Dejé instalado en todos los lugares por dónde he pasado en el último año una especie de cosa automática.

Esa cosa me avisa cuando hay acercamiento a la fuente cercana, o mejor dicho, son los cañonazos los que me avisan. Cada una de las fuentes que visité tienen una batería, dos o mil que la protegen, capaces de aislar la fuente por completo de cualquiera que tiene anclado sus intereses en el Primer Mundo.

Pues bien, hoy al menos cuatro fuentes están iluminando el cielo de mi interior con virulentas cargas. Están defendiéndose.

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Así que voy a aprovechar la hora de Je t’aime de hoy para ver lo que me cuenta el agua sobre lo que está ocurriendo. A la vuelta os pasaré las imágenes. Puede que tarde un poquito más de la cuenta, por costumbre, o bien porque he podido ampliar la hora.

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Si queréis ver por vosotros mismos lo que cuenta el agua ANTES de que yo publique lo que me ha contado a mi, simplemente jugad con agua y contemplad.

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Aquí las imágenes prometidas

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