En los últimos días hemos alcanzado el bastión – creo que principal – de la simulación. Su funcionamiento es bien simple, aunque de momento se nos escapen sus detalles técnicos. La simulación se basa en manipular nuestros viajes por los sueños.

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La simulación tiene ocupada por completo el mundo “despierto”. Alcanzar ver algo más que la simulación estando despierto es prácticamente imposible. La simulación va por delante del Segundo Mundo, aplastándolo con billones de simulaciones, mutaciones de simulaciones, subsimulaciones, etc. etc. etc.

La brecha que hemos descubierto en los sueños nos muestra que la simulación no puede evitar que entremos en el Segundo Mundo. En nadie. En ningún ser vivo. ¿Qué hace entonces? Fácil. Manipula la información obtenida. Lo que vemos, lo convierte en “experiencias oníricas”, en “sueños”, en “situaciones”.  Si vemos por ejemplo la entrada al Segundo Mundo en sueños, convierte a esa entrada en cualquier cosa. Hemos visto el ejemplo de Ángeles, el de Nube, el mío, etc. Hemos llegado todos al mismo lugar, pero cada uno de nosotros “experimenta” una simulación distinta. Lo que para Ángeles son dos negros que se la rifan, para mi son dos barcazas ancladas en el cielo.

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Manipula lo que obtenemos de nuestras experiencias. Como en los sueños los conceptos tiempo y espacio quedan anulados o sujetos a que los modificamos, la simulación no puede valerse de ellos. Se vale de la reentrada en el mundo “despierto”. Es en ese punto dónde elimina directamente el 99% de la experiencia (incapaz de modificarla) y modifica un 1% para dejarnos recuerdos simulados y por tanto útiles para la simulación.

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Así, toda la parafernalia de “interpretación de los sueños” no es más que un galimatías simulado. Pero también es el más craso error de la simulación, dónde realmente falla de forma repetitiva. SABEMOS que en los sueños ocurren cosas que la simulación NO QUIERE que sepamos integrar en nuestra experiencia.

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Ese aplastamiento de la experiencia nuestra se hace visible en cuanto varios de nosotros soñamos con una situación. Nos muestra eso que la simulación no se puede coordinar en sus aplastamientos. Aplasta y punto. No cuenta con que después de cada manipulación los manipulados se intercambien los trozos que les han quedado, configurando así una imagen – aunque borrosa – de lo que fue anulado.

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¿Y si aumentamos ese intercambio de trozos que no ha podido aplastar?

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Es decir, nos dejamos de interpretar a los sueños. Los soltamos aquí en hilos que abrimos cada semana.  Y ya se verá lo que – de eso no me cabe duda – no quiso la simulación que viéramos.

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Es decir: no importa lo que traemos de vuelta. La mayor parte será basura simulada, la simulación aprovechando los miedos que nos metió, etc. Pues a la porra con interpretar eso. Lo describimos tal cual nos lo dejó la simulación, con todo incluido. El único problema que podemos tener a la hora de hacerlo es la vergüenza.

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Yo la sentiré, pero los designios de los seres libres está muy por encima de la vergüenza que yo pueda sentir.