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Dice Lao Tzu, que

Cuando un hombre superior oye del Tao,
inmediatamente comienza a encarnarlo.

Cuando un hombre normal oye del Tao,
medio cree, medio duda de el.

Cuando un hombre estúpido oye del Tao,
se ríe a carcajadas.
Si no riera
no sería el Tao.

Así pues se dice:

La senda hacía la luz parece tenebrosa,
la senda hacía delante parece retroceder,
la senda directa parece la más larga,
el verdadero poder parece débil,
la verdadera pureza parece deslustrada,
la verdadera constancia parece voluble,
la verdadera claridad parece oscura,
el arte más elevado parece simple,
el mayor amor parece indiferente,
la mayor sabiduría parece ingenua.

No es posible hallar al Tao en parte alguna,
sin embargo, nutre y completa toda cosa.

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Sí, y resulta ahora, – ahora que finaliza la cosa -, que Lao Tzu tenía toda la razón del Tao, digo del mundo.

Ahora comprendo ese sueño del otro día, en el que me habían sentado casi a la fuerza a una mesa que cambiaba de forma constantemente. Un hombre, o quizá era una mujer… no paraba de apuntar con su dedo de la mano a la mesa, y en ella había billones de granos de arena, un polvillo de tan finos que eran. Cuando notaron (había muchos más entorno a la mesa, o en el lugar, observando) que me había concentrado en ese polvillo, el centro de la mesa recibió un impacto de luz, una luz con ondas oscuras que chocaron contra el polvillo.

Eso pensé yo, hasta que me di cuenta de que era el polvillo que producía esa luz, y que conforme pasaban los segundos, empezó a elevarse por encima de la mesa, en espirales hacía arriba.

En la mesa quedaron granos. Todos mucho más grandes que cualquier partícula de ese polvillo que se había marchado fabricándose un ascensor de luz.

“No irán. Se quieren quedar. Se creen grandes. No creen en su esencia.”

Esa fue la respuesta que, hasta al despertarme,  seguía repitiendo, algo muy típico ahora en mi cuando no quiero olvidar algo que en algún sueño me había parecido imprescindible. Lo apunté.

Hasta hoy, no había comprendido el sueño. Pero al abrir el Libro del Tao Te Ching como hemos aprendido en nuestros ejercicios, me saltó el mensaje y la respuesta.

Así que ahora, ya sabéis que vais a marchar. También que de todos los seres vivos en este planeta, los granos que quedaron en la mesa eran todos humanos.

Los demás nos marchamos.

nos-vamos

nos-vamos

Es lo que ocurre cuando se abraza al Tao.

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