquierda, se derrumba flácidamente, deslizándose por la pared hasta quedar en la acera como despojo sin vida. No lo hace por los golpes que ha recibido, que sumados hubieran sido incapaces de desviar a una mariposa de su vuelo. No lo hace por lo que ha escuchado. Lo hace, porque el derrumbe es el primer camino que enseña el joven fotógrafo zen a todos sus alumnos cuando quieren adentrarse en las ruinas del Lugar.

***

(2 horas antes)

Me vió en una plaza, antes que yo a el. Esa diferencia era desconocida para mi. Me enfiló directamente, sin titubeos, fluído y con una extraña ausencia de intención alguna, pero lleno de certeza. Esa era otra diferencia que jamás había experimentado en mi contacto con otros seres humanos.  Me llamó por mi nombre, pero mi nombre sonó por primera vez en mi cuando lo escuché de su boca. A los pocos segundos, mi mente quedó anulada ante la avalancha de diferencias, de novedades. Me bloqueó sin más que verme antes que yo a el, con ir hacía mi, con llamarme por mi nombre. Se me nubló la vista, los oídos comenzaron a zumbar. Tuve un primer acceso de pánico absoluto, el primero en mi vida, y tan solo se estaba acercando. Quien quiera comprender al JFZ, que lo viva.

***

(34 horas más tarde)

-“Tu mismo lo dijiste, Riddick. Tanto tiempo entre humanos, que perdiste el instinto animal. Eso mismo te muestra que ‘lo humano’ es artificial. No existe. Es un montaje.”

Riddick se incorpora de la hamaca y con manos temblorosas intenta mantener el equilibrio. El sí sabía de eso, de perderse en entornos humanos hasta quedarse sin instintos.

-“Descansa. Esto durará unas semanas, no hay que apresurarse. Deja que la hamaca dicte el movimiento. Deja que las telas te vayan meciendo al son y pulso tuyo.  Esta vez no hay que matar para seguir adelante. Esta vez no hay que morir, para no perderse el momento oportuno.”

Riddick vuelve a quedarse extendido, primero con los brazos  fuera de la hamaca, y luego al dormirse y de intervenir el JFZ como envuelto en una crisálida de telas colgando de dos extremos atados a los árboles.

***

(435 años más tarde)

Me explicó el secreto del Lugar. Lo hizo con suavidad, como todo lo que hacía.  Con esa mirada entre alegría y tristeza, esos ademanes de entre asesino y salvador. Con dulzura que sabía a todos los extremos. Sin prisa, y sin que perdiera ni un segundo. Sin perfección, y lleno de aciertos encadenados sin fisura alguna.

Que grán luchador hubiera sido. Que perfecta máquina de matar. Indetectable, y a la vista de todos.  No le hubiera visto venir, aunque estuviera hablándome mientras cumpliera con cualquier encargo en mi dirección. Podía haberme clavado mis propios cuchillos lentamente en mis entrañas, centímetro a centímetro sin que mi cuerpo se hubiera dado por insertado. Ante el JFZ, cualquiera hubiera sido cadáver, si el tan solo hubiera tomado ese camino.

¿Por qué no lo tomó?

Me hacía esa pregunta una y otra vez durante el proceso de cura.  Yo era prácticamente invencible y llegué a dominar fuerzas bestiales con mi lucha. Evité la desgracia en miles de planetas.

¿Tan superior era el Lugar, que incluso el JFZ no moviera su potencial contra el enemigo?

***

(144 horas más tarde)

– “No es cuestión de cambiar el opresor por mi. Tu también lo dijiste una vez, Riddick. “Lo que matas, te pertenece”.  Ya verás más adelante que eso del Lugar no es precisamente algo que te gustaría tener, algo que estuviera entre tus pertenencias o dominios.  Ni siquiera en tus olvidos.”

***

(498 horas más tarde)

-“Verás Riddick. Tu eres un stranded. Uno al que ese inmenso mar llamado mediocridad finalmente  tuvo que escupir sobre estas playas. Lo hizo, porque no pudo llenarte. Sí, no me mires así. ¿Acaso no te sientes totalmente vacío?”

Riddick se pone tenso. Nunca había visto a su vacío interno desde ese punto de vista.

-“Hora de hacer cuentas, amigo. La mediocridad no es un enemigo siquiera. Es un sistema, es una imposición. Contra ella la lucha no sirve. No sirve vencerla. Hagas lo que hagas, sueltes lo que sueltes, lo engullirá como el mar engulle piedra tras piedra que le quieras tirar. Con la mediocridad hay que emplear otros menesteres.”

