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2001 – 2012

En el 2001, en los meses de junio, julio y agosto comencé a tener síntomas físicos que hicieron que mis amigos me llevaran al hospital nada más verme.

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Como el equipo facultativo de cada ocasión no podía encontrar absolutamente nada que justificara el deplorable estado de mi cuerpo (que por el otro lado clínicamente estaba perfecto), se cansaron ellos, luego mis amigos y finalmente yo de ir a urgencias. Además, ya no podía.

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Bien, luego vino el 11-S.

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Lo mismo me pasó con los atentados en España.

Idéntico fue con el ataque terrible sobre Japón.

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Llevo el mes de agosto con los mismos síntomas, pero multiplicados por 10.

La variación no es sólo la potencia con la que están trabajando en el próximo desastre.
También lo es la capacidad de reconocer en mi lo que hacen al mundo entero.

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Yo esta vez no voy a quedarme en las líneas de defensa, que por el otro lado ya es todo un logro por nuestras partes.

Esta vez voy a ir a por ellos. Ha sido un junio espléndido, con acceso a una visión completa de navegación sin continuidad. Agualma me ha enseñado todos los secretos de los saltos, de localizar entradas y salidas, de mirar por el “espejo retrovisor”… y no será en vano.

Hemos trabajado esa parte de aprovechar el valle del tsunami, porque reconocimos en las batallas de sueños y pesadillas que toda ola vacía de capas también a la simulación. Así que, quien cree que ha reconocido en agualma su propia capacidad de navegación a saltos cuánticos y multicapa, bienvenido está en acompañarme en esos segundos, pocos segundos de máxima cercanía a estos desalmados.

Mi intención ya no es acabar con ellos. Lo que busco es distorsionar al emisor, a la infraestructura.

Faltos de empatía, faltos de recursos para el mantenimiento,
ergo heredaron lo que usan, ergo no sabrán volver a ajustarlo nunca más.

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Mis sueños se están volviendo de un tono que no he conocido hasta ahora. Es una especie de realidad de ocre azulado de trazos hiperexactos, más no sabría que añadir a la descripción fallida, salvo que me siento agualma en ellos.

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No sé si esta es la Victoria Imposible. Algo en mi me dice que no, que está por venir.

Pero ya he reconocido como me he ido protegiendo de saber en que me meto.

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Quienes reconozcais lo mismo o en términos parecidos, que sepaís que esta vez me lanzo más allá de esas mínimas capas en el valle de la ola. Será percibir el golpe y lanzarme, esté dónde esté, haga lo que haga en ese momento.

Sería fantástico que fuesemos una expedición inesperada, imposible, y númerosa.

Bueno. Somos eso. Da igual ya si damos con el nido de víboras, o si dan con nosotros.

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Tanque para todos.

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