Bien, aquí estamos. Ayer ya se notó la recuperación de casi todos los efectivos de esta cosita llamada sombrasbaul. Las emisiones llegan a equilibrar la tanda de nuevo, y la presión o el bloqueo que pasado-simulación ofrecen acaba por perder varios metros en su más que visible huida hacía atrás. Ahora toca la Caída de las Máscaras, una divertida fase que no durará más que un mes, incluso algo menos.

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Ustedes verán en ese tiempo como el entorno inmediato como lejano comienza a perder sus formas. No es que les está alcanzando el presente (ojalá fuese así, sic). Les está alcanzando el presente individual de ustedes. Los están traspasando, para ser más concreto, y cada pase de esos acaba por deformar las máscaras que llevan.

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Se pondrán, en el mayor de los casos, bastante bordes. Esa es una reacción aprendida y de reflejo, aunque desde hacía miles de años practicamente en desuso por parte del personal afectado. Sus reacciones no son explosivas, sino hasta cómicamente lentas. No por ello hay que subestimarlos, ni sobreestimar la transformación. Lo que hay debajo de la máscara es infinitamente peor de lo que ustedes se podían haber imaginado, y así será en todos los casos, sin que medie la excepción como bálsamo. No sobreestimen esa parte. Lo que hay debajo de las máscaras es inhumano, y por desgracia tenemos demasiados verbos y sustantivos repetidos como para no sentir profundo pánico y aversión ante lo que descubrimos. Les va a costar, pero resistirán también en esa fase la mirada del mal, que tendrá que apartar su careto agónico y repulsivo ante los ojos que le observan desde el presente. Los ojos de ustedes. La mirada del presente.

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Ya pueden ser personas, cosas, recuerdos, máquinas, procesos, diagramas, fotografías, sonidos, luces, nieblas, hojas, raíces y tormentas: una sola mirada desde el presente por parte de alguno de ustedes, y se les caerá la máscara en pleno pasado.  Casi todos los que quedan agarrándose a perpetuar lo que acaba han esperado demasiado tiempo, o mejor dicho, han alargando el tiempo del pasado demasiado para que la simulación pueda resistir ni al más mínimo rasguño. Una mirada desde el presente es como un puño de guerrero en medio de una fiesta de cumpleaños. Gritos, pánico, lloriqueos, miedo, odio, irracionalidad, perdida de papeles y hundirse detrás ellos en lo abyecto. Dirán que ustedes no quieren hacer eso, pero eso no evitará que sus presentes se ocupen de desvelar los entresijos del pasado con pasmosa eficacia y sin piedad alguna. Es hora de la Caída de las Máscaras, y el presente también deja caer la suya. Es precisamente eso lo que se llama “entrar en el presente”.  Un presente que no conoce el uso de palabras repetidas. Es algo más, como decirlo, hiperfacético. La piedad lo aplicará en uno de los casos. Para el resto nacerán nuevas formas y no se ocuparán del pasado.

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Va a ser un mes movidito por tanto. Espero que al menos esta vez no tarden 19 días en volver a reunirse aquí. 19 días en el pasado son ahora mismo algo muy grande. Con eso presiono, y lo sé. Al pasado hay que presionarlo dónde se encuentre, porque sino instala la rutina y con esa completa casi su prisión. Este mes no le dejen al pasado disponer de ustedes. Corten esos hilos que mueven sus piernas y brazos, corten las cuerdas que les están atando a la inmovilidad. Respondan con tajos de hacer algo por primera vez, por hacer algo diferente, por portarse de forma distinta, por alcanzar la excelencia en ser imprevisibles. Eso acortará dramáticamente el cupo que tiene el pasado reservado en el tiempo para ustedes.

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Huele a Despertar, como diría el gran poeta Jinquer.

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Ahora sí. Ahora sí vamos a desvelar el arca del pasado.

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