Si observas estas imágenes, puede que se produzca una historia en ti:

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Te voy a contar una historia que acabo de ver en mi.  Que enmi-fuerademi acaba de compartir conmigo. Tu historia, la mía. Nuestras aguas nunca están separadas.

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historiadelconector-001

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La simulación funciona bien simple. Instala una especie de cúpula, que aisla. Así crea un interior y un exterior. Alrededor de la zona interior simulada, posiciona ondas con información. La simulación es básicamente un fenómeno eléctrico. En la imagen puedes observar parte de la cúpula, y también una especie de apertura. Esa apertura no es otra cosa que el tímpano entre el primer mundo y el segundo. El primer mundo es el interior simulado, y el segundo mundo es aquel que no quieren que conozcas para nada.

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historiadelconector-002

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La cúpula no es perfecta. Hay demasiadas cosas que precisa la vida y que no proviene del interior. La simulación está obligada a mantener una parte de sus poros abiertos, de lo contrario no podría mantener la tensión necesaria para convertirse en todo tipo de formas aparentemente fijas.

Por esos poros entran también chorros de Agua-Alma. Durante miles de años esos chorros se produjeron sobre los mismos lugares. Desde hace pocas semanas, con el violento cambio de inclinación del planeta Tierra respecto al eje del universo, esos chorros inundan ahora lugares que nunca los sintieron.

Pero hay más: como esos lugares geográficos no atrapan a los chorros, como sí hicieron los lugares que durante miles de años estuvieron debajo de los mismos, tu puedes atraer el chorro sobre ti, con tan sólo imaginarlo.

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Para te sea más fácil la primera vez, vamos a animar la simulación un poquito con la siguiente imagen, en la que has tomado la decisión de viajar al segundo mundo, es decir a dejar atrás la simulación.

Eso lo consigues si te conectas con ese segundo mundo, y para la conexión sólo tienes que sacar el conector, alargar el cable y enchufarte.

historiadelconector-003

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Si, sé que suena fácil pero luego resulta que no lo es. Parece que te levantas una y otra vez de la superficie, pero vuelves a caer en ese líquido que te forma. Te atrapa tu propia existencia, y también el deseo. Tantas ganas, tanto aprendido… y se deshacen tus intentos con caídas que parecen resonar como chapoteos en la sociedad.

Pero… algo se va activando. Hay un poco de oleaje como reacción. Incluso parece que lograste enviarle al tímpano universal algo de dentro de ti.

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En tus idas y venidas, en tu levantarte y caerte, acabas por sentir que el suelo se va abriendo, y cómicamente más a ti que a tus amigos o conocidos, familiares o compañeros. Te pareces hundir en tu propia vorágine, y las miradas desde fuera te lo confirman. Esos momentos son desesperantes, los primeros casi insoportables. Luego te vas relajando, porque no parece haber fondo, y en esa relajación notas como algo en ti se hace distinto, algo que sólo tu sabes hacer, algo que haces sin más.

historiadelconector-004

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Suele romperse ese sentir. Una y otra vez también. Quedas atrapado en ese juego de notar algo, cerrar los ojos.. y otra vez se ha roto. Los deja-vus, el sentir cosas raras, el tenerlo todo claro y … de nuevo se rompe algo. Vas sintiendo algo parecido a “con la puerta en las narices”, primero para enfadarte, luego para molestarte, y poco a poco interesándote más que nada.

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Y un buen día vas y te sueltas. Te olvidas de conectores, de tímpanos, de mundos y te sueltas.

historiadelconector-005

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Te da igual si caes, o si vuelas. Te importa un pepino lo que puedan decir los demás. Te sueltas y te dejas llevar por el flujo, que no acepta conectores, sino sólo Agua-Alma, es decir sólo a ti.

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A partir de eso, tu mantienes con tu piel una conexión y conviertes tu interior en parte del segundo mundo en el primero. Como un barril lleno de todo aquello que el primer mundo aisló, ahora aislado dentro de ti pero siempre a mano para quien lo pueda necesitar.

historiadelconector-006

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Se vuelve fuerte e indestructible esa conexión. Sin más interrupciones, sin más ideas preconcebidas. Te nutre, y a través tuyo, nutre a todo ese interior que estuvo separado del hogar.

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Sí. Tienes razón. Es fácil contarlo. Pero te recuerdo que el único conector al segundo mundo que hay en tus existencias eres tú.

Así que, demasiado difícil tampoco será.

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