Este es un movimiento de interrupción básica para quienes se empeñan en confiar en los sentidos que consideran suyos.  No se puede fiar nadie de ellos para tareas del presente, porque se nutren de reconocer el pasado, de percibir el pasado, de saborear, tocar y escuchar al pasado. En eso son campeones mundiales, pero aquí estamos afianzando el presente, por lo que le iremos cerrando al pasado sus intentos de recuperarnos.

***

Aquí tenéis una fotografía nocturna de exposición larga. Lo que se ve es lo que hay. Una rejilla, alambres varios, alguna hojilla de la parra, el cielo enrojecido de la contaminación lumínica de monumentos y las estrellas, que en esos 90 segundos se desplazaron unos centímetros. Como el sensor ya es un poquito estresado, los puntos rojos, verdes, negros, azules o blancos que no se mueven, son píxeles que no funcionan en la cámara. Es decir, todo normal, salvo que hay algo en la fotografía que no lo es. Se le puede ver como se alimenta la vista  y la luz del pasado, y eso desde luego no es normal.

rejilla_objeto_luz_01
rejilla_objeto_luz_01

Puede que en esta primera imagen no se percibe con claridad. Por eso he tomado otra, ahora ampliando con el objetivo una parte. Con ese truco, enseguida se ve que algo falla en la imagen, y que es precisamente la luz. Las líneas que las estrellas crean en su recorrido, no son tapadas por la rejilla. Uno podría pensar que la luz viaja alrededor de los alambres:

rejilla_objeto_luz_02
rejilla_objeto_luz_02

Es dramática la situación. Con tan solo desenfocar la barrera, la luz deja de tenerla. ¡Pero sí la maldita reja sigue en la misma posición! ¿Cómo es que la luz logra traspasarla? ¡Eso ha de ser imposible!

***

Lo mismo ocurre cuando observamos a un objeto cualquiera bañado en mucha luz dispersada desde detrás de ese objeto. La luz, a medida que aumentamos su potencia, se come el objeto.  Así, habrá que tener que admitir que todo lo que vemos depende en como se nos presente la luz.  Y como ya hemos visto en los textos anteriores, esa luz es pasado puro y duro.

***

Así, es fácil comprender que entre nosotros y la estrella no hay vacío. En el caso de las fotografías expuestas hay acero galvanizado que se hace prácticamente traslúcido. Nadie puede asegurar que no haya otra rejilla a 3500 kilómetros envolviendo la Tierra. Nuestros ojos, ni nuestros telescopios podrían captarla. Captarían la luz de la estrella, y puede que en excepcionales circunstancias algo más, pero sin poder comprenderlo.

***

El presente no precisa contínuo. Eso es clave.

***

El pasado es una línea de pasado. Un contínuo de pasados. La luz que nos llega de la estrella tiene millones de años de ‘edad’ cuando la registran nuestros sensores en ojos y cámaras. Ahora bien, si fuese un sólo destello y nunca ninguno más, no veríamos ninguna, aunque estuvieran encendiéndose y apagándose a millones a cada segundo. Es el pasado acumulado que convierte la luz en energía suficiente para traspasar cualquier objeto, rodearlo o simplemente ignorarlo. Es el pasado que empuja a la luz, es su motor, y su energía primaria.

***

El denominado “espacio estelar” es una caja de pasado. Todo lo que podemos ver en el ya no está dónde estaba. Si alguien tuviera la idea de seguirle al brillo de una estrella con una nave lo suficientemente rápida, acabaría por perseguir durante millones de años a esa estrella. Es posible que llegara a ella, pero la de vueltas que habrá dado.  Los cuerpos que sospechamos detrás de las luces nunca están dónde la luz, sino en todos los pasados que no son otra cosa que simulación. El cuerpo original, ese está en el presente.

***

Dicen los de balística que para un tiro certero desde 1500 metros a un blanco móvil que se desplaza a 100 kilómetros por hora (‘a horizonte’) hace falta algo más que capacidad de cálculo. Y es cierto. Hace falta tener un sentido especial. La vista no es suficiente, porque enfocando el blanco directamente, el tiro siempre acabará por impactar detrás. Con el cálculo de velocidades, vientos y temperaturas, el tiro no dará en el blanco en la mayoría de las veces tampoco.

Pero con el sol en contra, se vuelve un ejercicio de azar, o de tener ese sentido especial de reconocer no sólo el lugar ‘futuro’ del objeto, sino también ‘el presente’ que le rodea. Un tirador así nace cada cincuenta millones de nacimientos. Y desde luego no se dedica a pegar tiros.

Ese sentido no está en la lista de los cinco sentidos y como los sistemas siempre tienen una excusa preparada, se le llama el “sexto sentido”.  Cómo no, una payasada más.

***

El pasado es reconocible por los sentidos que se han entregado al pasado. Esos son la vista, el oido, el olfato, el tacto y el sabor. Se alimentan del pasado. Hacen que los cuerpos en vez de interactuar con su presente, lo hagan con el pasado de todos.

***

El sexto sentido no existe. Habrá uno que pueda algún día ser el sexto, porque por descuido se haya mezclado demasiado con el pasado. Entonces nacerán los que nazcan con ese sexto sentido incorporado. Les será útil para incursiones en el pasado, pero para nada más.

***

Los alinimales tienen más herramientas para interactuar con el pasado. Por ejemplo los gatos tienen un sexto sentido para terremotos y desastres naturales, un séptimo sentido para entidades que no percibimos nosotros, y algunos más que hoy por hoy se nos escapan por completo. Si se observa atentamente a los alinimales y plantas, pronto se reconoce que dedican esos sentidos a la supervivencia.

***

Es decir, que son sentidos de supervivencia, y a lo único que apuntan es a sobrevivir el pasado en el que están inmersos esos mismos sentidos, o en el que sumergen a quienes confían en ellos sin tomar en cuenta otras posibilidades adicionales.

***

Detrás de cualquier pasado hay un presente. Aquí solíamos decir que detrás de la simulación hay un original. Viene a ser lo mismo. Es la creatividad que va desarrollando sentidos que permiten reconocer las situaciones, ya no desde la supervivencia o la absorción simulada, sino desde el presente.  No son sentidos como el olfato o la vista. Se encienden y se apagan. Y es probable que no vuelvan a encenderse más veces ninguno que haya tenido su presente, su momento.  Son sentidos creativos que nunca ofrecen un contínuo, ninguna línea o curva.  Así es como no crean pasado, y así es como fortalecen el presente.

***

Aquí hay mucho de que hablar, si queremos hurgar en el pasado. Como por ejemplo que podemos oir un violín sin tener que saber tocarlo. O que en una conversación entre amigos se produce siempre UNA sola vez un momento de profundo reconocimiento, algo que fusiona esas amistades, pero NUNCA logran repetirlo.

***

O podemos afianzar el presente. Mirando al cielo a sabiendas que entre esa estrella brillante y nosotros hay billones de cosas, que todas esas cosas tienen presente, pero que nuestros sentidos anclados en el pasado sólo se guían por información pasada. Es así como de repente la estrella deja de ser estrella, el vacío deja de ser vacío y todo, absolutamente todo está al alcance de la mano, si se me permite esta indulgencia con el tacto en sentido figurativo.

***

(Posibles comentarios encuentran espacio en cualquier sombrabaul invisible cercana)
(Por favor, comparte este texto sólo si te ha sido útil, y en tal caso comprueba antes que no interrumpe el crecimiento personal o colectivo. Todo tiene su momento, y ojalá este haya sido uno para ti.)