Una labor previa a comprender este texto: buscar referencias de eme-eme-ese en la red.

Una advertencia imprescindible: estamos hablando SIEMPRE de desinfectar.

Otra, no menos importante: aquí no se recomienda ningún uso de medicamentos, ni tratamientos.  De eso sólo se pueden encargar las personas con la titulación suficiente, según el país y legislación vigente. Que yo suministre a mis cocinas desinfectante y que yo mismo me desinfecto, eso lo hago yo y no lo recomiendo, sino que lo practico.

Una última: no hay hiperenlaces a otras páginas o de términos. He comprendido en el infierno que el infierno es una cosa muy particular de cada uno, o de grupos incluso. Cada cual ha de limpiar el suyo, y lo único que se puede hacer una vez limpio el propio, es contar lo que ocurrió, como ocurrió y así permitir a otros sentirse algo menos solitarios en sus caminos respectivos. Lo que sirve para uno, no sirve siempre para todos, pero todos encontrarán lo que les sirve tan pronto que se sienten con la confianza suficiente para lanzarse a descubrir por su cuenta.

***

El mejor desinfectante existente en el no-mercado es la siguiente fórmula:

NACLO2

Se utiliza básicamente para la destrucción inmediata de todo tipo de bacterias, hongos, virus, etc. (un largo etcetera).

Lo que es interesante constatar: no es el líquido que se lleva por delante a los gérmenes, sino el gas que resulta de la mezcla entre la base  y el activador. El gas (dióxido de cloro) penetra en las vías sanguíneas y es en ese punto dónde inicia su actividad celular profunda o semiprofunda.

***

Para obtener el gas, se mezclan dos componentes. La base es el clorito de sodio (NACLO2) que se mezcla con un activador, en este caso ácido cítrico. La base deberá estar calibrada y reducida al 28% y estar libre de otros agentes o componentes. El ácido cítrico debería estar lo más cercano a la reducción al 50%, aunque hay aplicaciones de desinfección dónde ese porcentaje varía. Para encapsular el gas se utiliza agua destilada o agua.

***

Cómo es lógico, no es fácil que el gas llegue a todos los focos de desinfección. Si tomamos como ejemplo una cocina en la que echamos un vaso de desinfectante, es comprensible que nada más dispersarse el agua por el lugar una gran cantidad del gas se habrá perdido en el aire, mucho antes del impacto del agua en suelo o muebles. Además, el gas no se deja dirigir. Su tendencia es asociarse, y en todo caso lo hará libremente. Lo mejor para la desinfección completa de la cocina sería poder llenar toda la cocina con agua portando el desinfectante, pero eso acabaría con la cocina destrozada.

Si nos imaginamos un cuerpo de un ser llamado vivo, enseguida vemos el problemita: si el ser se toma una gota del desinfectante resultante diluida en un vaso de agua, la mayor parte del gas acabará por estallar en la boca, después en la garganta y es poco probable que una cantidad importante del desinfectante llegue a la sangre, dónde podría actuar directamente sobre diversos gérmenes.

***

El cuerpo humano no soporta una subida drástica del ph (ácidez). Tiene sus límites y entre sus funciones más destacables está que regula el ph para que no se exceda de ciertos límites. Aún así, para cargarse un rotavirus, coronavirus, virus gripe aviar, rotavirus o coronavirus mutado (felino, porcino, etc.), lo único que puede hacer es subir dramáticamente la ácidez entorno a esos virus.  Para comprenderlo mejor: ha de ser más ácido de la cuenta para poder disolver el agente mutador de la célula. Al igual que en la cocina que deseamos desinfectar. Si tiramos el vaso de agua sobre la electrónica del horno, y si además está en marcha, no se puede esperar un resultado acertado. El desinfectante debería llegar directamente a los focos de infección, actuar sobre ellos y dejar el resto de la cocina básicamente en las mismas condiciones de ácidez que aseguran su buen funcionamiento.

***

Los diversos usos del desinfectante en el pasado han revelado que puede perfectamente actuar sobre las células afectadas, y en cambio no atacar a las células no infectadas. El problema es que hasta la fecha, nadie había logrado establecer un funcionamiento más allá de especulaciones básicas sobre como se produce ese “milagroso” efecto. Lo que los investigadores tenían y tienen delante son casos o bien de total éxito (fin de la plaga, infección, etc.) o … simplemente nada.

