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Pensar en términos como la guerra o la paz conduce a tener que reconocer ciertas imposibilidades. Así, la paz no puede instalarse, sin que la guerra haya perdido. Eso convierte a la paz en guerrero, y eso… termina con la paz.

Es estéril pensar, sin reconocer. Es estúpido creer que la paz se logre entre seres, cuando los seres están expuestos a generar una y otra vez la guerra. Piénsese en un pueblo austriaco pacífico, cercano al paraíso.  Un lugar de naturaleza esplendorosa, con montañas y valles, ríos y bosques de belleza sobrenatural. Con una población dedicada a sus menesteres, pasando de generación a generación sin más que unas cuantas peleas de bravucones.

Y nace un cabrón. Y en tropecientos mil lugares de idéntica belleza y paz, nacen otros tropecientos mil cabrones. Hay que reconocerlo de una vez, no sirve meter la cabeza en la tierra de la paz y de la guerra, porque es GUERRA CONSTANTE, inducida y sin que ningún movimiento en esos terminos conduzca JAMÁS a una tercera alternativa.

Hay que reconocerlo, y ya. No son los seres los que se tienen que entender, comprender, reconocer y amar. Es un impulso que reciben todos los seres, y ese impulso es en quien hay que fijar la vista. Es lo que conduce a que haya cabrones, no los cabrones.

A ese impulso puede que tampoco podamos ofrecerle su liquidación. Puede, porque llevaría a victorias, y esas hablan de guerra. Pero podemos ofrecerle resistencia, una especie de mezcla entre guerra y paz que lleva a la alternativa tercera.

Podemos reconocer entre todos que hay una programación que desea ver cumplida sus objetivos sobre todos los seres. Podemos.

Podemos unirnos, no para vencer, si no para absorber, mitigar, aliviar, apoyar y prestar tantas más acciones a que esos impulsos se conviertan en aprovechables.

Por ejemplo, podemos convertir perfectamente todo tipo de contiendas en virtuales. Podemos eliminar el daño físico del mapa. Lo podemos hacer en casa, como en los ministerios. Podemos.

Si me gobierna un ejército de jugadores que ha vencido en una batalla a quienes yo apoyaba… lo aceptaré de mala gana, pero estaré vivo, yo y los demás que hemos perdido. Se habrá producido el impulso de siempre, pero todos lo contaremos.

Es fácil. Además, nos gusta jugar. Nos gusta ganar. Nos gusta incluso perder.

apunta

apunta

Juguémosnoslotodo.

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