Saliná no contemplaba esa vista extraordinaria que quitaba el aliento. Su mirada, si bien estaba dirigida a esa lejanía del suelo, apenas registraba la actividad en aquel fondo que se extendía hasta el horizonte.

Era la luz que la había atrapado. Una profunda comprensión de la luz que hacía de la misma una amiga, un trono, una casa, un hogar.

“Te conozco”, susurra por los labios entreabiertos, aprovechando ese suspiro que finalmente se abrió paso entre largos años de oscuridad a plena luz del día.

“¿Por qué has tardado tanto?”, le cruza la mente, otro suspiro, y un atisbo de la humedad que tantas idas y venidas ignoradas había empapado en mares con fondos para arrodillarse y ceder.

La habitación tan fría ahora. Geométrica y desprovista de cualquier capacidad de ser madre jamás. Los pisos inferiores, apareciendo en su mirada por debajo de sus pies, traslúcidos en sus inútiles intentos de tapar. Líneas que se juntaban en esas calles, llenas de ciegos construyendo un mundo para chocarse lo menos posible con esos ojos cerrados a hormigón y canto.

Saliná despierta sin cerrar los suyos. Se encamina hacía la salida del dormitorio, abandona el piso. No toma el ascensor, prefiere bajar las escaleras de emergencia, para hacer así más ténue ese irse, para así poder despedirse de tanto testigo de flujos atrapados.

Es en la calle cuando se le abalanza el infernal ruido del mundo de los ciegos, dónde las señales son explosiones, dónde la indicación es una flecha, dónde la orientación es a base de corredores matemáticos, porque nadie sabria andar por su propia cuenta en terreno abierto.

Miles de caras la observan en su quietud, a esos tres pasos fuera del edificio, a esos cinco pasos de la vena-corredor llena de trozos, llenos a su vez de ciegos que sin pista única, no sabrían volver, ni llegar jamás.

Saliná inspira profundamente. Una mirada hacía ese piso tan alto y lejano, por muchos pasados que lo anclaran. Otra hacia el cielo, con su luz habitual compuesta matemáticamente para los ciegos. Y otra, en sus inicios, hablando con la amiga.

***