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Esta serie se produjo esta mañana. Estuve durante unos veinte minutos haciendo tomas de distintas entradas, moviéndome entre lugares que ya conocía hacía los límites que La Máquina establece.

Es un proceso que desde luego no me ayudará a tener más amiguitos. En el, me parto en varias personas o carácteres. Está la abuela, que ante un No sonríe y saca la ametralladora (o no, y dispara directamente desde esa silla de rueda más falsa que su sonrisa, y para que contar que la mantita tapa un arsenal). Está el joven fotógrafo zen, alguien que ni siquiera yo conozco.

Abuela y Juvi (JFZen) se están dedicando a sabotear las puertas de La Máquina, yo y otros personajes que atisbo estamos por llegar más allá de la misma, para adentrarnos o asimilar, o compartir (la opción que me atrae) lo que nos podamos encontrar.

Eso hace que las primeras cien o doscientas fotografías muestran normalmente las trastadas de abuela y Juvi, caminos llenos de obstáculos y a su paso, sembrado de cosas rotas. Es también desde que dejo a estos dos ir a su aire, cuando se producen cosas con claros signos de daños. Tengo unas 14000 imágenes anteriores a esa forma de explorar, y ninguna jamás mostró el más mínimo detalle de mella. No es que yo crea en lo que digo, sino que esos dos además me envían las imágenes para que no vaya tan ciego como iba.

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Así, a partir de la 250 de hoy, se produjo un momento dulce, de paz y lejos de la parafernalia de La Máquina.  Creo que es el Mar Original, dónde arriba y abajo no tienen mucho sentido, dónde la luz no llega, aunque se produzca en el horizonte.

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Puede que quienes estaís esperando más imágenes espectaculares de naves, seres, oficinas, personas, alinimales, electroseres, mungis, cuerpos, mundos del arte, fuentes del arte… os parecerán posiblemente muy poco las que vais a ver a continuación.  Aún así, tienen un efecto sanador que no había experimentado en mi, aparte de cargarse
para siempre cualquier idea de
localización o perspectiva
fija.

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No he girado las imágenes, salvo la primera. La cámara no cambió de orientación, salvo quizá unos grados de balanceo por el esfuerzo de la mano.  La orientación “correcta” puede existir en algunas, pero en general es conveniente girar la cabeza un poquito, inclinándola hacía la horizontalidad que os dicten vuestros instintos. También os permitirá reconocer a partir de un cierto momento que ninguna orientación es la que manda, sino el Mar Original. Es divertido notar como la cabeza va girando a su aire.

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Dada la gran cantidad de imágenes, no he podido añadirle texto o descripción.  Lo haré en otro momento, si fuese necesario. Son casi toda la serie completa, porque así podéis sentir el viaje casi como lo percibo yo.

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Alivio.

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Si alguien desea entrar en el Mar Original por su cuenta y vaso, las entradas son de azul intenso, profundo y como sin capa de ozono. La velocidad de entrada es alta, y la temperatura de agua-alma ha de estar entre los 4 y 7 grados. Por encima de eso, vuelve el colorido y frecuencias múltiples mezclándose.

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