Extraido de una enciclopedia online:

“El color negro es uno de los ocho colores elementales, junto con el rojo, verde, amarillo, azul, cian, magenta y blanco, que corresponden a las formas extremas de recepción del ojo. A su vez, el negro es la ausencia de luz y de ninguno de los tres colores primarios. También se dice que el negro es el color que tiene falta de luz por lo contrario del blanco que es luz o también la combinación de todos los colores existentes menos el negro.”

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Bueno, aparte de que lo que acabais de leer os sonará a torpe, la verdad es que es torpe.

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Digamos que tampoco importa demasiado. Ya no importa, mejor dicho. Las torpezas para quienes creen en las ilusiones, y el 99,9999999999999999999999% restante para quienes estaban hartos de estar apelotonados tontamente. Adiós amos, adiós.

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Observen el cielo de día. Resulta azul.

Observen el cielo de noche. Resulta negro.

Explicación que hasta yo me tragaba: la luz que incide sobre la atmósfera es filtrada. Los fotones azules se quedan mayoritariamente en el filtro, desplazando a otros fotones. Cuando el sol no incide en ángulos perpendiculares sobre la atmósfera, los fotones rojos encuentran paso, lo que explica los coloridos cielos de mañana o tarde (salida del sol y puesta del sol).

Muy bien. También suena rarito, pero como todos los días pasa así, lo rarito se hace mundo, y el mundo se vuelve … incomprensible.

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Ya veo que estais list@s para lo que sigue. Decíd adiós al negro, al menos como lo conocíamos. El negro del espacio, digo. Hay que ser consecuentes. Ahora que sabemos que el espacio en realidad no es espacio, sino agua, plasma y más agua y plasma, vamos a quitarle ese color tan inhóspito como… ¿amenazante?

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¿Qué pasaría si en realidad la luz fuese negra, y la luz que percibimos como tal una luz artificial?

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Lo primero, que no viviríamos dónde hay un cuerpo brillando en frecuencias violentas. Estaríamos muy, pero que muy lejos de cualquier cuerpo tipo “Sol”. Sus molestas ondas nos dejarían prácticamente ciegos. Incluso mirarlo de lejos, siendo un puntito, cegaría nuestros bastoncitos fotosensibles. Es más: si esa violencia de ondas alcanzara nuestros ojos, estos quedarían prácticamente ‘formateados’, guardando durante tiempo una impresión de esa luz violenta que no podría descargar.

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¿Qué? ¿Alguien está gritando que esto no está pasando ahora mismo? ¿Alguién está hablando de la imagen en la retina? ¿Alguien gesticula diciendo que si mira una ventana en una habitación y luego cierra los ojos, la ventana sigue ahí?

Oh.

Por cierto, no hace falta cerrar los ojos para ver esa imagen con increíble nítidez. Basta con ponerse una cartulina negra a 4.2 centímetros delante de los ojos y mantenerlos quietos. Las manos, la cartulina, los ojos… y los nervios.

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Tomen a un sujeto tipo imperialista, átenle a una silla y déjenle durante 24 horas al día con una luz incidiendo sobre el desde todos los ángulos (cuidando de no freírlo, que eso no vale). La luz simplemente ha de ser un 25% más potente que la luz que sus ojos soportan.

Al principio cerrará los ojos, pensando que así escapa a la luz. Luego se tapará los ojos con las manos, pensando que así se escapa de la luz. Finalmente abre los ojos, y lo que ve es negrura espesa, y si sus nervios ópticos no están desintegrados, negrura acompañada de flashes y destellos para no contarlo.

Desarrollará infinidad de infecciones, pero sobre todo estará en un estado de confusión mental, que le impedirá hasta la motricidad más básica. Estará o paralizado, o cerca de estarlo. Llorará. Pedirá clemencia.

Ya. Esas cosas no se hacen, pero bueno, ya que a los imperialistas les encanta delatarse ellos mismos en su idiotez, he tenido a bien de soltar la bofetada. Nos toca devolver, aunque sea en la imaginación.

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Vamos a quitar el Sol. Y no pondremos nada. Ni estufas, ni fuego de leña.. nada. Dejaremos que el agua y plasma NO ESTÉN BOMBARDEADOS en nuestro planeta. Que las aguas se calmen de tanta luz. No me sorprendería que hasta la Luna comenzaría a rotar alegremente, ahora que el peligro ha pasado.

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A las dos horas de quitar el Sol, nadie ha muerto. Ni de frío, ni de oscuridad, aunque sí, hace una oscuridad de cojones (no sé porque esa zona es tan oscura, pero bueno, el pueblo es sabio). Ah, se me olvidó.. nada de luz eléctrica tampoco en casa, ni en las calles. Las máquinas que sigan funcionando… pero no las que produzcan luz artificial (debería haberlo puesto lo de artificial entre corchetes).

