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“¿Oiga?….”

“Si, pase, la puerta está abierta. Vaya a la terraza, ahí está el Strom-bo-raspador. En cuanto haya terminado con atender a los pacientes, estaré con usted.”

El hombre, trajeado, asoma su cabeza por varios sitios, pero no localiza en su camino a la dueña de la casa, que ahora resulta que es una consulta. De buena educación, tampoco desea ahora interferir con voces, así que se encamina a la terraza. A su paso por el pasillo laberíntico no puede evitar miradas extrañadas. Hay cosas que nunca ha visto en su vida, y eso que su vida había visto de todo y más hasta ahora.

En la terraza se encuentra con el cambio del Strom-bo, algo que tampoco había experimentado jamás en sus días vividos.  La modificación de las ondas es tan fuerte, que le recorre un espasmo nada más salir al exterior. Se intenta agarrar a una verja, pero esa parece ceder. Casí pierde el equilibrio. ‘¡Qué paz!’, piensa-siente-experimenta-reconoce.

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“Perdone la tardanza, pero tengo yo aquí unos casos que requieren simplemente observación y reconocimiento. Ya sabe, la mirada que cura, o las señales captados que se van y ya no repiten dentro. ¿En qué puedo servirle, señor…? ¡Yo creo que le conozco, es usted… a ver…”

Emilio Botín: “Soy Emilio Botín.”

Karma Brescida: “Me suena usted, y ahora con el nombre más. En fin, son tantas las personas que pasan por mi consulta… me tiene que perdonar.”

Emilio Botín: “No había venido antes a su … ejem, consulta. Yo venía por el tema del Strom-bo.”

Karma: “Ah, pues mejor. Pues ya lo tiene delante. ¿Qué le parece?”

Emilio Botín: “¿Cual de todas esas cosas es el Strom-bo, señora?”

Karma: “Es el conjunto, pero la pieza fundamental es usted.”

Emilio: “Ya lo percibí nada más entrar, digo salir… es que es un poco raro es de salir a una terraza y sentir entrar en … en… “

Karma: “Volver a la placenta, al nido… sí que es rarito. Yo tampoco me acostumbro, la verdad.”

Emilio: “¿Y sigue en pie esa oferta que leí en el blog?”

Karma: “Sí, claro que si. Aunque yo dispongo de poco tiempo, como comprenderá.”

Emilio: “Yo tampoco tengo demasiado.”

Karma: “Entonces, manos a la obra.”

Media hora después, una limusina recoge al señor Botín. El chófer no pregunta al amo dónde hay que ir. Nunca le ha visto así, por lo que prefiere enfilar simplemente por la campiña que se está engalando con las sombras de la noche.

Al día siguiente, una noticia recorre los pasillos de las agencias bursátiles, hasta llegar a los pasillos de la prensa y de ahí a los pasillos estructurados de los ciudadanos.

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vientos_a_favor

vientos_a_favor

Dudas Razonables: “¿Has visto lo del Botín?”

Karma: “¿Quién? Me suena ese nombre….”

Dudas: “A ti ni te sonará el nombre mío, sino te lo repito un par de veces por semana.”

Karma: “Es que no tengo sitio para esos datos en mi mirada, hijo.”

Dudas: “Pues el Botín ha decidido tirar de la manta. Están deteniendo a cientos de estafadores de gran calibre.”

Karma: “Oh, eso sí que es una buena noticia.”

Dudas: “No sé, no me fio de esos. Son del club…”

Karma: “¿Qué club?”

Dudas: “Los Bilderbergers. ¿Dónde vives, Karma?”

Karma: “Mira a tu alrededor, esa es mi gente. Me absorben con su información. No me riñas por eso.”

Dudas: “Ya te conozco, era broma. Pero eso, que no me fiaría de esos tipos. Igual es todo una operación de marketing. Otra más.”

Karma: “Cambiando de tema. Ayer tuve aquí una visita de un señor que vino desde Madrid para una sesión de Strom-bo. No veas que descarga tuvo. Me pregunto si la gente de ciudad sabe cuanta carga llevan encima. Deberíamos crear Strom-bo-centros, bueno alquien los debería crear, que yo … no doy abasto, vamos.”

Dudas: “¿Desde Madrid? Wow. Empieza a ser cosa de peregrinaciones, hija.”

Karma: “Yo ya dejo la puerta abierta, así no me interrumpen con el timbre.”

Dudas: “Bien hecho. Bueno, con tu permiso, me doy una descarga en la terraza, si está libre.”

Karma: “No lo sé, échale un vistazo. Me toca atender a unos pacientes.”

Dudas: “Tu a lo tuyo.”

En honor y reconocimiento a las personas que cambian el mundo para mejor sin saberlo.

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