(Se irá llenando esto con texto que recoge algunas vivencias e impresiones de las últimas 48 horas en especial, con alguna que otra referencia a los últimos diez días. Son los flashes que me recorren ahora el cuerpo, recuerdos que se mezclan con mi alma, que surgen de reflejos en las neuronas.

Sobre las 22:00hs esperamos tener las imágenes seleccionadas, que encabezarán este texto, con lo que me aseguro que vais a sacar vuestro propio billete para El Increíble Viaje por el Portal de Adn.)

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Por fin siento como se relaja mi interior.

La conexión se mantiene estable. Es casi completa. En mi interior se mezclan dos aguas, una de la fuente, y otra reflejada. Ya no son desconocidas. Ya no son antagonistas.  Confluyen. Puede percibir con facilidad como se expanden fuera de mi piel.

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Han sido diez días en los que he ido arañando horas a la simulación. Hasta dormirme en el segundo mundo y despertar en el.

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Después de ‘¡Omá!’ llegó una serie llamada ESP, y esa fue un paso en falso. Un paso hermoso que algún día verá también su publicación aquí, pero definitivamente uno dado por temor, por excusarse, por salir huyendo.

Entonces no lo sabía, pero lo que me había entrado era un profundo temor.  No es que yo temiera obtener respuestas, ni siquiera me importaba si fuese una pregunta la resultante de todo el esfuerzo. No.  Era un temor que yo no había sentido antes, y que me dejó completamente fuera de lugar.

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La elección del Golfo de Aden bajo el título de Golfo de Adén, mostraba una trayectoria típica de proyectil. A pesar de todos mis temores, y en especial gracias también al nuevo temor indescriptible. En el Arte, creo que llaman a eso equivocadamente ‘el vacío que deja la inspiración’, o ‘el abandono de las musas’. Yo sabía que no era eso, pero lloraba cuando veía como el primer mundo se volvía manifiesto, empujando al segundo mundo fuera de mi visión cada vez que intentaba acercarme más allá de la portada al Golfo de Aden.

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Ayer, y para arañar milímetros cuando estaba a decenas de kilómetros de lo que me llamaba con brutal fuerza… me las veía con desfallecimientos, cansancio que me picaba por debajo de la piel, cansancio de mi líquido, de mi alma. Curiosamente no sólo afectaba a mi, sino también a las cámaras, a sus baterías, y a prácticamente todo que se me acercaba. Gato que se restregaba, gato que se acostó para dormir cinco horas.

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Por la noche vino uno de los Grandes de entre nosotros a visitar una exposicion de imágenes que muestra algunas obras de hace dos y tres años. Le hablé de la experiencia que estaba teniendo, y después de dos o tres palabras empezamos a confluir. El ya sabía lo que había detrás del conector, también compartía la percepción de las capas, de la simulación y del segundo mundo. Me habló de un tercero, cuarto y quinto. Me preparó para seguir.

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No fue a través de la cámara que entré definitivamente en el segundo mundo. Fue el segundo mundo que entró a través mío. Esa era la dificultad, esa había sido la razón por la que no me podía acercar. No era yo quien se tenía que mover, sino el segundo mundo.

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Y lo hizo.

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Ahora, todas las imágenes anteriores, todas las series, y cada detalle de esos tesoros captados del segundo mundo … guardan relación.

Absolutamente todo guarda relación.

Sinceramente sé que vais a experimentar esa sensación al ver las imágenes de hoy.

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