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13:19hs

[Imagen idílica de un parque. Centro del mismo con césped, rodeado de caminos sinuosos. Diversos bancos, con padres hablando entre sí, echando un vistazo de vez en cuando al centro. En este, niños jugando alegremente. Juego favorito: la comba.]

De repente se oyen rugidos bestiales. Todos agachan los cuerpos instintivamente, un latigazo invisible que ha recorrido a todos los cuerpos en la escena. Los niños lloran, los padres gritan. Todos salen corriendo.

[Imagen idílica del parque, ahora vacío. La cámara fija, entre hojas que se van difuminando. Un zoom que sólo deja ver un trozo del centro, con las cuerdas y manillas de comba a la vista.]

Se mueve algo en la imagen. El bosque parece adentrarse en la escena, parece comerse la cámara. Empuja algo, aplastando todo lo que se le pone de frente. Cuando el polvo, la tierra salpicando y árboles cayendo finalmente acaban por desaparecer de la visión, aparece entre brumas la silueta de un gigantesco tanque.

[La cámara se queda fija. El tanque no se mueve.]

Se oyen unos gritos de niños. La torreta del tanque se mueve hacía su izquierda. 2 toneladas de cañón que apuntan. Los gritos de los niños se vuelven insoportables.

[El tanque se mueve un poquito hacía atrás. Queda parcialmente fuera del foco de la cámara. Sube el cañon. Lo baja un poquito.]

Una gigantesca explosión. Sordera. Ceguera. Duele el cuerpo de la onda expansiva.

[La cámara deja de vibrar. Entre humo y llamas se reconoce con dificultad al tanque, ahora partido en dos.]

Silencio. Silencio de sordera. Tardan diez minutos en escuchar al niño riéndose.

[La cámara gira a su izquierda. Un niño, con un tirachinas y unas bolas rarísimas, sentado sobre el césped. Cantando. De repente deja de cantar, gira la cabeza hacía la cámara, coloca una bola en el tirachinas, lo levanta con velocidad de vértigo, apunta… apunta…. apunta….]

Una explosión detrás de la cámara tira a esta hacía delante.

[Visión de tierra y hojas. Mueven la cámara. Quien la lleva se levanta. Barrido accidentado y en movimiento que descubre a otro tanque devastado en la lejanía.]

Silencio.

[La cámara gira, y enfoca dónde antes había estado el niño. Ahora hay dos.]

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13:52hs

Buena hora para entrar, calentar un poquito y luego, a las 14:05 meterse en medio del fregado. Al menos hasta las 14:09, luego salir pitando, sanarse, y volver a meterse sobre las 14:17. Tomarse esa con algo más de paciencia, por su duración. A muerte, como siempre, pero dosificándola.

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18:20hs

No paran de ocurrir cosas contra toda regla, sentido y orden. El propio sistema es quien emplea ahora lo que tanto hace ver que evita. Sembrar el caos, sembra el pánico, sembrar la injusticia. Menos mal que esas cosas no tienen la más mínima importancia en los sectores Amr, que pasaron de ser tiendas de campaña a fortalezas inexpugnables, y de ahí a nidos surtidores de Amr.

Sí, aburre la guerra.

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[La cámara enfoca a una cara. Es un niño, de quizá unos seis años como mucho. Mira directamente a la cámara. Ni siquiera pestañea.]

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22:24hs

La guerra es infame, pero puede volverse aún más infame. A cada paso, a cada muerte, a cada victoria, a cada batalla. Siempre hay
un paso posible en la dirección de la simulación, de repetir el pasado, de hacer del pasado más pasado, en vez de crear presente.
El presente no conoce las guerras, por eso pululan en y mortifican el pasado.

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[Vuelve la cara del niño. Esos ojos, después de horas, siguen abiertos.]

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22:46hs

A ciertas alturas, ya no queda espacio para absolutamente ninguna actividad creativa. Los que tenían presente, tirados como marionetas
de hilos temporales, se abalanzan sobre cualquier expresión que no les afirme y reafirme en
el pasado. Todo tiene que luchar, todo tiene que morir… o es aplastado.

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[La cámara sigue mostrando la cara del niño. Parece que ha entrecerrado los ojos. ¿Lo parece?]

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Quien da un premio, lo da porque le interesa darlo. Los premios nunca son libres, ni libremente dados.
Son las puntas de las lanzas y morteros del interés.

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[Entra algo desde la parte inferior de la pantalla en el campo visual. Primero parece que la pantalla falla
en esa parte, luego de un minuto se comprende que es algo rombo que empieza a asomarse]

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23:36hs

En el taller débilmente iluminado por los fluorescentes se escuchan golpes de instrumentos fuertes
sobre metal. Martillos, cortafríos y también el sonido de la radial.
El mecánico jefe sale por debajo del tanque y niega con la cabeza, mientras deja el
destornillador descomunal sobre la banqueta de trabajo.

No es que no tenga arreglo el tanque. El sabe que sí, el tanque también.

Simplemente, ninguno de los dos tiene ganas de que vuelvan las heridas.

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[Es un dedo el que asoma.]

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Cuando los premios que se dan resultan irritantes para el pueblo llano,
se dan para irritarlo.

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[El dedo ha llegado a tocar los labios del niño.]

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“Pssssssssssst”

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