He visto hoy las reacciones que provoca el poder que llevamos dentro. Hoy he comprobado como puedo hacer que todo funcione, o dejar que todo haga lo que le da la santa gana. ¿Aún te miras en la sociedad? Va siendo hora de que dejes de mirar dónde no estás.

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Ahora todos irán a por todo. Es un movimiento típico, arquetipo, totalmente previsible, manipulado, provocado y sostenido. No se produce la sensata reunión de fuerzas, sino la desunión y las mafias, el movimiento traidor y de Erpressung, y conviene que os vayaís a acostumbrar a esa palabrita, porque sino, la hostia será mayor.

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Esa no es una sociedad. Nunca la hubo. Lo que estaís mirando es, en todo caso, una mentira tras otra. Así no puede funcionar ninguna sociedad, salvo si es tremendamente competitiva. Y no lo es. Ninguna sociedad lo es, porque la verdadera capacidad de trabajar, de cuidar, de ayudar, de solidaridad y acierto en los pasos complicados precisan de mucho más que mentiras.

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Así que, es hora de dejar de observar la mentira de la sociedad. Darle la espalda, si lo queréis crudo, amigas y amigos. Pero cuidado, hablo de la espalda que se adentra en el presente, porque así las estocadas no llegan.

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Yo certifico a quien quiera que es capaz de hacer cosas que al final del día observará, rascándose la cabeza de incredulidad, o de sarpullidos. Usar esos poderes lleva a reacciones de todo tipo, y unas ronchas son la mejor señal para comprender cuanto poder se ha usado esta vez.

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Si ustedes rompen con el pasado, estarán lo suficientemente libres en cualquier pasado. No bromeo. Si logran romper un pasado clave, todos los demás pasados se vuelven aburridísimas secuencias, en las que TU de repente decides que ya basta, que ya sobra por hoy.

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Mírate en la sociedad. Observa si hay algo de ti en ella, y verás que no. Cuando veas algo que no tiene nada de ti, es que no existe.  Si quieres que te lo diga de otra forma, ten presente que la simulación tiene un gran problema: no puede simularte a ti dentro de ella.

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Lo que hace como mucho es hacer de ti alguien que sí puede simular. Eso lo has de romper, porque no hay variación en la simulación. Si quieres creer en una sociedad, palpa la que te muestren a ver si es capaz de reflejarte a ti como te mereces. Si no lo hace, desecha esa mentira, y sobretodo, comienza a explorar lo que hasta ahora te tapaba la mentira, porque será en esas exploraciones en las que te verás reflejado más bien temprano que tarde. Mejor dicho, más bien presente que pasado.

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No se trata de que te levantes y luches contra sistemas, sociedades, vecinos, o que los conviertes a todos en imbéciles o criminales. Eso ya lo practica la simulación y su faldita larga, el pasado.

Levántele la falda a esa simulación y déjala desnunda en tu presente.

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Si hay algo en tu casa que desde siempre te ha dado mal rollo, desházte de eso en los próximos días. No lo regales, no lo reuses, no lo uses en ese adios.

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Lucha por los tuyos desde tu poder, no desde las pequeñeces de la repetición.  Verás inmediatamente lo cumplido que se vuelve el pasado, y dónde antes exigía, ahora pedirá tu absolución. No es que esa sea la hora del consejo, pero bueno… sin piedad. No tiene cabida en el presente, por mucho que llore.

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Saca tus puños, esos que te crecen cuando has tenido otro día de experiencias únicas, indescriptibles. Esos que te acompañan primero en dúo, luego en coro, y para que seguir, que no hay límites en el presente.

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¿Te miras en la sociedad?

Hora de dejarle los espejos a quienes aún los precisan para verse.

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Hoy he visto el poder y lo he usado.  Ha ido bien. Funciona. Convierte el día en una experiencia que no precisas contar. No hará falta ningún detalle.

Se ve. Se nota. Se siente.

Así es el presente.

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