***

Yo tengo en casa un total de nueve cocinas. He aquí la descripción de sus focos de infección:

Cocina 1 hasta cocina 8

– coronavirus en activo
– infecciones bucales, nasales, de laringe, de aparato respiratorio, estomacales, intestinales, urinarias, de piel, de hígado, riñones y corazón. Primeros síntomas de desórdenes mentales.

Cocina 9

– siendo más humana que otra cosa, la cocina 9 la dejaremos fuera de este cómputo de datos y experiencias por el momento.

***

El doctor Hahnemann descubrió la homeopatía, que es el método de diluir determinadas partes de plantas, minerales o células orgánicas. Si observamos atentamente los resultados de la homepatía aplicada, descubrimos que se parecen sus efectos o resultados a los de las aplicaciones del eme-eme-ese: o bien se cura la cocina de sus males, o bien no hay cambios. Pero la homeopatía añade otro problemita: puede haber una tercera variante, que es una reacción adversa no deseada.

***

Aún así, lo que me quedó claro a nivel personal es que no hay remedio que cure, sino que es la propia naturaleza que bajo ciertos impulsos es capaz de aprovechar determinadas sustancias o su ausencia para poner en marcha procesos de desinfección internas. Por ejemplo, es interesante saber que el ser humano produce THC por el mismo, lo que nos convierte en drogadictos según la ley. Las cantidades de THC que el propio organismo humano produce son no obstante muy inferiores a lo medible por los agentes judiciales, aunque sus efectos son igual de poderosos como si cualquiera de nosotr@s se hubiera fumado quince porros en una hora. Y son constantes si es necesario.

***

Lo que hasta la fecha nadie ha querido tomar en cuenta es precisamente esa relación entre la homeopatía, la capacidad de producción propia del organismo y la potenciación interna que lleva a cabo ese organismo (en relación por ejemplo con el eme-eme-ese). Más bien se parte de una subida paulatina de la ingesta, o de una cierta periodicidad de la ingesta. Así, para casos graves de infección, se llegan a publicar protocolos de ingestas de un determinado número de gotas cada cierto tiempo (por ejemplo cada dos horas). En casos menos graves de infección, se llegan a describir ingestas diarias o semanales. Los resultados son positivos, de eso no hay duda. Pero siguen siendo ciertamente arbitrarias. Lo que funciona para unos, no necesariamente funciona para los demás. El nivel de desinfección es alto, pero no llega a alcanzar cuotas que permitan deducir dosis o mezclas del todo acertadas.

***

Es interesante por lo tanto constatar que en mis cocinas el mayor efecto de desinfección se logró cuando aumenté las potencias de dilución. Lo hice después de investigar el tema del señor Hahnemann algo más a fondo y tener que descubrir que la homeopatía que actualmente nos encontramos en el mercado trabaja con diluciones muy bajas, entre las que aún portan partes incluso del medicamento o sustancia hasta las diluciones de 200 veces. Veamos a que se refiero esto:

Se toma una gota de tinta de calamar (sin matar al calamar, gracias). Esa gota se mezcla con una gota de agua, y lo que hemos hecho es diluir la tinta en un 50%. Entre la gota de la tinta (50%) y la gota de agua (el otro 50%) obtenemos una mezcla, una dilución.

Si tomáramos 1 gota de tinta de calamar y la mezcláramos con 99 gotas de agua, tendríamos una mezcla al 1% de la tinta.

Esa última mezcla, la del 1% nos sirve para extraer de ella otra gota. Esa gota la mezclamos con cien gotas de agua. Como es comprensible, de la tinta del calamar queda muy poco, si queda. Pero vamos más allá: volvamos a extraer una gota y la mezclamos de nuevo con cien gotas de agua. Como ya se comprende, a partir de un cierto momento no será medible la tinta del calamar, por muy fino que sea el aparato de medición actual. Es posible que ni siquiera a nivel atómico se pueda dar con una sola molécula de tinta de calamar.

