Elige la constalación que más te guste en el cielo nocturno. Asigna un sonido a una de las estrellas de la constelación. A aquella que más brilla. Canta esa nota. Suavecito.
Asigna otro sonido a la estrella con menos brillo que la primera. Canta también ese sonido. Canta luego las dos notas, cada una mientras mires la estrella correspondiente.
Sigue así. Cuando llegues a poder cantar cinco notas, verás que esa sintonía se te quedará grabada más que ninguna en toda tu vida.
Deja de preguntarte por la razón. Canta, así formamos coro.
Mágico Furlock… ¡Gracias por tu alquimia maravillosa! Acabo de cantarle a las Pléyades “do sol la fa do” (creo que el “la” es “la menor”)… Lo he hecho muy bajito, pero enseguida he notado que las notas ascendían y que algo vibraba en el aire frío del patio. Inmediatamente me ha sobrecogido una sensación extraña y maravillosa, como si en alguna antena del SETI pleyadiano hubieran captado mi señal y me hubieran respondido. El alivio ha sido inmediato. No sólo lo llamaría “alivio”. Más bien serenidad, calma interior, confianza en que todo saldrá bien. Es como si ese precioso amasijo de estrellas me hicieran un guiño con sonido de cascabeles pequeñitos (como el de mi instrumento sanador cotidiano) y me susurraran que me tranquilice, porque lo estoy haciendo lo mejor que puedo.
¡¡Fuera lágrimas! Creo que hoy voy a dormir como una bebé. La nana de las esferas aún resuena en mi corazón. La adorna un coro de ronroneos que creo que proceden de tu casa, de ese nido ampliado en el que la vida se abre camino. Buenas noches… y mejor día.