Yo sigo removiendo el cajón desastre y encontrando cosas. Esto que publico es para tod@s, pero especialmente para los que como Furlock no desfallecen frente a las dificultades, el agotamiento, las aparentes derrotas que suelen ser finalmente victorias ni, en fin, ante los obstáculos que como palos en las ruedas colocan con el fin de que no lleguemos a ningún fin… ¡ignorantillos!, como si la voluntad tuviera freno.Con cariño para tod@s los habitantes de este hogar y en especial con mucho cariño para Furlock.

 
Desperté oliendo a pólvora quemada.
 
Restallaban aun en mis tímpanos los impactos
de los gritos huérfanos,
de las balas silbando,
del aire cargado de sangre,
del miedo,
de la lluvia con sabor a llanto, pero…
 
Costaba creer,
la guerra invisible había cesado.
 
El silencio era ronco, cargado,
forzado en la costumbre de los cerebros aturdidos.
 
Apenas podía superar que el viento
no fuera la traviesa trayectoria de una bala surcada,
dibujada en el vacío estático del miedo.
 
Crecido de fe levante mi cabeza del barro y observe.
 
El cielo gris armaba un telón viscoso,
atraía la mirada un tronco retorcido y negro,
quemado,
y un camino alfombrado de ceniza de hueso calcinado.
 
Busque el río.
 
Su cauce era de casquillos vacíos,
y en su orilla,
la barca de Caronte armada hasta los dientes,
vacía, muerta.
 
Reme río abajo buscando…
quizás el cementerio de los elefantes…
quizás el oráculo absurdo de la paz…
quizás la virgen paloma blanca con muletas…
quizás una brizna de piedad en los ojos rencorosos…
quizás… a mi.
 
Y tropecé.
 
Una enorme bala de cañón obstruía la entrada a la cueva vieja.
 
Ahogadas mis esperanzas caí vencido solo para
volver a levantarme,
airear mi alma podrida,
sacudir el miedo a la especie.
 
Y encontré.
 
Fe en la laguna seca de mi espíritu,
permiso para resucitar,
conciencia de una voluntad herida pero
no caída en combate.
 
Y llore.
 
Lagrimas turbias de carbón y mente rota,
residuos de vida interior que regaron el suelo yermo,
caricias resentidas sin sentidos,
liquido de frenos del alma.
 
Y reí.
 
Y mi risa fue abono para el breve retoño que se abría paso
entre cráneos descarnados y soledades vacías,
entre sueños rotos
entre vidrios sin color hechos pedazos
 
Desahogue mi frustración y justo cuando desfallecía agotado…
 
AMANECIO.
 
Pablo