***

Lo que es sorprendente es que Hahnemann en su sexta edición y libro final indica que las diluciones o potenciaciones de varios cientos de miles o millones son el verdadero camino de la homeopatía. Pero esto no se vuelve a retomar hasta los años sesenta, cuando Hahnemann lleva muchos decenios muerto y semiolvidado. De hecho, hasta hoy sólo determinados investigadores suizos apuestan por un Hahnemann en sus cabales a los ochenta y pico, mientras que los demás se agarran al Hahnemann de las diluciones bajas o modestas. El que un agua con millonésimas partes de millónesimas partes pueda funcionar, hasta a los propios homeópatas les tiene extrañados, negando así la evolución de la homepatía, su raíz y desde luego, su efectividad. Recordemos: el mayor problema para la homeopatía es que sigue siendo efectiva o no efectiva, y según el propio descubridor de la misma, del señor Hahnemann a los ochenta y pico años, en su última publicación… es debido a que las potenciaciones bajas son demasiado poderosas aún y que su efectividad sólo es directa si el cuerpo u organismo logra establecer comunicación con el activador. Esa comunicación, según Hahnemann, si se establece en diluiciones increiblemente altas.

Un rápido vistazo al mercado nos muestra que las diluciones que la indústria ofrece son bajas en comparación con las que Hahnemann propone al final de su vida. Salvo en las clínicas suizas de referencia en el sector, por ejemplo.

***

Así que he desinfectado a mis cocinas mezclando diversos conocimientos. En primer lugar una gota de desinfectante con 5000 gotas de agua, después extrayendo de esa mezcla 50 gotas que se diluyen en 25.000 gotas.

Como observé en las estudios que la curva de éxito de aplicaciones del desinfectante sin tanta dilución era alta al principio, deduje que se trataba básicamente de una limpieza bucal y de la garganta, posiblemente también de las vías respiratorias. Así que suministré las primeras dósis a las cocinas con menor dilución. Aquí un ejemplo:

Primeras tres tomas (una por día): 1 gota de desinfectante por 500 gotas de agua, extrayendo 2.5ml resultante y suministro directo.

Siguientes tomas (mezcla directa en el agua de beber): según ejemplo de superdilución arriba mencionado (diluciones de 5000/25.000).

***

Otro grave problemita para los investigadores es saber si están acertando o no con el tratamiento, y más cuando se mueve en alturas como las diluciones. Es relativamente fácil comprobar que una pastilla llena de ibuprofeno calma el dolor, pero si tiramos bombas sobre terreno fértil, desde luego un cráter es algo simple de constatar. En cambio saber si un tratamiento de diluciones es o no es consistente y factor para generación de mejoría palpable, es otro cantar.

De nuevo, el problema está en las bajas diluciones, que son las que actualmente gobiernan el mercado. Una determinada sustancia al 5dh, o equivalente a 50 diluciones sigue siendo algo burdo y aparatoso, y por tanto o bien el cuerpo receptor es capaz de sacar un provecho de la paliza, o no. Depende por tanto siempre del cuerpo receptor si puede o no tomar ventaja de lo que le llega.

En cambio, de diluciones de millonésimas de millonésimas partes, no hay nada burdo nunca. De hecho, es en esas diluciones que empieza la finura, porque las enfermedades o virus actúan a ese nivel, a esos tamaños. Ese es su mundo, su entorno, su grosor y calibre.

Así, las diluciones de hasta 25.000 y superiores resultan mucho más efectivos que las inferiores, salvo lógicamente en la primera fase, que está dedicada a la limpieza de los orificios de entrada de las cocinas (bucal directamente, nasal y vías respiratorias superiores por inhalación no buscada). Efectivos y contundentes:

Cocina 1 a 8

– desaparición de lagrimeo
– desaparición de manchas, rojeces e infecciones bucales (salvo en un caso en el que se ha reducido en un 80%)
– desaparición de las placas, dientes blancos y limpios resultantes
– desaparición de los síntomas de estrechez de garganta, gorgoteos o espasmos
– desaparición de eccemas en la piel
– desaparición de eccemas con orificio en las plantas de las patas
– desaparición de suciedad en orejas y oídos

– regulación paulatina de los intestinos (fase 1 = diarrea, fase 2 = diarrea y no-diarrea, fase 3 = heces blandas, fase 4 = heces blandas y algo duras, dependiendo del alimento ingerido y no de otros factores)

– mayor nivel energético
– mayor apetito, o incluso hiperapetito
– mayor disposición a comida variada

– mayor volumen de líquido ingerido
– mayor volumen de líquido eliminado (salvo en un caso determinado)

