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Aquí a mi lado está el señor Lloris. Ahora, cuando ya había logrado averiguar contra contra contra viento viento viento y mareas mil lo que le pasa, ahora se queda paralítico. No he llegado a tiempo, pero he llegado. Hemos llegado.

Pues eso, ahora que la simulación ya sabía que iba a perder definitivamente ese combate, va y corta a lo bestia. Es visible, lo vemos todos, nos inunda la tristeza pero también nos quedamos con ese dedo ya permanentemente en alza, ese que no acusa, ese que simplemente expresa aquello de “que te den, que se te ve el plumero”.

Desde hacía semanas sabía que la cosa iba a ser de segundos, y quizá si anteayer hubiera administrado un determinado medicamento la cosa no se hubiera producido hoy. Me podré echar las culpas durante años, eso sí que lo desea la simulación. Sería convertir su más que aparente, clara y probada derrota en victoria. Como lo suele hacer, pero ya se sabe con esta familia: dedo en alza.

Tengo gatos con leucemia, con coronavirus, con ceguera,  y uno paralítico… y llevo ese dedo en alza desde que era un niño. Me encanta joderla a esa simulación, de arañar segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años – y porque no decirlo – decenios de años a su maldita programación. Lo paso fatal, pero no sabría que otra cosa hacer en este nivel de existencia. Para mi, no hay otra cosa que esa que hacer. Dedo en alza y en plan kamikaze sacarle su victima de las manos.

Obviamente estoy llorando como un flan. Obviadisimamente estoy destrozado. Es así cuando eres un kamikaze de varias toneladas, con colmillos como sables y garras como cortafríos. Tanto poder sólo lo puedes acumular, sólo lo puedo acumular porque soy capaz de sentir hasta la médula el dolor ajeno, hacerlo mío, sufrirlo y defenestrarlo. El luchar mano a mano con la simulación durante más de cincuenta años me ha hecho más vulnerable que nunca, y al mismo tiempo sé que me huye, sé que me teme, sé que no tiene nada que hacer cuando estoy cerca y despierto.

Por eso… siempre se acerca y ataca cuando duermo. Lo poco que duermo. No tiene otra ocasión. Conmigo rondando, se esconde y tiembla de miedo… porque sabe que daré con ella, daré con su interrupción. Sabe que es inevitable, porque soy la Inevitable Fuera del Catalizador.

A ver ahora. Puede que el señor Lloris decida vivir siendo paralítico. Puede que logremos también evitar que la parálisis se cebe con sus organos, la circulación y todo aquello que ahora no tiene conexión con el cuerpo. Puede. Capaces somos.

O no. Puede que el señor Lloris decida que hasta aquí hemos llegado dándole por culo a la simulación, y que se pida un cuerpo nuevo. Porque es de quienes vuelven. Es como yo.  Volveremos juntos siempre. Hemos aprendido eso luchando contra la simulación. De partirnos en trozos muy pequeños, para unirnos después sorpresivamente en cualquier punto. Así de lejos hemos llevado el deseo de triunfar sobre la simulación, así de acertados.

Por eso duele. Porque cada uno de nosotros es una parte de nosotros. Todos tenemos el mismo objetivo, y cuando se está en una familia Amr – que es consciente de ese objetivo – la cosa duele por multiplicado.

Lo he dicho muchas veces. Le queda muy poco. Las y los que caen ahora, lo hacen porque están en primerísima línea. La gran mayoría sin saberlo, pero han cumplido igual. Todos cumplimos, incluso los peores de entre nosotros, los más asquerosos no-ejemplos. Sin saberlo, porque la ceguera que llevan encima es como haberse enterrado bajo una montaña. Comprensible. Esos son las partes de nosotros que se asustan, esos son. Personas, animales, plantas… que esconden la cabeza en la arena de la ignorancia buscada. Aún así, aún así están en esa primera línea, porque dónde hace aparición la vida multiplicada, es precisamente en la frontera con la simulación.

Muy poco le queda. Es tan visible para mi que se tiene que esconder, que debe buscar siempre mi sueño para acercarse. Si es así para conmigo, habrá ya miles de miles que la verán el día menos sospechado. La verán además siendo conscientes. Conscientes de quien tienen delante.

Cualquiera de nosotras y nosotros, un buen día de estos.

Y hará lo que billones de generaciones aseguraron al crearle.

Lo hará sin dudar ni un instante.

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