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A las 24 horas nadie ha muerto de frío, salvo si vive en Moscú y ha abierto las ventanas en un frío invierno, o peor, que el frío invierno es tan frío que mata si no tienes calefacción. Un mundo bestia el de la luz, que extenderá sus consecuencias durante semanas y meses en el mundo sin luz violenta.

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Al mes, nadie se ha muerto de frío, y los que se morían del frío de siempre en Vladivostok o incluso en Madrid si los cartones no son suficientes, esos ya ni usan cartones. El planeta comenzará a tener una temperatura uniforme, de aproximadamente 18 grados. Las zonas costeras serán algo más cálidas, hasta los 21 grados aproximadamente.

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No habrá más vientos. Las capas de hielo polar se fundirán lentamente, y las aguas subirán en unos 500 años hasta alcanzar unos 45 metros por encima del nivel del mar actual.

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En ese tiempo, las tres primeras generaciones andarán algo perdidas, pero casi enseguida aparecerán quienes ven casi perfectamente,y que afirmarán que el cielo es de una luz suave. Las generaciones quinta hasta novena, ya verán mucho mejor que las que vivían bajo el Sol. Básicamente porque sus ojos no precisarán de tanta protección y capas para ver. Fundamental.

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Para ellos y ellas, ellas y ellos… el espacio ya no será espacio. No habrá de hecho espacio, sino una atmósfera que llega desde Tombuctú hasta Andrómeda, aunque nos cuidaremos de no mirar en esas direcciones de luz, porque si aún soportan en esos lugares a los violentos, allá ellos.

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“Oh, sin luz se nos morirán todas las plantas y árboles”

Jeje… la verdad es que acojona. Será por eso que el pueblo habla de “oscuro de cojones”.

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Vamos a cambiar la película pues. En vez de quitar el Sol con un driver (palo de golf, en este caso grande de cojones), usaremos un sandwedge (palo de golf para sacar pelotas de la arena, he dicho pelotas, no cojones).

Es un golpe más lento, más suave. Digamos que le damos 500 años al Sol para que se apague y nos deje en paz. Luego el driver, porque no hay que fiarse de violentos de ese tipo.

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En 500 años todas las plantas y todos los seres agua en general y particular estarán adaptados a la oscuridad, que en realidad es cualquier cosa menos oscuridad o negro. Porque el negro… no existe.

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Lo que existe es que nuestros bastoncitos fotosensibles quedan cegados por la luz que emite el Sol o cualquier luz que encendemos. Y mucho me temo, que lo que nos ciega de noche, es la luz negra, la luz que ocupa todo el espacio-agua, la energía primaria, mitad onda, mitad partícula, y que no emite luz violenta, porque … es pacifica y fluye a su agua, digo aire, digo agua.

Si miramos una pared negra, pintada de color negro, no es que vemos el negro, sino luz negra concentrada en una pared. Al tener los bastoncitos constantemente sobreexcitados y cegados, la luz que emite el supuesto negro cortocircuita por completo la función de visión de los ojos.

Si miramos de noche al espacio-agua, nuestros ojos quedan cegados de la luz negra, porque enseguida hay una lucecita brillante en algún lugar que sobrecarga el sistema óptico a la mínima. Venus, por ejemplo. O Marte. O Orión. No importa. Una pizca de luz, y nuestros ojos se queman.

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En cuanto hayamos terminado con enviar al Sol apagado hacía su agujero negro (hoyo, en lenguaje de golfistas), tocaría hacer lo mismo con al menos varios billones de billones de soles que andan molestando a la vida en el agua o sopa cósmica. Porque una vez que estén todos en el hoyo (lenguaje de quien ha de enterrar a sus amiguitos y pasa de palos de golf salvo para acabar con el asesino), y no quede ni una puñetera luz artificial molestando, la vida volvería a vivir.

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Ya. Eso también lo decía aquel correo tan enfadado como brillante en amenazas. “Te dedicas a destruir todo para volver loco a los demás.”

Yo no. Y esa también fue la contestación al correo.

Yo desde luego no. Es el Sol que destruye todo. Es el viento que mata. Es un planeta al que bombardean, el que sufre. Es la vida la que hace de todo, menos vivir. Yo no destruyo nada.

Simplemente a mi, no se me tocan los cojones, y cuando se pase alguien con mis seres amados, lo que le ocurre es que saco los palos de golf. No en vano son pelotas muy parecidas. Tan perfectas.

Lo que me ocurre es que ya no voy a rendirle culto al asesino mayor. Le apunto con toda tranquilidad a la frente y digo lo que es: un asesino.

Tampoco les río la gracia a los vientos. Los crea el asesino, o puede que aquí haya mucho más incluso. Les apunto también, y digo lo que son: asesinos.

Sin ellos, la paz. Con ellos, la violencia.

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¿No se han convencido, a que no?

