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Es simple saber si la simulación se está haciendo pedazos en tu cercanía. Aquí te voy a dar unos ejemplos en escalada:

– Te levantas por la mañana, ves la luna – la maldices o no – y te giras para colgar la ropa (perdón, estás en tu terraza, o azotea, o en tu jardín…).
Luego de poner la última pinza en su sitio (o no), te giras para cabrearte (o no) un poco más con esa cosa que no gira, y ya no está. Esperas media hora como un tonto (o tonta, o ambas cosas) mirando el mismo punto dónde la viste por última vez. Después de una hora sin cerrar los ojos apenas, te hartas y entras medio ciego en tu casa.

– Pasas el día meditando ante el porrazo. Queda algo en ti pensando de que esta noche volverá a salir.

– Por la noche ves a tus amigos en la terraza del bar de siempre y les mencionas que te parece raro que la luna no haya salido esta noche. Tus amigos te miran, y uno de ellos te pregunta quien es. Tu te ríes. El se ríe. Todos se ríen. Dejas de reír, cuando compruebas que tus amigos no tienen ni idea lo que es la luna, ni lo que son lunas, porque simple y llanamente nunca han oído de ninguna luna. Te mareas y entras en el bar.

– El aire acondicionado del bar te enfría un poquito el cuerpo, repentinamente a mil grados centígrados imaginarios. Algo te parece raro en el bar, miras… y ¡diantre, Santi ha quitado las teles! Pero no solo eso. Tampoco están las cabezas de toros, ni todas las fotografías o cartelería taurina.

– Te relajas. ¡Universos paralelos! te sacude como pensamiento, y el bar empieza a tener paredes distintas, dimensiones nuevas, techo diferente … como una película que se extiende sobre lo que observas, cambiándolo. Te entra el pánico, porque notas que ese mundo paralelo – según tú – echa fuera al que conoces.

Cierras los ojos, te agarras a la barra (que sí que está, menos mal), y notas que tus piernas están flaqueando. Bueno, tu ya no notas nada, de hecho.

– Cuando te despiertas, ves que tus amigos están alrededor tuyo. Te han puesto en uno de los bancos largos del bar, te están abanicando y no paran de poner caras hondamente preocupadas. Poco a poco recuperas la verticalidad, te ayudan enseguida hasta que quedes sentado. Acercan una mesa y te tienes que agarrar la cabeza, hincando los codos en la madera. A la hora les has contado lo que sabes.  Tardas una hora, porque no conocen la luna, no saben lo que es un sol, nunca han oído hablar de un universo, ni de estrellas, y cuando les hablas de minerales o vitaminas, ponen exactamente las mismas caras.

– Tus amigos te piden que les cuentes exactamente como es ese otro mundo. Ya son las cuatro de la madrugada, cuando el último ha dejado de tener ganas de preguntar. Deciden que deberías tomar una decisión, porque tienes pinta de estar entre los vivos y los muertos. Te aseguran que el mundo en el que viven no tiene nada que ver con el horror que les estás contando.

– Te animas y vuelves a relajarte. Enseguida cambian las paredes de nuevo, el mobiliario, la calle… y acabas sentado en un salón amplísimo, en una casa en medio de un prado … y sales corriendo para ver de dónde procede la luz, porque luz hay. Pero no hay sol, no hay luna. La luz emana del aire, al menos eso te parece.

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Es una escalada algo forzada, lo admito. Lo más seguro es, que mientras tus amigos no se hayan decidido por ser creativos, les sale la luna y también el sol.  A ti, desde luego ya no. Pero he aquí lo que esos amigos creativos decían (según el recuerdo y sin continuidad):

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– “Lo sorprendente es que no nos notes diferencia a nosotros. Es un poco complicado abarcar ese detalle, ya que si el mundo ese del que hablas es así, nosotros deberíamos ser unas bestias. Habría diferencia, y notable.”

– “¿Pero qué es un bar, coño? ¿Una palabra nueva de las tuyas? Luna, sol, bar… es flipante lo que haces con el idioma. Si esta es una tomadura de pelo, a mi me la has colado pero hasta el rugilentro.”

– “Así que llevabas tiempo intentando anular ese mundo simulado. Pues… yo te diría que te ha salido bien, aunque no noto diferencia entre el Miguel de ayer y el de hoy, salvo esa alucinante historia, pare.”