– mayor tolerancia a los cambios de temperatura
– soportan de nuevo la luz solar
– muestran capacidad de recuperación de esfuerzos dónde antes entraban en una espiral de cansancio

A nivel psicológico:

– reducción de la violencia
– aumento de cooperación
– aumento de consciencia de familia o unión
– aumento claro de la tolerancia
– aumento paulatino de las ganas de juego o de exploración
– aumento de la comprensión / vivacidad del intelecto
– roles claramente distribuidos, liderazgos claramente establecidos
– aumento de la independencia

***

Salvo un caso en el que sigue habiendo la necesidad de drenaje y en el que los síntomas de la actuación del coronavirus pueden estar tapados por síntomas de otro desorden aún no identificado (a pesar de decenas de pruebas realizadas por profesionales), las demás cocinas presentan haberse librado del virus en activo, y que su sistema inmunitario se ha hecho cargo o bien parcial o completo de la situación. Después de un mes de tratamiento estos resultados son impresionantes.

***

Las explicaciones sobre como funciona deberían comenzar en las altas diluciones aplicadas, ya que refuerzan una visión de activadores más que de sustancias curativas. La curación no es un medicamento, sino un proceso de cada cuerpo. Lo que el cuerpo precisa es un empujón, o mejor aún un ligero toque de atención para que determinadas funciones y procesos se pongan en marcha, en vez de estar “helados”, es decir en modo inactivo.

Si seguimos atentamente las investigaciones relacionados con, por ejemplo la Nueva Medicina Germánica o parecidas, podemos comprender que todo desorden comienza con un impacto emocional, normalmente diferenciables en impactos que causan miedo, que después se transforma en afecciones de todo tipo, acompañados de nuevo de reacciones emocionales de todo tipo.  Cuanto más tarde se reacciona ante uno de esos impactos, más reacciones se habrán producido y el abanico de síntomas es de complicada estructuración. Cuanto antes se descubra y trabaje, menos “reacciones-complicaciones” resultan, como es lógico.

También conviene comprender que un golpe emocional, psicológico, emocional, etc. siempre deriva en ser absorbido por el organismo, si la psique no es capaz de absorberlo, o incluso cuando lo haya absorbido. Son milisegundos, con descargas eléctricas que causan determinados daños en determinadas zonas del cuerpo, o activan determinados virus que llevan años inactivos. El cuerpo se hace con el golpe, para ayudar a la psique a sobrevivir. Por desgracia, los golpes psíquicos han aumentado dramáticamente en los últimos cien años, golpes a los que la psique no puede responder apenas ya. El resultado son cuerpos llenos de cánceres, que no son otra cosa que membrana tras membrana entorno a una célula modificada por esos golpes psíquicos-eléctricos. No crece el cáncer, lo que crece es lo que rodea la célula afectada o modificada.

***

Para que el gas pueda llegar a descomponer o limpiar la célula afectada, ha de llegar. El problema ahora está en la eficacia de la membrana o membranas alrededor de la misma. Tan buena era para aislar la célula enferma, como resulta un escudo perfecto para la misma. En estos casos habrá que pensar en usar un conductor específico. En este caso es el azúcar (o la insulina). Mis pruebas particulares derivan ahora en la dirección de usar una determinada planta que recientemente también ha sido prohibida en algunos estados del planeta, o simplemente patentado por la mismísima coca-cola (patente parcial).

La idea es simple: las células cancerígenas consumen hasta 15 veces más azúcar o energía que las células al uso. Si se lograse asociar el gas al azúcar, sería el azúcar el conductor que llevaría el gas hasta el mismísimo núcleo de cualquier célula, pero principalmente pasaría sin problemas las capas que aislan las células cancerígenas. Fin de la célula cancerígena y como sí se ha visto ya, incluso reparación de la célula.

Busquen en internet la planta que sustituirá el azúcar en muy pocos años si desean saber más.

***

Volvamos un momento ahora a nuestras cocinas, que actualmente se encuentran en fase de reposo de la desinfección. Durante los últimos 4 días no han recibido tratamiento y los factores alcanzados se mantienen o incluso muestran una curva ascendente.  Cualquier tratamiento de desinfección ha de integrar esas pausas.