Normal. Todavía no han visto lo que se ve cuando se entrena un poquito eso de mirar algo fijamente, y luego jugar con un fondo negro, mezclando un poquito de luz.

En cuanto lo vean, bajarán las persianas con total seguridad. Comprenderán que las fotofobias de los animales y ahora también de las plantas son reacciones. Comprenderán que el asesino ha puesto el turbo. Comprenderán que los vientos subirán en intensidad y constancia.

Y buscarán los palos de su puta madre, porque no todos hemos jugado al golf, pero de dar hostias, para eso nos servirá cualquier palo. Y le daremos hostias al Sol, y es más seguro eso que ese Sol salga todos los días.

Millones de veces más seguro.

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Sí, el Sol nos cura. Sí, el Sol fomenta la fotosíntesis. Si, sí. Bla, bla bla. Así es como se vive diciendo “el rey nos cura, el rey fomenta la democracia.” Bla, bla bla.

Sí, los vientos limpian la atmósfera. Sí, los vientos son útiles. Sí, si. Bla, bla bla. Así es como se vive diciendo “los soldados asesinos son buenos, no huyaís, somos amigos.” Bla, bla bla.

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Nosotros hemos nacido sin luz. Hace mucho. Desde dentro del planeta. La luz del exterior, la luz de las estrellas nunca nos gustó. Siempre hemos mirado con aprensión hacía ellas. Luego nos metieron que eso eran dioses (y ciertamente los Ra’s esos deben de existir), que la luz era buena, que había espacio para explorar. Pero no sirve para nada, porque no hay vida en el universo que esté hecha para la luz violenta. Toda la vida procede de la luz negra.

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No pasa nada si siguen idolatrando al Sol o a los Vientos. Es decir, que sí pasa, pero a eso ya están acostumbrados, no? Lo único que será un poquito más bestia que de costumbre, pero bueno, como hemos visto, las ferias son cada año más bestias tambien.

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Oh, dirán y diremos ahora: “Entonces los chemtrails eran para evitar que el Sol nos matara a todos!”

Así son las ferias. Cada uno vendiendo la moto a su manera. Y cuanto más bestia el negocio, mejor venta ha hecho.

No, los chemtrails no son para proteger a nadie, salvo al Sol. Somos y estamos demasiado fuertes para que esos pichaflojos se lleguen personalmente. Así que lo hacen desde las alturas, minando los sistemas inmunitarios. El que está enfermo no piensa, el que no piensa no distingue entre amigo y enemigo, y es por tanto pan comido.

¿Por qué las monarquías tienen todas esas  costumbre de ponerse un Sol en la cabeza?

Un poco demasiado obvios, pero es la mezcla de sangre que les volvió tontos hace mucho.

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Bien, ya los saben. El negro no es lo que vemos, porque no vemos nada. De eso se encarga el Sol y los demás soles. Su violencia no la aceptamos, aunque vivamos bajo sus yugos. No aceptamos la lucha de nuestros cuerpos, porque somos pacíficos. La salud es paz y punto.

No aceptamos sistemas, porque dentro de nosotros fluyen aguas que no precisan ningún sistema. Esas aguas sólo se ven pertubadas por la luz o por los vientos. Nadie se cura si ha de estar cambiando de ON a OFF, de Si al No, del Ahora si, ahora no… sino que enferma más y más, y refuerza más y más sus defensas.

No nos gusta eso, y es porque no es nuestro.

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No se requieren los soles para que la vida se produzca. No hace falta ni la más mínima aportación de luz para que así ocurra. La vida se origina a miles de metros bajo el agua, en lugares dónde jamás ha llegado ni un sólo fotón, ni llegará. De eso se encarga el agua, y por eso lo odia tan profundamente el Sol. Por eso el Sol quema plasma. No es casual. Hubiera podido elegir otro método de iluminación, pero entonces también habría elegido uno que no fuese metódico, ni central, sino completo. Pero eso… eso no hacía falta, porque YA EXISTE ESA LUZ COMPLETA.

Los que se hacen pasar por algo, tarde o temprano brillan demasiado.

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“Si de verdad quieres deshacerte de algo, házlo brillar por encima de lo demás.”

Creo que es un proverbio chino. Mío no es. Otros ya se dieron cuenta antes, pero no podian abrir la boca más allá de rozar los límites de lo permitido.. en la corte.

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Afuera una señora está entrando en pánico. Se ha quedado buscando a su perrito frente a mi casa, y la luz reinante esta mañana no permite pensar, si se está en ella. De aquí dos minutos saldré y le ayudaré a encontrar el perro, que se habrá metido en uno de los dos lugares de más oscuridad de la calle, porque está prácticamente ciego y precisa recuperar la vista. Ella me lo agradecerá, yo le diré que no vuelva a pasear a estas horas  por aquí, ella me mirará como si yo fuera un loco… bueno, voy a salir a ayudarla.

Os quiero.

Miguel