Espero que hoy, entre los tantos billones de seres humanos que somos, al menos cinco o seis de los mismos seamos capaces de no hacer el ridiculo. Los cinco o seis de una mano. Los cinco o seis con presente.

***

Un diablo y un dios se miran las manos y cuentan sus dedos. Antes de que el diablo pueda decir algo, el dios niega con la cabeza. Desafortunado movimiento que la hace rodar por los suelos de mármol, mientras que el diablo pierde la suya por girar demasiado deprisa ese cuello demasiadas veces actualizado.

***

“Tengo tres minutos, dáte prisa.”

***

Una madre rusa entra en la sala y tiene la impresión de estar delante de dos estátuas pigmeas sin cabezas que algo redondo habían tenido entre sus manos.

***

Cincuenta amos miran sus manos y sonríen ante el feliz hecho de tener cinco dedos en cada una. 500 dedos intentan decirles algo, encorvados ante lo que les obligan a repetir a diario.

***

Un pasado se intenta interponer entre un presente y otro. Pronto se ve rodeado de presentes. Se larga del humano que ocupa.

***

Mira Mami, en una mano tengo la cabeza de dios y en la otra la del diablo. Van a ir de compras.

(La madre sonríe, mirándose los cinco dedos de cada mano que en voz de diez le gritan algo que nunca oye).

***

Seiscientos ochenta y tres fabricantes de fármacos lanzan su venta de invierno al mercado dónde haya invierno. Sus dedos son de colores, al igual que las pastillas. No hablan. No se encorvan. No protestan. No tienen presente. Están muertos y desprenden un frío propio de máquinas de hielo.

***

La cabeza del dios ha acabado en una papelera del centro comercial. La del diablo yace un poco más adelante, intentando por todos los medios subirse a la papelera mordiendo las barbas que sobresalen. Sobre todo, no quedarse solos, ahora que les faltan cada vez más los cuerpos.

***

Pasa el chamán  por la plaza y los comerciantes se inclinan. El chamán hace que no lo ve, porque el pasado está lleno de cabezas caídas últimamente.

***

La madre rusa deja caer los restos de su Schaschlik en la papelera, ahogando barbas y visiones. Un pisotón, y quien se quiso subir a las mismas acaba por decorar cómicamente su suela de zapato.

Sólo durante unos pasos sobre el pasado.

***

Katiuska, mi amor. Ya te tengo preparada la cena.

(La abuela de la madre rusa le sirve a su hija un plato oriental. Katiuska no se queja de los fideos, ni del sabor agridulce. Sabe que su madre no tiene los ojos como ella, pero eso no impide que unan sus pasados ante el pasado flagrante)

***

En la planta de incineración de basuras se producen dos explosiones, una a las 14:55hs y otra veinte minutos más tarde. Los expertos en explosivos comprueban que uno de los explosivos era la partícula de Dios. Sospechan no obstante que hay más. Huele penetrantemente a pasado, confundidos por el Schaschlik ruso que está hecho para gargantas de acero.

***

La niña llega en sueños a la sala de exposiciones y se planta delante de las dos figuras sin cabeza. Mira sus manos, cuenta sus dedos y sonríe al ver que por mucho que cuenta, más le salen.

***

Las figuras se encogen un 20% con un sonido seco.

***

Katiuska sube a su anciana madre al todoterreno negro. Las dos moles parecen fluir hacía dentro del vehículo, asentándose a velocidad de medusa. Sus brazos demasiado cortos no llegan para cerrar las puertas.

***

En la primera intersección de intereses, un camión americano le arranca una de las puertas al cuatro por cuatro. Katiuska y su madre ni si inmutan.

***

En la siguiente intersección es un camión japonés que les arranca la otra puerta. Katiuska no pestañea, y de la comisura de la boca de su madre no se cae la gota de siempre.

***

Pero sobre el pedal del gas, repentinamente despegada de la suela de zapato demasiado fino para estos lares, se abraza la plana y maltrecha cabeza del diablo. Ante todo, no quedarse solo, piensa lloriqueando.

***

Katiuska y su madre tienen las bocas tan abiertas que no se les ven los ojos. Los pelos de punta que parecen traspasar el techo del vehículo.

Ni sopa china, ni schaschlik ruso. Ni dios, ni diablo. Ni amos, ni tener dedos para abarcar nada más que el pasado.

***

El vehículo está expuesto en sus restos junto a las dos figuras pigmeas del museum. La niña, ya de avanzada edad, se acerca al conjunto.

De sus manos salen millones de dedos. Acarician sus juguetes. Acarician lo que hizo que tuviera pasado ese presente que
está viviendo.

***