{He cambiado el título al texto, porque al parecer se pensaba que era cachondeo. El texto sigue sin modificación. Si aún así persiste la idea de que esto es un chiste, recomiendo una lectura pausada de los comentarios y hacer las pruebas de visibilidad del verdor por uno o una mismo, mismamente.}

Niño en la terraza del bar:

“Papá. Papá. Papáaaaaa!”

El padre hablando con sus amiguetes, tirando del brazo del niño, y el niño tirando del brazo del padre. El niño está como la Torre de Pisa.

“¿Qué pasa Alfredo?”

Niño logra soltarse de la mano del padre y apunta con ambos brazos al Sol:

“Papá, el Sol tiene un gancho negro. ¿Es para navidad?”

El padre no mira al Sol, mira al niño y se ríe. “El Sol no tiene ganchos, va libre.”

El niño niega con la cabeza, y sigue mirando fijamente al Sol poniendose.

“Que síiii. Mira como se ve!!!!!Miraaaaaa!”

El padre se gira hacía sus amigos que apuran la tercera cerveza desde que llegaron. Se ríe sin saber de qué, imitando a los otros tres.

El niño sigue apuntando al Sol, me mira y asiento con mirada superseria, mientras sigo haciendo clic y clic y clic sin parar. El niño asiente con la cabeza, los brazos aún apuntando al Sol. Le hago una breve seña con la cabeza para que siga mirando, y así hace, bajando lentamente los brazos.

Luego me voy al interior del local, conocido por sus hermosas vistas sobre la Bahía de Cádiz. A los pocos minutos viene el niño. No hablamos. Su mirada pide ver la foto. Se la muestro y la mira durante largos minutos.

“¿Ya es navidad?”, me pregunta.

“Va a haber navidades todos los días. Sólo falta que les pongamos unos cuantos ganchos a las estrellas y a la luna. ¿Nos ayudas?”

El niño asiente seriamente, con los labios apretados.

“Deséalo. Desea lo mejor que puedas imaginar. Así será.”

“¿Y dónde está el árbol para colgar las bolitas?”

Su cara es la de quienes saben que llega la respuesta crucial. La mía la de ver el árbol-mundo iluminado de paz.

“La Tierra, Alfredo. La Tierra es el árbol. ¿A que mola!”

“Mola.” Y se da la vuelta para correr de nuevo hacía la terraza, fijándose en las estrellas.

unounocongancho

unounocongancho - haz clic para ampliar la imagen

Así os lo cuento, así pasó. Los zoquetes del padre y amiguitos se lo perdieron. Alfredo, Miguel y yo lo vimos y vivimos.

El Sol tiene un gancho, uno negro. Estos cielos tan limpios empiezan a desnudar la realidad para mostrar otras que parecen sacadas de sueños totalmente locos.

O quizá no tanto. A Alfredo le quedó clara la cosa nada más verla. Parecía bastante cuerdo a sus puede que siete u ocho años.

¿Qué va a ser lo siguiente? Tendría que haberle preguntado a Alfredo.

Abrazos,

Miguel