Esta es una primera recopilación de datos de la lucha de los últimos quince días. Es básica y sólo refleja aquello que mi interior me ha confirmado, al mismo tiempo que los tratamientos empleados también han surtido efecto.

En primer lugar, el virus depende del frío. Si la temperatura sube por encima de 15 grados, no es efectivo, incluso en pleno proceso de expansión. Precisa que el cuerpo esté aislándose del frío para trabajar.

En segundo lugar, el virus es insistente. Una infección con el mismo no quiere decir que no se pueda anidar otra y otra más. Todas son distintas.

En tercer lugar, el virus trabaja principalmente la zona de la boca. Raras veces pasa más allá de la garganta. Puede atacar la musculatura máxilo facial, o incluso llegar a los huesos de la zona.

Su forma de trabajo o acción es localizar una zona afectada. Puede que sea una caries, o un flemón, una pequeña herida o algún quiste reflejo de enfermedades habidas. Se anida en esa zona y se expande entonces. Es decir, que aprovecha el cansancio de las defensas en esas zonas, lo que le vuelve tremendamente eficaz en pocas horas.

Enseguida se desplaza dentro del tejido. Lo interesante es que deja la zona primera, la de su anclaje inicial y ataque en paz. Luego engorda a varios centímetros una nueva infección. Luego sigue y vuelve a hacer lo mismo. Deja atrás las infecciones y sigue buscando dentro de tejido y si puede, huesos.

Su área de trabajo que más le gusta es el tejido fuerte, como la musculatura. Su objetivo principal es paralizar la capacidad de masticar del infectado. Esa es la meta. Si no lo consigue (por ejemplo porque ha recibido una paliza de antibióticos), se desplaza con lo que le queda lo más cercano al hueso posible. Si el tratamiento con antibióticos es alargado (y por tanto influye en los huesos y sus capilares), se anida en la zona entre la oreja y la mandíbula, dónde probablemente se salva dentro de algún líquido graso.

Exterminarlo en esa última zona es lo que me falta por conseguir. Probablemente es alargar el plazo del antibiótico, pero después del quinto día reducir a tomas cada 24 horas, y con antibiótico específico para infecciones en los canales auditivos y aparato anterior. Parece que ese es el camino, pero no deseo que se piense que esté confirmado.

En general, el virus se reconoce enseguida cuando las personas o alinimales afectados muestran una cierta desgana a la hora de ingerir alimento. Tienen hambre, pero el hecho de masticar o tragar les causa rechazo a la comida.

Es importante que se reconozca enseguida el foco de la infección y se prescriba el tratamiento necesario. Los antibióticos de amplio espectro no le hacen prácticamente nada, mientras que aquellos que están diseñados para precisamente la zona de la boca, oídos (parte superior del cuerpo a partir del esternón o más alto) funcionan enseguida.

El virus en sí no desaparecerá del cuerpo, incluso una vez que todos los focos de infección por los que ha pasado o los que haya creado sean extinguidos. Aún así, el cuerpo tiene a partir de ese momento una mayor resistencia a el, la suficiente como para que no siente más ganas en volver a propagarse.

La efectividad del tratamiento es del 100%, siempre y cuando se lleve a cabo de forma contundente y disciplinada. Es importante que los pacientes sigan comiendo, incluso si eso requiera diez a veinte sesiones de ingerir alimentos. Puede que en el momento de vencer las infecciones más grandes se produzca diarréa, por lo que una alimentación con arroz aprovechando un buchito del agua de arroz el tercer o cuarto día del tratamiento, sería lo adecuado, y en casos tratados aquí han resultado cuanto menos estabilizantes.

Procuren que quienes estén afectados tengan una fuente de calor cercana, y que el lado que no esté expuesto a la fuente esté protegido (mantas, aislante, otros). Cierren al viento todos los caminos.