El año pasado tuve por estas fechas varias corazonadas. En mi caso eran las que alcanzan al Guerrero, las que le hacen titubear, las que le hacen vulnerable. Eso fue el año pasado.

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Este año, en vez de tomarlo a la defensiva, dejé al Guerrero tomar ventaja y que se desenvolviera sin mi, sin el lastre que yo podía significar. Le hizo invulnerable, y a mi me dejó libre de ir en pos de las corazonadas.

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Hace un mes y medio, o puede que dos, volvieron las ondas de la presión, volvieron las presiones, y volvieron las y los que interrumpen. Sin Guerrero, reaccioné de forma distinta a esas maniobras de descentrarme. No tuve titubeos, no reaccioné, ni luché como sería de esperar, conociéndome a mi.

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A lo lejos podía ver al Guerrero repartir tortas que daba gusto. Eso cuando las sombras me dejaban un hueco en su apelotonarse sobre mi. O cuando pegaba un grito de los que – conforme iban pasando los días – evolucionan con cada nota final. Se volvió caro, muy caro querer usar mi espíritu.

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je t'aime - minute zero

je t’aime – minute zero

Hace una semana tuve la certeza de un avance definitivo, y también supe que iban a llegar los golpes más descarados, aquellos en los que toda máscara cae, incluso la piel, incluso la cara, la moral, la ética, las convicciones y lealtades. Sin Guerrero, no hay límite en pulirse. No hay tejido capaz de absorber esa luz.

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Hoy logré meterme en el flujo. Durante más de una hora. Todavía estoy llorando, todavía me está abriendo en canal, y aún ahora, horas después, lo que quiero es salir corriendo en busca, aunque me perdiera buscando debajo de todas las piedras que haya en el universo.

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Pero es el Guerrero que sale a forzar, y ese buen espadachín no podrá guiarme en la senda que voy abriendo.  Una senda que lo primero que ha hecho, es mostrarme cómo se está impidiendo que cualquiera entre en el flujo. Algo que con el Guerrero no hubiera podido ocurrir, ya que el Guerrero no tiene más oídos que los que usa para sobrevivir.

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Ahora sé para que están los chemtrails. Sé exactamente lo que impiden. No sé  como lo hacen, ya que eso no tiene la más mínima importancia ante el horrendo crimen que cometen en su función.

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Puede que se interrumpiera el viajar por el flujo después de esa hora, porque de durar más, incluso de intensificarse, me hubiera matado antes de poder escribir esas líneas, ya que para escribirlas ciertamente salí. Al menos por hoy.

je t'aime - minute cinq

je t’aime – minute cinq

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Esos chemtrails, con sus punch-holes, con sus formas sibilinas como grotescas. Esa aberración, esa Gran Aberración. Verlos justo sobre el lugar dónde se interrumpió el flujo, y reconocerlos, comprenderlos en su alcance y uso. Eso ya será para siempre, para todos los días, y sobre todo, todas las noches.

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No serviría de nada explicarlo. Ni siquiera dar pistas, o hacer mención de algo que pueda conducir a una conclusión. No hay nada que comprender, sino mucho que sentir. Sea dicho, que ese sentir – hoy por hoy – tiene un precio que ha de pagarse por imposición. Lo cobran, y lo cobran enviando sus silfides enseguida. Tanta hambre de ese sentir tienen, que anulan cualquier posibilidad de fluir, si es por explicación, si es por pistas, si es por algo que no sea genuino y propio de cada uno, de cada una de nosotras/os.

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je t'aime - minute huit

je t’aime – minute huit

Sé lo que va a deparar el día de mañana a mi. No sé lo que deparará a otras y otros, porque no hay quien sea como yo, ni hay nadie que sea como otro u otra. Lo que nos une, es el flujo. Lo que yo haré en el, a todos nos pertenece.

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Nunca había hecho lo que he hecho hoy. Exponerme al flujo, fluir y salir justo en el momento en que bajan esas lanzas en mi pos. Aún así, hay heridas, así que voy a tener que entrenar un poquito.

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También me ha enseñado que esas heridas llegan por haberse hecho visible. O que durante una hora logré permanecer prácticamente invisible, aunque emitía a una potencia que hasta a mi me hizo poner cara de incrédulo, así como alguna que otra risita.

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El día sólo tiene 24 horas. Le quedan 23 a la simulación.

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Una menos, y no sólo en Canarias, sino en todo el Uni-Verso.

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Una que ya me pertenece y que la puedo incluso compartir.

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Una hora, que no perderá ningún segundo nunca más.

Al igual que el Guerrero

corta con exquisita destreza,

yo no cedo

de

mi sentir

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