Silencio. Ambos se miran.

-“¿No te parece insólito que haya una playa que el mar no es capaz de engullir?”-

Riddick abre un poco más sus ojos. El JFZ sonríe con los suyos, evaporando todo el frío que acompañaba hasta entonces las frases.

-“Eso es, amigo. El Lugar. El Lugar es el refugio de los stranded, de los como tú y yo. Es el bastión de la chusma, de los peores, de los intocables por la mediocridad.”-

Vuelve el silencio. El JFZ saca una botella de una caja de madera.

-“Un vino jóven. 94 años.  Si nos lo tomamos ahora, seguirá envejeciendo en nosotros. Si lo dejamos en la botella, seguirá envejeciendo consigo mismo y la poca luz que pueda llegarle cada diez o veinte años al abrirse la caja para la inspección de turno. ¿Qué opinas… unamos espíritus o dejaremos que luchen dispersos contra sus propios fantasmas?”-

Riddick alarga su brazo derecho, toma la botella y la descorcha con parsimonia.

-“A la mediocridad lo único que le hace la vida imposible… es crear algo que nunca pueda alcanzar. Celebremos por quienes idearon El Lugar, amigo. Y que podamos celebrarlo vacíos del líquido que todo lo corroe, mientras dejemos que nuestras miradas alcancen el horizonte tan esquivo.”

***

(545 horas más tarde)

-“Buenos días.” – El JFZ se acerca con el paso resuelto a su manera al responsable de tomar la decisión. Al llegar a la mesa, la rodea y alarga la mano hacía su interlocutor. Este, totalmente sorprendido, termina a duras penas con la rotación del sillón y de forma algo incómoda como divertido responde con estrecharle la mano al JFZ. Acto seguido, el JFZ se vuelve hacía la silla puesta a disposición de los visitantes, milimétricamente colocada frente a la mesa, y se sienta en ella.

-“Buenos días.” -, le dice con una sonrisa el responsable. – “Esto es nuevo, yo diría que muy atrevido”.

El JFZ sonríe como si hubiera cazado la inversión ya. No dice nada.

Después de un momento que pudiera calificarse incluso de ligeramente incómodo, el responsable prosigue. -“Viene a vernos para presentarnos un proyecto extraordinario. Hasta ahora no nos ha querido contar ni un solo detalle del mismo, pero ya ve, su insistencia le ha llevado ante mi. Adelante, cuénteme. Me tiene intrigado.”

El JFZ sonríe aún más ampliamente. – “El proyecto es así. Es nuevo. Todo lo que es, es novedad. Al igual que ese saludo que acaba de … ” – el JFZ suelta una ligera tos cómica …”de sufrir o gozar.”

El responsable asiente. Aún sigue sin saber de que se trata, pero comprende que todo lo que rodea a este hombre debe conducir a la novedad automáticamente.

– “Es un modelo de actuación que no se ha visto en este planeta hasta ahora. Abarca absolutamente todas las nacionalidades, credos o grupos. Llega a cualquier indivíduo. Si quiere compararlo, es como la informática, antes de que existiera la informática. Ya sabe a que nos referimos cuando pensamos en esos momentos antes de … , esos momentos en los que unas pocas personas se unen para iniciar un mercado totalmente nuevo.” -, le dice el JFZ sin variar en ningún momento la expresión de absoluta alegría en su cara.

– “¿Se refiere a los momentos iniciales de las grandes compañías del sector de la informática, no? IBM, Apple, Microsoft…?”

El JFZ asiente. Luego, cuando ya queda claro que sí, niega con la cabeza, para nueva sorpresa del responsable.

-“Nadie hablará más de esos inicios después del nuestro.”, añade el JFZ a la negación, mientras deja escapar una risita. – “Lo nuestro engullirá a los inicios de la informática como una ola lo hace con la corriente que la produjo. Lo mejor de todo es, que ni siquiera requiere nada nuevo. Ya está todo al alcance de nosotros. Sólo hay que juntar las piezas de… distinta forma.”

El responsable no sabe que decir. Nota claramente que el hombre le está diciendo la verdad y que no está fantasiando. Puede percibir casí físicamente la absoluta certeza de lo enunciado.

-“Hágame un favor y explíquese con más detalle. ¿De qué estamos hablando?”

***

(seguirá EDITÁNDOSE durante los próximos días, nota del autor)