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Nido, ciudad y pasado

Las ciudades son una gigantesca acumulación de pasados. No hace falta que sean grandes siquiera. Dónde las casas se juntan, el pasado lo cubre todo con su repetición visual, auditiva, sensorial y gustativa. Así se jacta cada una de tener tradiciones, de tener historia, de contar con un pasado… que es lo típico de los esclavos que adoran al Amo. Esos esclavos hasta se indignan ante ‘cosas acontecidas en el pasado’, mientras se mueven dentro de ese mismo pasado, de calle en calle, de casa en casa, de nacimiento en nacimiento.

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Cuando las ciudades se hacen insoportablemente fuertes con todo ese pasado acumulado, no les ocurre nada mejor que exportar ese formato. El esclavo de una ciudad, cuando ya no soporta más la repetición, se marcha al campo y lo primero que hace es fundar otro pueblo, que después acaba siendo una ciudad si se han repetido suficientes elementos del pasado.

Las y los hay que se marchan a otra ciudad, pensando que así cortan con el pasado.  Pero en ninguna ciudad se puede forjar un presente sin rebelión, y si esa no acaba con las estructuras, de nada sirvió.

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Eso lo saben los Amos, que por eso construyeron siempre un centro primero, ya fuese una fortaleza o un castillo, una iglesia después y enseguida el inevitable órgano control de cualquier actividad, el que expende permisos, el que regula, el que indica como se ha de andar, que vestir, que decir y que – sobre todo – no hacer.

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Los Amos son la esencia de las ciudades. Las calles son sus venas, y la sangre los esclavos. Lo único vivo es esa sangre, todo lo demás es como los Amos. Rígido, inflexible, egoísta y aprovechado. Es dudable que un planeta pueda albergar algo tan inútil como una ciudad, pero desde luego no puede permitirse a los Amos que las fundan y promueven para así tener el ganado bien cerca, controlado y sin felicidad. Esa se la venden, aunque nunca cumplen con lo pactado, ni entregan material o producto que dure lo suficiente.

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Quienes creen que el pasado es una palabra o un libro de Historia, bien equivocados surcan los caminos de los Amos en las ciudades y en los pueblos. Contemplar a una ciudad como a una maravilla es poco menos que sentir regocijo ante el abismo. Es notable que los esclavos viven gustosamente el riesgo. Es esa una de las sensaciones que el Amo siempre les permite, porque así aumenta las ventas y disminuye la presión contra su reinado.  El pasado es mucho más que una palabra, y está paralizando a los esclavos a cada paso que dan en esas calles y casas.

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Los nidos en cambio, esos son el presente.  Piénsenlo. Verán que van por buen camino. Estén dónde estén. Incluso en medio de la peor ciudad posible, incluso rodeados de todos los pasados condensados de todos los Amos a la vez.  Verán que el puño levantado de ustedes es el de asegurarle a la vida esos nidos, esté gobernando el Amo que sea.

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Eso les hará ver que pueden hacer retroceder el pasado material, reconvertirlo, reconfigurarlo, redireccionarlo. Ustedes ya saben que hicieron cunas con cartones, que montaron camas con cojines, que rellenaron esas paredes frías y duras hasta que dieron sensación de hogar, que no es otra que la de nido, y esa es presente.

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Las ciudades se mueren, aunque estén creciendo sin parar. Lo hacen desde dentro, dónde todo nido ha sido eliminado a favor del negocio, y ese trata de vender cosas del pasado que nunca llegan al presente.  Una lavadora no hace hogar, una televisión no hace nido. Pueden ser útiles, pero el precio es servir al pasado para obtener y mantenerlos.

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Así, el presente de la humanidad se gesta no dentro del pasado, sino a pesar del pasado. El presente de la humanidad no se produce dentro del pasado, sino defendiendo los hijos del presente. El pasado no es madre, ni es padre, ni es familia, ni es hogar, ni es nido. El presente no sustituye eso. En el presente sólo hay nido para la vida.

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Los Band’aker y las caravanserais están a pocos pasos.  Ya se producen en ustedes, incluso cuando les saluda el ascensor por la mañana o el tráfico no les deja dormir con sus interminables repeticiones. Ustedes ya son Band’aker, ya son vecinos de alguna caravanserai, y ya han conocido a algunos de esos humanos que no precisan el pasado para crear absolutamente nada en el presente.

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La-Victoria-Imposible

La-Victoria-Imposible

Aquí viene la Victoria Imposible. Aquí están sus protagonistas. Aquí están los anales del presente, que se escribieron a pesar del pasado.

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