El carnicero deja caer el cuchillo sobre la mano del extraterrestre, seccionando con un sonido repetido cuatro millones doscientas cuarenta y cuatro mil doscientas ocho veces.  “¿Algo más?” – pregunta al cliente, que está indeciso si llevarse otra mano suya.

***

“Son cuatro con veinte.”- masculla.

***

El alienígena abandona la tienda, agarrando el bolso de la carne con la mano que le ha vuelto a crecer en segundos. ‘Cada vez más caras las carnicerías’, piensa mientras se relamea ya en el cocido.

***

El carnicero está contento. Desde que comenzó a atender esos nuevos clientes, sigue haciendo lo mismo y gana el doble. Eso sin subir precios. Se nota eso de no tener que hacer pedidos.

***

“Te imaginas lo mal que nos hubiera ido si estos tipos pudieran haber llegado con capacidad para comerse a todo.”

El carnicero habla con su mujer que lleva 23 años enganchada a una telenovela.

“También nos iría bien, cariño. Tu tienes mucho arte para los negocios.”, le responde esta desde el sillón mientras que las imágenes tresdimensionales saltan alrededor de la mesilla.

***

El presidente negro se dirige a la población mundial y anuncia que están en guerra con unos alienígenas.

Muchos no se enteran nunca de ese discurso. Entre ellos el carnicero, o su mujer. El, porque estaba por dar el golpe número dos millones novecientos cincuenta y seis mil ochocientos once. Ella porque al ver que le interrumpían su telenovela, puso un DVD con la telenovela.

Las y los que se enteraron, pronto se olvidaron del mismo. Preguntados si alguna vez hubo un presidente negro, ellos contestan con un NO rotundo, al igual que niegan que evitan las carnicerías por instinto.  “Ya no son como antes”-,  dicen.

***

Todos contentos… menos los alienígenas. Aún no saben lo que ese libre mercado les va a costar, aunque ya lo están sintiendo en sus propias carnes.

***