Ellas muestran los resultados con aún más claridad, y ayudan a comprender que tipo de dosis y que frecuencia es apta para cada cocina.

***

Si hoy tienes ganas especiales de algún alimento, visualiza ese alimento delante de tus ojos y comprende que tu cuerpo pide un medicamento. Lo precisa para poner en marcha un determinado proceso.

Si no lo haces, si no te tomas el momento de visualizar, pensar y sospesar, el resultado será un empacho, dolores de estómago, flatulencias, y una diarrea de moderada a grave. Veamos un ejemplo:

A un cocinero cualquiera le entran ganas de comer ajo. Se prepara una comida, pela algunos ajos y cuando degusta el primer bocado, no puede parar hasta dejar el plato limpio. Un eructo, puede que dos… y la siesta. Luego empiezan los problemas.

Tú en cambio vas a buscar también ese ajo, aunque no vas a echarlo a la comida directamente. Primero le extraerás una o dos gotas por presión en frío. El aceite lo mezclarás con un vaso de aceite y extraerás de ese vaso una pequeña cantidad que usarás en frío sobre cualquier alimento base que te guste normalmente.

Vas a DILUIR el medicamento que tu cuerpo pide. Ya sabes que las bombas no van a servir de nada, y si lo pide el cuerpo, es porque pide medicación. Los antojos son indicadores fiables para eso. Tu sabes, por tanto tu diluyes.

***

Son microimpulsos eléctricos que causan todas las afecciones, y son microimpulsos de nuevo que reestablecen la normalidad. Con eso aprendido aseguramos la supervivencia.

***

Personalmente creo que el tema reside en eso. En saber diluir muchísimo, es decir tomarse el tiempo y las molestias para diluir. Del resto se encarga el cuerpo.

También deseo añadir que cuanto mayor consciencia desarrollada, mayor nivel de protección, capacidad de curación y sanación, etc. se presentan. Esto requiere lógicamente otro texto, pero pueden darlo por hecho. Una persona semi-consciente, atrapada en la realidad, es mil veces más susceptible a perecer que una persona consciente. La consciencia actúa a niveles que futuros textos probarán de vestir con un halito de comunicación, aunque lo veo complicado en la fase de larva que estoy-estamos.

Otro punto es que hay un impulso de curación y un impulso de no-curación. Ese último no es el mismo impulso que genera las distintas patologías o enfermedades, células afectadas, etc. (lo mismo), sino que viene de fuera, y es algo que no atrevo a delimitar aquí más allá de lo básico. Viene de fuera, es provocado por dentro, actúa sin ritmo, es individual para cada célula y molécula. Es una cosa tan incomprensible para una mente empírica, que sólo puedo decir que sé que existe, que lo percibo y nada más. Hay por tanto tres impulsos:

A) Impulso que modifica la célula y afecta a moléculas
B) Impulso que modifica para la regeneración o curación
C) Impulso que intenta asegurar la no-curación

Habrá más, pero a estos tres los tengo localizados, interactúo con ellos y me son tan familiares como lo es un árbol, una casa o una voz. Incluso comienzan a ser como mi mano, o mi corazón, mi cerebro o un movimiento.

***

Yo no te voy a recomendar ningún tratamiento. Te insto a que escuches a tu cuerpo y que comprendas que no hay que tener miedo. Seguirás teniéndolo, pero ya será otra cosa. Te insto a que escuches atentamente a tu cuerpo, y que diluyas todo lo que le vas a dar si te lo pide.

No te voy a decir dónde puedes comprar que cosa. Tendrás que desarrollar tu mismo o tu misma la capacidad para eso, salvo si vives a lado de mi casa y casualmente te haya caído un frasco en la cabeza, cosa que suele ocurrir si se pasa demasiado cerca de mi casa. Por mis ventanas suele salir de todo, y no miro dónde cae. Eso sí: ni se te ocurra pedirme algo, porque con eso me mostrarás que no vas a llegar nunca a ninguna conciencia propia. Lo que yo te ofrezca, tuyo será. Lo demás es cuestión de supervivencia, y esa empieza en tus células, si hablamos de algo como “tu” vida.

Borraré cualquier comentario que comprometa este texto. Es la labor de much@as almas, un experimento que ha costado horrores, y soy garante de que una acción común se mantenga como expositor de resultados que NOS importan. Como tal actuaré, y como tal responderé.