Parecen inocentes. Todo parece inocente. Tanto, que se nota que se hace pasar por inocente.

Una lagunilla de conservar agua-alma en marea baja. Un lugar para ayudarse entre todos a dar pasitos.

Un lugar dónde ni varía la temperatura, ni avanza el reloj biológico.

Un grupo que no es grupo, y cuya inocencia ciega cualquier maldad antes de que se materialice. Unos seres que van conectadas a las sombrasbaúl.

Yo ya no entiendo nada, ni comprendo. Ni quiero. Fin del Scherzo, inicio de la conexión, sea cual sea esa cosa, que reconozco, quiera o no.

Un parto inocente, fácil y desde lejos como cerca una excursión de amiguitos.

Inocente quien se lo crea, inocente de no-ocente, de no ver, de no mirar, de nunca reconocer.

Nunca más estaremos con las palabras a la par, salvo Jinquer quizá. Con su silencio, uno que no se reconoce hasta que te envuelve.

Si soy sincero, indecentemente sincero, esos cuatro días me han mostrado quien soy.

Que tomé la decisión adecuada. Que sufrí por llegar hasta esa lagunilla.

Que cualquier logro era bocanada-sombra de aire para darse oxígeno suficiente del arribar,

hasta  convertir cualquier dirección en movimiento que ya no tiene palabras en mi.

No. No estamos cerca de nada.

No. No mandan quienes hacen ver que mandan.

No.

Mandamos nosotros.

Con arcadas del esfuerzo de no traicionar nuestras propias convicciones.

Mandamos de verdad.

Mandamos en nuestras vidas.

Nuestras son.

Nuestras obran.

Nuestras catalizan.

Nuestras conectan.

Sí.

Aunque me quiera morir de las náuseas

que resultan de absorber

la indecencia antes

de que alcance

a cualquier

amigo,

cualquiera sea

su forma

de

ser.

***