– “Yo diría que dice la verdad goranga. ¿Os acordaís de ese tipo que nos vino a ver una vez con dos gorangas? Sí, el de Jerez, con el bigote rarito. ¿No decía ese que el problema de los gorangas era que vivían en un mundo hecho por los dos, y por eso no encajaban en el presente?”

– “Sí, podría ser. Quien nace en un mundo, quien crece en el, absorbe información que luego no quiere marcharse ante otras aperturas.  Por eso Miguel aún ve ese mundo, pero ya está en el de aquí. ¿Cómo dices que llamas al invento de tu terraza? ¿Strom-bo? ¿Sabes que aquí crecen unos árboles que se llaman muy parecido? ¿No? Ya… me lo imaginaba. O eres el mejor actor del mundo, o has logrado sintetizar la frecuencia de purificación, porque a esos árboles también se les conoce como los resets de Monk. ¿Qué no me pillas? Uff… “

– “Siempre pensé que ese tipo de Jerez … se había olvidado de concretar su visita. No sólo el bigote era rarito, también que no supiera bien porque se había llegado a casa.”

– “Dices que la cosa empezó antes, antes de que desapareciera la Muna. ¿No? Ah, Luna, vale, perdona. ¿Qué son aviones? ¿Con volar te refieres a mover el cuerpo por el lleno? Jolines, que lío, no? ¿Casas con alas en las que sólo vives durante el mover por el lleno?”

– “Bueno, tu sigue contando. Si luego resulta que ese mundo desaparece totalmente de tu visión y recuerdo, al menos nos queda constancia de … es que no sé como llamar a eso, jajaja.”

– “Sí, vives en una casa con alinimales. Eres conocido por eso y por tus inventos de palabras.”

– “Qué sí, que todos esos bichitos (lista de nombres) están aquí también, relájate.”

– “No creo que vayas a dejar a nadie atrás, más bien te los llevarás todos a dónde están aquí. Ya, suena raro, pero tiene sentido. Si te ha pasado a ti, les pasará a todos. Aquí al menos eres así.”

– “Sigo pensando en el tipo ese con los dos gorangas. ¿No decía también que los gorangos eran capaces de comunicarse entre ellos sin saberlo? ¿Y que daba igual con cual de los dos hablabas, nunca ibas a saber quien de los dos era? Pues se equivocó.  Bueno, … o no. Yo es que te veo igual, aunque sí que pareces… el mismo pero … jolines, tenía razón el viejo.”

– “En tu caso lo reconozco como algo vital la dedicación que tenías en ese mundo, pero aquí eso … es que no vas a explorar para tener que escapar. Todo eso no tiene el más mínimo sentido aquí. Este mundo no es un lugar para limitar a nadie.”

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¿Estás ahí? Pues eso.  Irán desapareciendo “cosas” y te darás cuenta de ello. En ese punto te puedes quedar, observando. O puedes seguir en lo que estabas haciendo, que me apuesto dos Saturnos o tres, a que era un tema creativo, sumamente creativo, hipnóticamente creativo, creativamente codificado además, para que ninguna copia resulte en lo mismo.

No, no veo tu vida, no sé lo que hiciste exactamente, ni de lejos.  Pero sé como dejó de haber chemtrails encima de mi casa. Cómo después de desaparecer literalmente, les tocó la misma medicina a los aviones. A los satélites. A cualquier cosa que volara y no fuese o bien un ser vivo, o una máquina por debajo de una cierta altura. Ahora ya no pasan ni los helicópteros. Fallan los coches y motos, aparatos y cachivaches electrónicos alrededor mío.

No, yo no espía tu vida, pero sé que eres creativa/o, y sé que tu creatividad recibió un impulso, y que convertiste ese impulso en hachazo a la simulación, al gran engaño, a la falsa realidad.

¿Sigues observando, o vuelves a llenar las baterías antiaéreas con obra, que por mucho que se copie, siempre resulta en otra distinta y original?

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Disfrutad… y quienes no, copiad.
Será lo mismo.
Un impulso
inevitable.

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(F11 en Firefox para pantalla completa / Las imágenes verticales pueden ampliarse más – View full size)

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Gracias Trinity – TaT, gracias David Icke. Estuve a punto de no publicar este texto
por el estúpido sentimiento de la vergüenza.
Luego vi la entrevista.
Gracias.

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Taller de aguaalma: https://sombrasbaul.wordpress.com/2012/07/30/un-dia-en-el-taller-de-aguaalma/