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Los que están a la merced de un mecenas, esos están llenando una brecha interdimensional, desde el nivel 0 (simulación plena y completa) hasta el nivel 8 (presente).

Es una larga hilera de esferas psíquicas, unidos como por un cable que va de una a otra. Ya sabéis, como aquellas esferas que no paran de caer sobre campos. También esas tienen aún sus uniones que mostrarnos. Como perlas, y en conjunto, una cadena cuyo cierre debe de pesar varias toneladas. ¿Quien se pondría semejante cosa en el cuello?

Esos mercenarios son conscientes de que viven en la batalla. Viven de ella, y son el último resorte de la simulación. Ya cuando esta se encuentra fuera de funcionamiento, es la rutina de los mercenarios que la mantienen en su interior. Mecánicamente prosiguen, cuando el Gran Amo ya no es nada. Son ellos la salvación de la simulación, que en millones de millones de semillas esperará el momento idóneo para volver a florecer.

El nivel 8 no habla de ellos. Soy yo, profundamente indignado, quien los contempla. Soy incapaz de reconocerles el más mínimo sentido, ahora que la simulación está en sus últimas. Siguen matando, a sabiendas que eso no evitará el colapso en plena marcha. Lo saben. Lo reconocen. Están a la par en la cúspide de su sistema de información. Terminó su proyecto. A pesar de eso, siguen.

Si se observa a esas bolas, se verá que las uniones son de rosca, y que estas se encuentran en estado reconocible de corrosión. Es oxidación del hierro, que en la parte sobresaliente de la bola ha entrado en contacto con agua durante unos meses, o puede que años. ¿Agua?

Caen bolas del cielo y todos miran al cielo. Salen setas del suelo, y todos observan el mundo a sus pies. Nadie se espera que el caracol llegue volando, pero si lo hace, mirarán al cielo, en vez de seguirle el camino de la baba.

Una baba bien visible. Apenas pesa la bola, un hombre la puede levantar con algo de esfuerzo. Es hueca, y según cuentan, lleva un líquido dentro. Piensan en la invasión extraterrestre con armas biológicas dentro. Siguen mirando al cielo, resbalándose por poco en la baba que les rodea a cada vistazo.

Se reconoce el desgaste que ha tenido esa unión entre bolas. La cadena que los unió se quedó en el camino, pero sus tiras y aflojas se reconocen en la boca de la entrada del hierro en la perla hueca.

Esa bola no vino del espacio, si no del mar. Es lo que tiene cuando se roban billones de toneladas de agua, y se tienen que escupir las molestas bolas, tan especiales como útiles para evitar el robo. ¿O no vallan ustedes sus campos para proteger a lo suyo? ¿No ponen también ustedes tiras de papel de aluminio para con los reflejos espantar a los insectos y pájaros?

Las boyas flotan en el agua, especialmente si son huecas. Los caracoles flotan en los cerebros omnublados, hoy en una hoja de vid, mañana en los cielos y pasado en la sopa.  Aún así, no reconocen a un caracol cuando lo tienen delante de sus narices.

Mientras tanto, los mercenarios sembrando el pánico. Para que nadie mire, para que todos se asusten.

Agualma callling. Hay una Atlantida que nunca se hundió, pero de eso sólo se habla en el nivel 8. En los demás, billones procuran ignorarlo, viendo caracoles volar.

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Ya saben, cuando el agua suena, ríos lleva.

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